Política

Que caigan los poderosos

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • Que caigan los poderosos
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

En general nos gusta, y creo que por primera vez sostendré la generalidad, ver caer a los poderosos. Cuando hablo de los poderosos, me refiero a lo mismo al rey, que, al presidente, al gobernador, al alcalde, a un artista, un maestro, alguien que tenga poder. O alguien que pareciera que tiene poder porque está triunfando.

Comúnmente la gente asocia con la envidia la molestia que genera entre los demás el éxito de las personas. Puede que esto sea verdadero solo en cierta dimensión, pero no alcanza a explicar de todo el fenómeno que sucede con relación a la posibilidad de que caiga una persona que detenta el poder o cuando menos cierto tipo y grado de poder.

Aun así, dejarlo en el corral de la envida es muy simplista. Desde Lacan sabemos que el otro no desea mi objeto que en apariencia me está brindando placer, sino que quiere tener mi deseo o el goce que eso que tengo me está provocando.

Lo explico de una manera sencilla. Un padre les compra a sus dos hijos sendos globos, el de uno es morado y el del otro es verde para distinguirlos y evitar peleas y confusiones. Pero no lo logra. El que tiene el globo morado es visto por el que tiene el globo verde como más feliz. Entonces cree que él será igual de feliz cuando al fin tenga el globo morado en sus manos.

Para evitar una rabieta mayor el padre le pide al del globo morado que intercambien. Al final acepta porque se da cuenta que son casi idénticos, que ambos pueden flotar, que tienen las mismas dimensiones y el se distrae jugando con su globo verde, tan o más feliz que antes. El del globo morado no sabe qué está pasando, ya tiene lo que quería menos la felicidad.

Es un niño envidioso, dirían las buenas conciencias. Pero otra vez nos enfrentamos al problema que se genera cuando queremos explicar toda la actividad psíquica desde la perspectiva de la moral o de la religión.

Gracias al “Efecto Mandela”, la mayoría de las personas puede aceptar como válido el siguiente diálogo atribuido a la película “Django sin cadenas” de Quentin Tarantino: “- Mire amo, ese negro tiene un caballo. - ¿Y tú quieres un caballo, Stephen? - ¿Para qué quiero yo un caballo? Yo lo que quiero es que ese negro no lo tenga”.

Aunque este diálogo no se presenta en el filme es fácil aceptarlo por las características psicológicas de Stephen. Y quizá también porque re-presenta el punto central de por qué nos gusta ver caer a los poderosos.

Quizá por lo que nos gusta ver caer a estos poderosos, reyes, presidentes, profesores, padres, tenga que ver con una explicación de la conformación de la sociedad misma. Sigmund Freud decía que, existió una horda primordial, que es básicamente una organización social primitiva, en la que existía un padre despótico.

Esta figura tiránica monopolizaba a todas las mujeres, todos los demás machos no podían tener acceso a ellas. Entonces movidos por esta condición de marginalidad y envidia (ahora sí identificada esta como un sentimiento primitivo) deciden dar muerte al padre (complejo de Edipo) y practican la antropofagia, es decir se lo comieron.

Tras estos actos surge entre los participantes sentimientos de culpa y así nace la cultura, la norma y la religión. Y aunque Freud no lo escribe así en su ensayo “Tótem y Tabú”, podemos decir que también es el origen de la neurosis.

A partir de ahí el acuerdo en la sociedad para evitar el conflicto es respetar las prohibiciones fundamentales: no incesto, no parricidio. El padre todo poderoso -y tirano- es un Tótem al que se le recuerda, incluso se le festeja en banquetes, pero no se le debe encarnar para que todos los integrantes del grupo social puedan vivir tranquilos.

Cuando vemos que hay una figura que está intentando ocupar ese lugar totémico, es decir que tiene la posibilidad de encarnar el uso y el abuso de todo el poder para quedarse con todo lo que nos puede generar deseo, es entonces cuando buscamos no también tener ese poder sino evitar que lo tenga.

¿Para qué? Para garantizar nuestra propia sobrevivencia. Tal y como fue en la alborada de la civilización.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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