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Sábado , 23.02.2019 / 17:47 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Humor

Adrián Herrera

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Llegué a esta tienda departamental. Como en Monterrey ya entran los primeros fríos de la temporada el clima pedía una prenda para estar cómodo. Me recibió un dependiente muy amable. -¿En qué le puedo ayudar? -dijo-, bueno, quiero un chaleco con mangas. El tipo se me quedó viendo mostrando contundente confusión. -¿Cómo dijo? -Un chaleco con mangas, repetí. No me quitaba la vista de encima y sus ojos eran como los de un reptil, fríos, desprovistos de vida, oscuros, indescifrables. -¿Manejan aquí ese producto? -pregunté-; no estoy seguro, balbuceó. Yo creo que en ese momento no estaba seguro si aquello era broma o si genuinamente existía semejante cosa. Y es que lo dije tan serio que hasta el más aguzado pudo haber dudado. El caso es que la tensión creció al grado que aquello debía liberarse. Finalmente preguntó, resignado: -¿Cómo es un chaleco con mangas? -Pues un sweater -contesté. Creo que ni le entendió ni le cayó en gracia.

En otra ocasión fui a comprar una botella de whisky. Preguntó la cajera: -¿Cuál sería su forma de pago? -Asalto a mano armada, le dije, con voz grave. Ella levantó el rostro, abrió los ojos y buscó al guardia de seguridad. En mi más clara apreciación de la circunstancia concluí que no había tomado bien aquel chascarrillo, por lo que tuve prontamente que sacar mi tarjeta de débito, sonreí y le dije que su vestido se le veía muy bien. No pasó a mayores.

Me invitaron a cocinar a cierta ciudad. Al registrarme en la recepción del hotel me dieron la bienvenida, firmé una hoja, me dieron la llave del cuarto y para cerrar la operación preguntaron si necesitaba algo más. -Drogas y putas en el cuarto, por favor. Y lo dije muy serio, como siempre lo hago. Tanto, que hasta por un instante yo mismo me la creí. El encargado esbozó una mueca de desaprobación. Además atrás venían dos señoras que escucharon todo y se miraron, escandalizadas. -Es broma -aclaré-; bienvenido, dijo él, con el rostro inexpresivo y sin vida.

Aquella tarde miraba el menú en un restaurante de cocina norteña. El mesero se acercó a tomar la orden. –Para empezar una carne seca tostadita y una cerveza. Anotando la orden y ya para irse lo detuve y le dije: -Te encargo la carne término medio, por favor. Me miró con cara de pocos amigos y me dio la impresión de que ignoró el comentario.

Luego se murió un tipo espectacularmente obeso. Y en una reunión de amigos comenté el hecho: "Creo que el ataúd sufrió mucho para contener a aquel tipo, pues tuvieron que meterlo con calzadores de zapatos", dije. Sugerí que en la pizarra del velatorio pusieran algo así como: "Servicio de velación para fulano de tal, capilla equis, a cierta hora: misa de puerco completo". Después recomendé que en tales casos, se instruyera al embalsamador a practicarle la liposucción a esos cadáveres, justamente para no estresar los féretros. Mis amigos no le encontraron la menor gracia al comentario.

¿Bueno pero qué mierda le pasa a la gente? Noto una ausencia total de humor aquí. Será que se encuentran estresados o atraviesan por alguna crisis personal, pero me queda claro que hemos perdido buena parte del buen humor que siempre nos caracterizó. Porque el tipo de humor que manejamos influye y proyecta quiénes y cómo somos, y retrata lo que vivimos, por eso me parece fundamental relajarnos, bromear, reír y dejar que las cosas se resbalen; que fluyan, coño. Yo digo que hay que restarle solemnidad a la existencia, a lo que uno vive día con día. Pareciera como si hubiéramos perdido la ligereza y frescura de la espontaneidad y aparecemos ariscos y amargados, como ocultos y atrapados en esquemas anquilosados en fórmulas de comportamiento y reacción monolíticas, grises, desprovistas de sensibilidad. Ya, en broma: hay que tomar las cosas más a la ligera, porque al mundo le vale una contundente chingada si estamos o no. El humor nos va a salvar, ya verá.

Por lo pronto esta situación me deprime tanto que estoy al borde del suicidio; me voy a encerrar a ver películas de comedia, a ver si me muero de risa.

chefherrera@gmail.com

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