Noruega convirtió los ingresos de una riqueza que se agota ―petróleo y gas― en uno de los mayores patrimonios financieros del mundo, una experiencia que ofrece a naciones como México un punto de partida para discutir qué hacer con una renta extraordinaria: cuánto gastar, cuánto ahorrar y qué reglas deben proteger ese ahorro más allá del partido gobernante y de los precios de los hidrocarburos.
Desde 1996, los ingresos netos del Estado noruego provenientes de la actividad petrolera se transfieren al Fondo Global de Pensiones del Gobierno (GPFG por su sigla en inglés) para invertirlos en los mercados internacionales.
Pese a su nombre, no es un fondo de pensiones, sino un fondo soberano de ahorro destinado a preservar a largo plazo la riqueza petrolera noruega del Mar del Norte.
Al cierre de junio de 2026, el GPFG tenía un valor de 22 billones 683 mil millones de coronas, unos 2.3 billones de dólares. Lo más llamativo del fondo es que la mayor parte de ese patrimonio, 67 por ciento, proviene del rendimiento de las inversiones; sólo 24 por ciento corresponde a aportaciones netas del gobierno y 9 por ciento al efecto cambiario.
“Ahí radica el verdadero pequeño milagro noruego: el fondo ganó más dinero invirtiendo que sacando”, señala Mehdi Cornilliet, fundador de la consultoría fiscal francesa PEA en un análisis de agosto pasado.
La cartera se concentra en acciones (72.1 por ciento), renta fija (25.8 por ciento), inmuebles no cotizados (1.6 por ciento) e infraestructura renovable (0.5 por ciento). Su escala le permite mantener participaciones minoritarias en miles de empresas: en promedio, alrededor de 1.5 por ciento de cada compañía cotizada en la que invierte.
Entre sus principales posiciones están las estratégicas Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet, Broadcom y Taiwan Semiconductor Manufacturing Company. El sector tecnológico representa cerca de un tercio de su cartera accionaria.
México forma también parte de la cartera con un monto de 6,262 millones de dólares. Al 30 de junio pasado, el fondo mantenía participación en activos mexicanos de compañías como Cemex, Grupo México, Femsa, Banorte y Pinfra, y también tenía deuda del gobierno mexicano y posiciones relacionadas con la Comisión Federal de Electricidad, América Móvil, Minera México y Bimbo. La presencia del GPFG muestra que la relación no se limita al petróleo: también existe una exposición financiera a sectores clave de la economía mexicana.
Riesgos de una economía mundial más fragmentada
La diversificación, sin embargo, también expone al fondo a los riesgos de una economía mundial más fragmentada. En la conferencia anual del fondo, en abril del año pasado, el director ejecutivo del NBIM, Nicolai Tangen, advirtió sobre las consecuencias financieras de un mundo dividido por conflictos, barreras comerciales y rivalidad tecnológica.
Bajo esas condiciones, el verdadero soporte del modelo está en las reglas. Desde 2001, Noruega aplica una regla fiscal que vincula el uso presupuestario de los recursos del fondo con su rendimiento real esperado.
El gobierno sólo puede retirar alrededor de 3 por ciento de su valor al año. La idea es no mermar el capital: gastar con mayor margen en las recesiones y contener el gasto en los periodos de auge. Además, el fondo invierte fuera de Noruega, una decisión diseñada para evitar que la renta petrolera sobrecaliente la economía doméstica.
Con ello se busca contener la llamada “enfermedad holandesa”: el auge de un recurso natural puede fortalecer la moneda, encarecer la economía y restar competitividad a otros sectores.
Pero el modelo encara otros riesgos. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el aumento del valor del fondo puede facilitar una expansión del gasto público y generar presiones fiscales en el futuro, por lo que ha planteado complementar la regla con límites de gasto de mediano plazo. Y no hay que olvidar que la enorme exposición a los mercados internacionales significa que una corrección financiera puede reducir rápidamente el valor del patrimonio.
Contradicciones del modelo noruego
El modelo noruego, por otra parte, guarda evidentes contradicciones. Las guerras y la inseguridad energética han perjudicado a buena parte de la economía mundial, pero han contribuido a elevar los ingresos petroleros y gasíferos de Noruega. La invasión rusa de Ucrania, por ejemplo, disparó los precios y la demanda europea de gas noruego. En 2022, cuando estalló el conflicto, los altos precios de petróleo y gas incrementaron fuertemente el flujo de recursos hacia el fondo, aunque en paralelo la guerra provocó fuertes pérdidas en sus inversiones financieras.
La relación entre el fondo y la energía europea añade otra dimensión. Noruega se convirtió en uno de los proveedores energéticos fundamentales de Europa. Su gas representa aproximadamente 30 por ciento del consumo conjunto de la Unión Europea y Reino Unido, y 15 por ciento del petrolero. Así, la transición energética también afecta la fuente de ingresos que permitió construir el fondo y la posición estratégica del país frente a Europa.
Esa dependencia genera una paradoja, ya que Noruega mantiene políticas climáticas ambiciosas (por ejemplo, 98 por ciento de su electricidad proviene de fuentes renovables). Estudios académicos, como uno reciente de la Universidad de Queensland, Australia, dirigido por el profesor Arief Rahman, han señalado esta tensión entre la transición energética y la dependencia de la producción y exportación de petróleo y gas.
Dicho estudio australiano estima que el petróleo representa 18 por ciento de PIB y 42 por ciento de las exportaciones de Noruega, por lo que las emisiones asociadas al consumo de los combustibles exportados ampliarían considerablemente la huella climática del país.
Carbon Tracker, un think tank con sede en Londres, ha cuestionado la distancia entre las herramientas que NBIM utiliza para medir el riesgo climático y las decisiones que puede adoptar frente a ese riesgo. “Existe una brecha entre lo que muestran los datos y lo que el fondo considera que puede hacer al respecto”, acusó en junio pasado una de sus analistas, Amy Owens.
El marco de inversión responsable, aprobado por el Parlamento, establece criterios para observar o excluir empresas por determinadas actividades o conductas, entre ellas algunas relacionadas con armas, carbón, tabaco, corrupción, daños ambientales y graves violaciones de derechos humanos.
Un caso emblemático de ello sucedió precisamente con México cuando, en mayo de 2025, el fondo desinvirtió por completo y excluyó a Pemex de su portafolio de renta fija debido a sospechas y acusaciones de corrupción ligadas a la petrolera entre 2004 y 2023.
Aun así, el sistema de responsabilidad está en revisión y un comité debía presentar su informe este mismo año. De acuerdo con observadores, el debate combina cuestiones financieras con decisiones sobre qué actividades puede financiar un patrimonio que pertenece, en última instancia, al Estado noruego.
AKMD