Política

La corrupción no quita votos a la 4T

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Ya es imposible ocultar la robadera en la 4T. Durante el sexenio pasado el obradorismo pudo salirse con la suya con el “no somos iguales” y la imagen de un López Obrador austero e incorruptible: sus opositores lo tachaban de mentiroso, pero su base social creía en la “honestidad valiente” y en la “regeneración” que decía encabezar. Aún después del fraude de Segalmex, la mayoría de los mexicanos siguió creyendo que el nuevo régimen era más limpio que el anterior.

Tengo para mí que la fe de carbonero de los obradoristas se diluyó en 2024, con los escándalos de La Barredora y el huachicol fiscal. La monumentalidad de los actos criminales y la patente responsabilidad de dos cercanísimos colaboradores de AMLO, a uno de los cuales consideró como sucesor, visibilizó la metástasis de corrupción y les restregó en la cara el cochinero. Unos, los prosélitos, recurrieron a la excusa de las manzanas podridas y asumieron que no habría impunidad y se castigaría a los corruptos. Otros no tuvieron estómago para tragarse esa conseja. Los más, me parece, discurrieron que las corruptelas eran gajes del oficio y se aferraron al mantra de “primero los pobres”: la 4T es corrupta pero justiciera.

Esta es mi hipótesis sobre el sentir del grueso del electorado morenista. Creo que justifica su respaldo en lógica pragmática: la corrupción es consustancial a México y, ni hablar, entre los cuatroteros hay cuatreros, pero los programas sociales y la política salarial hacen la diferencia. Lo cierto es que el apoyo a Morena se mantiene firme en las encuestas de preferencias electorales, que lo muestran como el partido dominante pese a que ostensiblemente protege a pterodáctilos de cuenta perseguidos por la justicia en Estados Unidos. Me recuerda los tiempos del PRI hegemónico, cuando se sostenía en clave clientelar a un sistema político que entronizaba corruptos conspicuos. Cómo olvidarlo: ese voto duro solo se reblandeció cuando llegaron las crisis económicas.

Dejo a los economistas el vaticinio del fin de la anestesia populista. Me limito a observar, con tristeza, que la corruptela nuestra de cada día no es para los electores mexicanos de hoy, como no lo fue para los del siglo pasado, motivo suficiente de arrepentimiento. Las pillerías del grupo gobernante, que por alguna razón sí indignaron al electorado en 2018 contra el priñanietismo, no ha provocado un voto de castigo contra la 4T. Probablemente se deba a la relativa novedad de la marca y su incipiente desgaste y al mexicanísimo justificante del “roban pero salpican”. El hecho es que la actual corrupción —vasta, notoria, impune— no le ha acarreado un costo político al régimen. Esto explica la definición de las candidaturas morenistas a las gubernaturas en juego en 2027, realizada bajo la consigna del oficialismo de no actuar contra los corruptos de casa para evitar fracturas internas. Traducción: honradez y unidad son incompatibles, y hay que sacrificar la primera, que no cuesta, para conservar la segunda.

Por desgracia, la corrupción es funcional en México. Solo se vuelve intolerable y lleva a sacar a un partido del poder cuando coincide con una crisis que afecta los bolsillos de la gente. He aquí el dilema: si fuera disfuncional, corromper la cosa pública implicaría corromper la economía.


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Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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