Política

¿A quién le escribo?

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • ¿A quién le escribo?
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

No tenía muy claro que algún día me dedicaría al periodismo, solo sabía que quería escribir, nunca pensé cuál sería mi puerta de entrada. Pero estaba en esos claroscuros de la adolescencia cuando vi un programa de televisión en el que participaba el cantante español Miguel Bosé. No recuerdo de qué iba la plática, pero lo que se me quedó grabado para toda la vida fue lo que en un momento dijo a los tertulianos a propósito de la actividad periodística: “los columnistas escriben para otros columnistas, no para la gente que compra el periódico, sino para el del diario de enfrente, para mostrarle que tiene mejores informantes… les importa poco los demás”.

Sin buscarlo y sin saberlo estaba recibiendo mi primera cátedra de periodismo. Pero también obtuve un faro que me guía en la mar de las letras. Como todo faro la luz no siempre ilumina en el mismo punto para no deslumbrar y evitar ceguera en el navegante, a veces hay oscuridad y a veces hay luz para ver mejor el rumbo.

Trato de recordar esa enseñanza, aunque no me dedique al diarismo o al periodismo propiamente dicho, porque también al escribir en cualquier disciplina de las humanidades se corre ese gran riesgo, olvidar al público en general y centrarse solo en complacer a los ojos de los círculos académicos, no importa si estos son grandes o reducidos.

De hecho, este es el gran riesgo al que nos enfrentamos caer en la autocomplacencia fomentada, alimentada y sostenida hasta sus últimas consecuencias por el grupo de presuntos iguales al que se cree pertenecer. Se acepta, se alaba, lo que escribe el otro bajo condición de que él hará lo propio con nuestro trabajo. Cuestionamientos y críticas que ayudan al descubrimiento de la verdad son tomadas como muestras de odio, traición y/o envidia.

Trabajar y escribir para el censor grupal demerita mucho la calidad del trabajo y nos podría estar llevando a repetir errores que quizá hayamos descubierto, pero que somos incapaces de admitir por miedo de ser expulsados del purgatorio que se presenta como paraíso.

Sigmund Freud fue postulado una docena de ocasiones al Premio Nobel de Fisiología y Medicina y una más al de Literatura. En todas fue rechazado, incluso en su postulación al de Literatura a pesar de haber ganado previamente el prestigiado premio Goethe. Sin lugar a duda Freud buscó ser reconocido en el campo médico la mayor parte de su carrera, aunque al final tuvo que reconocer -no sé en qué grado lo haría- que eso nunca ocurriría.

El médico vienés escribió, dictó conferencias, viajó y todo con el objetivo de ser aceptado por la comunidad científica que una y otra vez le dio la espalda. Albert Einstein, Nobel de Física en 1921, se negó 7 años después a respaldar la candidatura de Freud al premio de Medicina, argumentando “sobre el contenido de verdad de las enseñanzas de Freud no puedo llegar a una convicción por mí mismo y mucho menos hacer un juicio que sería una autorización para los demás”. A pesar de esta negativa, 4 años después el físico alemán tuvo un intercambio epistolar con el inventor del psicoanálisis en donde trataron de dilucidar el origen de la violencia que termina en guerras.

La obra de Freud ha sido más estudiada y debatida por filósofos, artistas y poetas, que por los médicos para los que escribió. Me atrevería a decir que los propios psicoanalistas han dejado a leer a Freud y hoy solo intentan “leer” a Lacan, un psicoanalista que escribió casi nada, pero cuyos adoradores sectarios lo han hecho hablar de una y mil maneras.

Entonces, ¿yo para quién escribo? Intento cuestionarme esto una y otra vez cada que tengo la oportunidad de publicar. Al principio creo que venía con esta contaminación académica y quería ser “reconocido” por estos fantasmas de las agrupaciones y asociaciones. Por fortuna abandoné más o menos pronto esa graciosa idea.

No busco convertirme un líder de opinión de mi rama como los cientos o miles que pululan en las redes sociales y que disfrazan de divulgación científica su mercadotecnia algorítmica. Tampoco quiero escribir palabras que sean claves estratégicas para que el SEO las consuma y les diga a los usuarios que a esto hay que darle clics. Lo que pido es más ambicioso, deseo encontrar un lector que llegue a estas letras sin buscar nada, que encuentre algo con lo que no se identifica, que le incomode por momentos y que le haga pensar, pensar distinto.


Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.