Política

El drenaje democrático está azolvado

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El mundo está intranquilo. Lo agitan estudiantes que protestan por una mala infraestructura educativa, inquilinos que exigen vivienda accesible, colonos que reclaman agua limpia, ciudadanos que se rebelan contra la carestía y la corrupción. Las protestas se dan en ambos lados del Atlántico, y la mayoría de los protestantes son jóvenes.

No es la primera vez que se dan escenas similares. Las hubo en Estados Unidos y Francia y México en 1968, para no ir más lejos. La diferencia es, claro, la porosidad de esta sociedad global. Primero presenciamos el surgimiento del movimiento globalifóbico, luego de los “ocupas”, más tarde de la Generación Z; toca a los nuevos indignados vapulear gobiernos. ¿Por la visibilidad de un planeta crecientemente desigual? Sin duda, y por algo más: el vuelo de las expectativas de la base social.

Las élites política y económica no entienden la mayor exigencia de las masas. Acostumbradas a satisfacerlas con poco, se asombran de que hoy pidan más. Soslayan el hecho de que la misma globalización que entronizó a unas fue la que propició que las otras crecieran informadas y demandantes. Porque internet no solo democratizó el conocimiento: catalizó la sempiterna y estéril búsqueda de una democracia directa. Que muchos pobres hayan salido de la miseria, lejos de colmar esperanzas y saciar ambiciones, las estimuló. No es la pobreza absoluta sino la marginación relativa la que provoca estallidos.

Los manifestantes franceses y españoles y mexicanos y todos los demás tienen algo en común. No aceptan los métodos convencionales de resolución de conflictos, los que procesan las inconformidades por vías institucionales. Cuestionan las instituciones mismas y, sobre todo, a quienes las encabezan. Por eso toman las plazas, y por eso a menudo recurren a la violencia. No aciertan a traducir sus empeños en un corpus ideológico y menos a articularlos en un programa —la misma falla de los movimientos que los precedieron— pero la ausencia de consenso en la sociedad que anhelan se compensa con la unanimidad en la que rechazan. Nadie les va a decir qué condiciones de vida son inaceptables; ellos van a definir cómo no han de vivir.

Falta realismo en algunos de sus reclamos, ciertamente, pero sobran bríos y energía social. Los gobernantes confían en que la determinación que los mueve se diluirá conforme sean sitiados por la realidad, como ha ocurrido en el pasado. Yo no estaría tan seguro de ello, porque si algo puede socavar la globalidad son las herramientas de la globalidad, y esas las tienen a flor de piel. Creo que mientras siga lloviendo desigualdad y en tanto el drenaje pluvial democrático siga azolvado las demandas de la ciudadanía brotarán de las atarjeas e inundarán las calles.

El populismo no resolvió la crisis de la democracia. La usó para tomar el poder, al cual arribó a lomos de un electorado en llamas, pero lo único que cambió fue su propio talante: los populistas se volvieron establishment y sus líderes conformaron las nuevas élites. A ver qué o quién se hace cargo ahora del caos que ha traído la era de la ira.

PD: La bancada de Morena en la Cámara de Diputados dice que fue un error concentrar el poder en la Presidencia del INE. ¡Eureka! Solo falta que apliquen ese hallazgo a la Presidencia de la República.


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Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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