Cultura

Apocalipsis

Apocalipsis quiere decir revelación, ver detrás o más allá de lo que sucede o va a suceder. Se ha interpretado casi de manera exclusiva para denominar cualquier texto que describa el fin del mundo, de las cosas.

Siempre hemos tenido una sensación, una idea, una premonición, quizá, de que el universo tendrá su fin. De la misma manera en que inició, deberá terminar. Y eso porque lo que apreciamos de la naturaleza, aquella que nos es inmediata y evidente –y que alude al sentido común–, sigue ese proceso aparente. Aun y cuando nos regocijemos en esquemas cíclicos de reencarnación, de renacimiento y de convulsiones regenerativas, muy en el fondo sabemos que lo que ocurre una vez no vuelve a ocurrir, por lo menos no de la misma manera. Y eso nos horroriza.

El apocalipsis es una manera dramática de expresar esta ansiedad, este terror. Lo hace de una manera casi wagneriana, monumental. Y es que si las cosas deben terminar, no pueden ser de manera silenciosa, ni discreta ni elegante: que todo se vaya a la mierda, pero con ruido. Mucho ruido.

El apocalipsis, como revelación, es un tipo de profecía específica. Y esta revelación puede o no venir de una fuente divina. Yo sospecho que tiene que ver más con una experiencia neurológica personal que con una comunicación directa con lo metafísico. Y en algunos casos –que no son pocos– hablaríamos de alucinaciones, propiamente.

Recuerdo una obra de Olivier Messiaen: el cuarteto para el fin de los tiempos. Brutal. Lo escribió en un stalag alemán en la Segunda Guerra Mundial. Messiaen era profundamente católico y la obra se basa en el Apocalipsis de San Juan, pero con la tesitura tanto de su captividad como del conflicto armado que vivió. Messiaen creía firmemente que Dios se revelaría a sí mismo el día del fin de los tiempos. Pero también percibía que el apocalipsis, como anticipación del fin de todo, era un proceso inherentemente destructivo y la Segunda Guerra –al igual que la anterior– eran una prueba de ello. Así, el concepto de apocalipsis llevaba, de manera implícita, un proceso de destrucción constante.

La película Apocalypse now, de Francis Ford Coppola, se basa en la noveleta clásica de Joseph Conrad, Heart of darkness, en la cual se explora la naturaleza humana en sus facetas más oscuras. En el caso tanto del filme como en la obra de Conrad, la narrativa refleja una catábasis, similar al descenso de Dante al Infierno, de Plutarco en su Moralia o de Ulises en La Odisea.

Consideremos también el texto Ha llegado Isaías, de László Krasznahorkai, donde un profeta se encuentra con un ángel en un bar y le expresa no solo su pesimismo existencial, sino la revelación de que la humanidad se ha ido a la mierda por haber abandonado la fe y haber abusado de la razón. La obra de Krasznahorkai es una mezcla volátil de pesimismo al estilo de Schopenhauer y de un tono apocalíptico cristiano clásico.

El apocalipsis es una disonancia, una realización de que el fin no vendrá en un futuro específico anunciado a través de una profecía, sino que es un proceso actual, constante, y que viene entremezclado con una contundente dosis de locura e histeria, latentes o abiertamente manifiestas. Y este descontrol se manifiesta de manera persistente en un proceso autodestructivo con consecuencias inmediatas. O sea que el fin está ocurriendo aquí y ahora.

Quizá todo esto tenga que ver con el hecho de que nos haya sido revelado un hecho definitorio y ominoso: nuestra mortandad. Es monstruoso pensar en ello. No sé qué significa eso. No entiendo por qué debemos ser conscientes de nuestra extinción. Me inquieta. Y esa es, en mi opinión, la manifestación más trascendente de nuestra existencia. Y eso nos lleva, de manera insoslayable, a la desesperanza, a la locura.

Por eso quizá busquemos la iluminación, la redención, una anábasis que nos rescate de ese tenebroso final del cual no podemos escapar.

Pero hay algo dentro de nosotros que nos dice, fuera de toda duda, que eso no va a ocurrir jamás.

Estamos condenados.


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Adrián Herrera
  • Adrián Herrera
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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