Las redes sociales son entrenamiento disfrazado de entretenimiento. Pero no quieres pensar: te contentas con reaccionar. Tu vida digital es una craneotomía: conversas anestesiado, mientras programadores del deseo reconfiguran tu entramado (no tiene receptores de dolor, así que lo cortan sin tu alarma ni rencor). Dices que no es para tanto, que lo tienes bajo control, que es diminuta su influencia, pero una gota no perfora a una piedra por su fuerza, sino por su insistencia.
Lo que no cuestionas se hunde en tu fondo, lo que no nombras te talla a su ritmo.
La polarización no es inocente: premia lo hiriente, domina lo estridente, y el matiz, ausente. En redes comentas sin alma, respondes sin mente… y la ansiedad es permanente. Tu adicción creó una cárcel de libertad aparente. Bienvenido al Airbnb de la mente…
Tu “yo digital” es una unidad de renta breve: alquilan tu atención marcas, partidos, industrias, a quienes te ofrecen…hasta que ya no vives en ti, porque te arriendan silenciosamente. Por eso resultas para ti mismo una presencia intermitente. Eres como una caja de jugo a la que le encajan un popote en la frente, sorben tus entrañas…y tú, contento y complaciente. Te exprimes para gustar y te vacías obediente, hasta que sólo queda el envase…aplastado, pero sonriente.
Conoces mucho de la ciencia del placer, pero muy poco del arte de la felicidad. Por eso confundes ansiedad con necesidad y el bienestar con la euforia. Convertiste tus antojos en una filosofía. Te dijeron que saciar cada impulso te haría sentir completo, pero a cada goce le sigue la fatiga de una nueva sed sin fondo. Porque no todo deseo merece ser satisfecho…algunos solo existen para distraerte de lo que te duele.
No vives la experiencia, sino su demo; has sufrido el adormecimiento de tus verdaderos deseos. Te enseñaron a mirar sin ver y a saber sin comprender. Entiendes mucho de muy poco y nada del Todo. Eres ser, pero quieres tener, intentas parecer y no sabes estar. Te tomas fotos para ilustrar lo que no sientes; filmas momentos para no perderlos, pero te pierdes el momento. Miras el atardecer a través del celular, y cuando el sol se va, solo sabes que fue bello cuando alguien comenta tu foto. Te volviste turista de ti mismo; por eso sientes como si alguien más estuviera viviendo por ti. Te gentrificaron el alma: fuiste forzado a desplazarte a las periferias de ti mismo, lejos de tu centro, que es donde late la experiencia.
Te preocupas por cómo se verá antes de saber cómo se siente: solo te relacionas a través de lo que puedes mostrar y la apariencia se roba tu intimidad. Hasta tu amor se vuelve falso: porque no piensas en mí, piensas en cómo te ves pensando en mí; no me extrañas, lo que extrañas es la estética de extrañar…por eso cambiar de soltera a estar “en una relación” es como ver dos marcas que colaboran: cada vínculo es campaña, cada encuentro, una sesión de fotos con permisos para compartir. Sin post no fuimos, sin “foto oficial” no existimos. En esta coreografía social no podemos tocarnos sin guión.
¿Quieres rebelarte?
No publiques todo.
No expliques todo.
No ensayes tanto.
Guarda un pedazo de ti.
Lo más bello existe aunque nadie lo conozca.
Las flores de sombra son las más hermosas.
Hay mundos que se marchitan en cuanto alguien los nombra.
Por eso son hermosos los amores clandestinos, los nunca publicados…la intimidad es el último refugio: si esta sociedad exige exposición, la intimidad es revolución.
Busca algo que solo sea tuyo y guárdalo del mundo. La existencia es atractiva por el hecho de que no sabemos todo sobre ella. Hay que devolver misterio al mundo: vivir en territorios invisibles del mapa. Miradas sin cámara e historias que no se publiquen.
El mundo no está posando todo el tiempo. Observa sin registrar: salvas a la belleza cuando no la capturas, cuando la dejas libre. Guarda en tu memoria las imágenes en estado salvaje.
Callar es cuidar.
Planta tu jardín secreto; crea un refugio para risas indomables y protégelas de la rabia del mundo: entrena el gesto que no es para nadie, conoce la felicidad sin testigos…
Amar en las presentes condiciones es un acto de sabotaje.