Política

¿El año del relevo?

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El 2025 fue para México un año de embotellamiento político. El ex presidente no termina de irse y la Presidenta no termina por llegar, y las camarillas de uno y otra se aglomeran en el vértice público. No me refiero a la sobada hipótesis de la ruptura, que descarto en el futuro previsible; hablo de cambio de mando, que implica cambio de colaboradores. Claudia Sheinbaum Pardo no quiere contrariar a Andrés Manuel López Obrador y eso le impide sacudirse obradoristas indeseables, pero todo indica que ha llegado la hora de hacerlos a un lado. Una cosa es mantener el mismo proyecto y otra es conservar al mismo equipo.

Veremos si en este 2026 comienza el ajuste, con la Secretaría de Gobernación por delante. CSP ya tiene bullpen y elementos de juicio para decidir quién ha de irse, y eso aplica también a Morena y a sus bancadas en el Congreso. Me temo que dejará impunes a los impresentables mientras compre el espantajo de los radicales —la conjura de la oposición para derrocarla— pero quiero suponer que los mandará a una suerte de exilio tan cómodo como impotente. Si el nuevo gobierno quiere serlo de verdad tiene que asegurarse de que la asesoría y la operación sean realizadas por quienes compartan la agenda presidencial y no medren con agendas propias.

Política es el nombre del juego. Este será el año de la renegociación del T-MEC —sí, será mucho más que una revisión y se dará bajo crecientes nubarrones trumpianos—, del imperativo de desatascar la economía para que haya crecimiento y de la Copa del Mundo, y si no se desactivan los conflictos sociales latentes, empezando por el de la CNTE y los que provoca el desbordamiento criminal, los malosos aprovecharán los escaparates para provocar estropicios. Será difícil mantener la gobernabilidad sin estrategas y operadores confiables más allá de la Secretaría de Seguridad. La idea de que AMLO desbrozó políticamente el camino para que CSP pudiera administrar se ha vuelto insostenible: él desenredó una madeja, la de su entronización, pero enredó otra, la de todo aquel que pretendiera gobernar sin su aquiescencia tácita (como vaticiné, la suya es la voz que se escucha en silencio); ella tiene que hacer mucha más política, y no porque quiera cambiar de fines, ni siquiera de medios —por desgracia, su apoyo a la infausta reforma judicial demostró que abraza el autoritarismo—, sino porque no tiene más remedio que asumir cabalmente el bastón de mando.

Demasiados intereses pululan en esta administración. Chocan, se estorban, desordenan. Si la Presidenta, en el afán de no importunar a su mentor, se abstiene de mover a quienes le sirven a él —o fingen hacerlo para servirse a sí mismos— el relevo nunca llegará.

PD: La incursión de Estados Unidos en Venezuela es tan indefendible como Nicolás Maduro. Las intervenciones militares estadunidenses en otros países para forzar “cambios de régimen”, además de violar el derecho internacional, han derivado en involuciones caóticas. Pero atención: Maduro es un autócrata que se robó la elección de 2024, y toda condena a la acción de Trump debe incluir al menos (si se insiste en rehuir el tema de los derechos humanos) otra condena a ese fraude electoral. México debe hacer votos por una transición a la democracia sin lacras populistas y con la guía de los venezolanos.


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Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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