Cuando Blanca Treviño comenzó a construir su carrera en Softtek tenía 23 años y trabajaba desde Monterrey en una industria cuyo mapa de poder estaba en otros lugares del mundo. No parecía el punto de partida natural para construir una empresa tecnológica global.
Softtek había nacido en 1982 para ofrecer servicios de tecnologías de información a compañías mexicanas. Pero Treviño vio algo que podía cambiar el tamaño de aquella empresa: México estaba junto a Estados Unidos, compartía horarios con sus clientes y tenía talento capaz de desarrollar tecnología.
La pregunta era si alguien del otro lado de la frontera estaría dispuesto a confiar en ellos.
“¿Y por qué no México? ¿Por qué no aprovechar nuestra cercanía con Estados Unidos, nuestra cultura, nuestro talento?”, explicó Treviño al hablar de aquella apuesta en distintos medios.
En 1997 Softtek comenzó a trabajar con clientes estadunidenses bajo el modelo nearshore, mucho antes de que la cercanía con Estados Unidos se convirtiera en uno de los principales argumentos para atraer inversión y operaciones tecnológicas a México.
La apuesta tenía además otra dimensión.
En una industria que durante años estuvo asociada con grandes corporaciones y centros tecnológicos dominados por hombres, Treviño comenzó a abrirse paso hasta convertirse en una de las principales figuras empresariales de una compañía tecnológica mexicana con aspiraciones internacionales.
En el 2000 asumió la presidencia y dirección general de Softtek.
Desde ahí comenzó una etapa de expansión que llevaría a la empresa mucho más allá de Monterrey. Llegaron nuevas operaciones y adquisiciones, entre ellas la compra del centro de desarrollo de GE en México en 2003 y la adquisición de la firma I.T. United en China en 2007.
La lógica también cambió
Ya no se trataba únicamente de convencer a una empresa estadunidense de contratar talento mexicano. Softtek tenía que aprender a operar como una compañía internacional, competir por clientes globales, atraer especialistas y crecer sin perder la ventaja que había encontrado en México.
La empresa que alguna vez tuvo que explicar por qué podía desarrollar tecnología desde Monterrey terminó trabajando con cientos de grandes compañías en más de 20 países y con más de 15 mil profesionales.
Ahí está una parte de la herencia de Treviño.
No solo hizo crecer una compañía. Durante más de dos décadas al frente de Softtek ayudó a construir una historia empresarial distinta para México: la de una firma que no necesitaba trasladarse a Silicon Valley para competir en tecnología ni limitarse al mercado nacional para crecer.
Cambio de perspectiva
Su trayectoria también coincidió con un cambio más amplio: la participación de las mujeres en las empresas mexicanas.
Treviño no llegó a dirigir una compañía tecnológica global cuando ya era normal encontrar mujeres en esos puestos. Lo hizo cuando todavía era mucho menos frecuente verlas encabezando organizaciones de ese tamaño y tomando decisiones sobre expansión, adquisiciones, talento y estrategia internacional.
Por eso su historia no puede reducirse a la de una ejecutiva que permaneció 26 años en el mismo cargo.
Es la historia de una mujer que comenzó su carrera en una empresa mexicana, encontró una oportunidad en la cercanía con Estados Unidos y terminó construyendo desde Monterrey una compañía con presencia internacional.
Relevo en la dirección
El 1 de octubre de 2026, Treviño dejó formalmente la dirección general de Softtek. Pero no dejó la empresa.
Pasó a la presidencia ejecutiva del Consejo de Administración, desde donde continuará participando en la definición de la visión y la estrategia de largo plazo. David Jiménez asumió como CEO global y tendrá a su cargo la operación cotidiana y la ejecución de la estrategia.
La transición ocurre justo cuando Softtek enfrenta una transformación tan profunda como aquella que Treviño ayudó a impulsar hace casi tres décadas.
La inteligencia artificial está modificando la manera en que las compañías compran servicios tecnológicos. Ya no basta con tener especialistas capaces de desarrollar software, automatizar procesos o integrar sistemas. Los clientes quieren saber qué resultado concreto obtendrán de esas inversiones.
Jiménez, quien lleva 15 años en Softtek y pasó por finanzas, fusiones y adquisiciones y áreas comerciales antes de dirigir el negocio global de bienes de consumo, ha señalado que muchas empresas comenzaron a invertir en inteligencia artificial y después tuvieron que preguntarse por qué ese gasto todavía no se reflejaba en resultados.
Es un desafío distinto al que enfrentó Treviño, pero guarda una semejanza.
Ella tuvo que convencer al mercado de que el talento podía estar en México.
Treviño deja la operación diaria en manos de una nueva generación, pero permanece en la mesa donde se decidirá hacia dónde irá la empresa.
EG