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Lunes , 18.03.2019 / 17:09 Hoy

Columna de Adrián Herrera

Bruja

Adrián Herrera

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El tema no es discutir si existen, sino cómo. Son personas como cualquier otra; tienen su trabajo, su familia, amigos, casa. La diferencia es, pongámoslo así, su pasatiempo. Ya sabe, unos coleccionan cosas, otros arman aeroplanos a escala y algunos toman fotos. Ellas estudian las artes oscuras y practican rituales antiguos. La bruja que yo conozco no viene de un ranchito en San Luis, ni es parte de una oscura comunidad indígena del sur del país; es una señora como de mi edad, vive en una colonia de clase media y trabaja en una oficina. Si usted la ve nunca adivinaría que por las noches se entrega a procesos herméticos. Aprendió de una abuela que, a su vez, alguien de la familia le enseñó a ella. Llevan varias generaciones practicando la hechicería y la gente ni se entera. La entrevisté:

–¿Qué es la brujería?

–Es una conexión con la naturaleza y sus fuerzas, nuestra historia y el conocimiento alternativo de la realidad. No es un juego de encantamientos para invocar espíritus y esas cosas: la gente ve muchas películas.

–Hay una tendencia a creer que las brujas elaboran conjuros para crear efectos en otras personas, ¿qué tanto de esto es cierto?

–Yo diría que en tanto no es la intención principal, sí es parte de lo que hacemos.

–¿Me podrías dar un ejemplo?

–Sí. Un señor que le renta un cuartito a mi hermana intentó abusar de ella. Como ella no se lo permitió le subió la renta, le cierra las llaves del agua y baja el interruptor de luz. La molesta constantemente. Es un tipo solitario y depravado. Lo que hice fue realizar un proceso para meterme en su mente. Durante un tiempo estuve merodeando en su sueño, creando pesadillas y estados inquietantes en él. Funcionó; el tipo no duerme, sueña con demonios y se retuerce intentando descansar, pero no puede. Su personalidad ha cambiado y está todo el día cansado, nervioso y fatigado.

–¿Cobras por trabajos?

–No. Eso lo hacen otros; lo mío es un asunto familiar: crecí con esta cultura. Hay mucho charlatán, ¡inventan cada cosa! Ponen sobre una mesa velas negras, fetiches, monitos con pelos, rocas, semillas e incienso. Y con todo esto te arman un juego que te envuelve y te involucra en un mundo muy extraño pero, al final, divertido. Y es que la mayoría de las personas llevan vidas aburridas, monótonas y andan buscando algo que los saque de ese marasmo. Y eso lo entiendo, pero es solo entretenimiento.

–Y esta brujería, ¿tiene que ver con el bien y el mal?

–Sí y no. No es tan fácil. Como ya te había explicado, las artes ocultas se relacionan con las fuerzas ocultas de la naturaleza, aquellas que no podemos ver porque tanto la religión como la ciencia han hecho a un lado. Te explico; la ciencia no admite nada que no sea lo que sus métodos y aparatos revelen, y las religiones se concentran más en prohibir y desvirtuar creencias y prácticas ancestrales que contradicen o entran en conflicto con sus dogmas, tachándolas de supersticiones. Lo que no saben es que sus mismos fundamentos son, en buena parte, esas supersticiones y creencias paganas. Tanto ciencia como religión han secuestrado la idea de la realidad.

–Me imagino que la idea de una bruja dándole vueltas a un caldero con vísceras y animales raros queda fuera de esta fórmula.

–Claro. Las brujas siempre se han visto como desviaciones, mujeres que han caído en pecado y que se han entregado a prácticas paganas, contrarias a la fe. Por eso se les asocia con la oscuridad. Lo que revela esa imagen es un intento de transformar la naturaleza para crear –o recrear– alguna fuerza.

–¿Tiene la medicina algo que ver en todo esto?

–Por supuesto; la ciencia ha creado una metodología que pretende extraer esencias naturales para curar enfermedades, pero ha pasado por alto el tema de la prevención, y esto porque su visión de la naturaleza es limitada. Concibe a la naturaleza como una especie de despensa a partir de la cual se extraen cosas que transformamos en útiles, pero falla en ver el esquema general de las cosas. Y de la religión, ni se diga: eso sí es una auténtica superstición. Lo digo porque, si los dejan, a personas como yo nos queman en la plaza, como antes.

–Entonces si elaboras un conjuro para castigar a una mala persona, ¿funciona?

–Mira, las malas personas reciben su merecido, tarde o temprano. Mis encantamientos solo aceleran –y rectifican– este proceso. Creo que no es tan fácil explicar esto, pero funciona.

–La religión percibe una realidad invisible habitada por demonios, ángeles y otros seres. Mucha gente cree que esta mitología es real.

–Lo es. Recordemos que la realidad no es la definición científica de un objeto, sino el tejido imaginario que se genera en la mente de millones de personas. Simplemente es otro tipo de realidad, de existencia. No podemos negarla o desvirtuarla solo porque un instrumento no es capaz de detectarla. Si aceptamos que el ser humano es capaz de crear una serie de realidades y que todas son parte de nuestra esencia, entenderemos mejor nuestro lugar en el mundo. Y ese día dejaremos de quemar brujas.

chefherrera@gmail.com

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