Empleados en una compañía no son lo mismo que moléculas en un matraz, pero, según especialistas en gestión empresarial, el comportamiento de ambos puede entenderse y perfeccionarse con ayuda de tres leyes de la termodinámica.
Esta rama de la física estudia procesos de intercambio de energía entre sistemas de todo tipo, desde un hielo sumergido en un vaso de agua caliente hasta las auroras boreales provocadas por tormentas solares, pasando por las interacciones laborales de empleados que trabajan ocho horas diarias en una oficina.
En esencia, cada vez que dos sistemas, a diferente temperatura (o estado de ánimo), entran en contacto, la termodinámica tiene mucho que decir al respecto.
La termodinámica sale del laboratorio y entra a la gestión empresarial
Este campo del conocimiento parecería reservado para científicos, quienes enfundados en batas blancas hacen experimentos con aparatos sofisticados de laboratorio.
Sin embargo, últimamente también ha sido utilizado por expertos, quienes vestidos con saco y corbata perfeccionan estrategias de gestión empresarial.
Ejemplo de ello es Guillermo Collarte Castro, especialista en coaching y consultoría por la Universidad Ricardo Palma, de Perú, quien ha logrado mejorar la eficiencia laboral con base en esquemas termodinámicos.
“Un principio de la termodinámica dice que no toda la energía se absorbe en el trabajo, sino que siempre hay una pérdida, y ésta puede ser reinyectada en otros procesos productivos”, comentó a MILENIO.
En este sentido, refirió que pueden visualizarse las habilidades laborales blandas relacionadas con el manejo de emociones y el autoconocimiento como esa energía no siempre aprovechada al 100 por ciento en los procesos de producción, pero que, sin duda, no conviene desperdiciar, sino más bien encauzar a actividades más relacionadas con el trato con proveedores o clientes externos.
La meta sería, entonces, conseguir que una compañía funcione de modo idóneo, como este experto lo explicó a continuación valiéndose de una metáfora ingenieril:
“Podemos saber que una máquina funciona de una determinada manera, pero el truco consiste en ponerla al punto para que ejecute un trabajo específico. Hay que saber dónde sí o dónde no apretar la tuerca”, externó Collarte.
Todo comenzó durante la Revolución Industrial
Transformar el trabajo en calor es fácil, cualquiera lo puede hacer, como se comprueba en el calentamiento de un motor encendido por mucho tiempo. El reto, tanto en el laboratorio como en la oficina, siempre ha sido el proceso inverso: convertir el calor en trabajo.
La termodinámica nace en la Revolución Industrial, en el siglo XVIII, justamente para enfrentar ese desafío. El resultado fue la máquina de vapor, el avance tecnológico más relevante de esa época, que convertía el vapor del agua calentada, en una caldera, en trabajo mecánico aprovechado, por ejemplo, por un tren o un barco.
Sadi Carnot, científico francés, fue quien desarrolló las fórmulas matemáticas para sustentar teóricamente el avance tecnológico de aquel tiempo, según María Michel Duque Vega, doctora en Ciencia e Ingeniería de Materiales, por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM):
“Carnot sabía que al calor le gusta hacer de las suyas, es decir, tiende a dispersarse, por lo cual estudió la manera de transformar la mayor cantidad de calor en trabajo. Esto dio lugar al descubrimiento de los ciclos termodinámicos, base de los motores”, precisó.
Las tres leyes de la termodinámica aplicadas a la gestión empresarial
Estos procesos fundamentados en convertir el calor en trabajo pueden ser descritos a través de las tres leyes de la termodinámica, las cuales Guillermo Collarte y también María Michel Duque han reinterpretado y aplicado en la gestión de empresas.
- Ley 1
La primera ley, también conocida como principio de la conservación de la energía, dice que la energía no se crea ni se destruye, sino sólo se transforma.
Esta ley, descubierta en el siglo XVIII por Antoine Lavoisier, químico francés, asegura que a nivel experimental nunca ocurre ni la generación espontánea ni la desaparición total de energía ni materia. Dicho de otro modo, nada viene de la nada ni nada va a la nada.
En el contexto de una junta de negocios, donde se discuten ideas para, por ejemplo, crear una nueva estrategia de mercadotecnia, se genera una reorientación de ideas, lo que, de acuerdo con Collarte, nunca lleva a la destrucción, pero tampoco a la creación de ideas completamente nuevas, sino más bien a la transformación de la información presentada. Esto posibilita pulir el diálogo y obtener soluciones inspiradas en puntos de vista complementarios.
De esta forma, en las organizaciones se pueden evitar estilos de dirección absolutistas que quizá inconscientemente surgen de las nociones anticientíficas de creación independiente o destrucción total de ideas.
Ley 2
La segunda ley, la más comprendida de las tres leyes en el mundo corporativo, afirma que con el paso del tiempo tiende a incrementarse la entropía, magnitud relacionada con la medida del desorden o la dispersión de la energía.
Una expresión de esto es el ciclo unidireccional de la vida: nacer, crecer, envejecer y morir. Y nunca pasa al revés. Es una muestra de la inevitabilidad de la segunda ley en la naturaleza.
Otro ejemplo es la vida de una inversión, la cual puede metafóricamente enfermar o morir o, expresado de otra manera, disminuir o llegar a un valor nulo. Esto se constata en el mercado, como María Michel Duque lo platica a continuación:
“La entropía nos dice que los procesos son irreparables y siempre van a presentar una disipación de energía. En la bolsa de valores esto también ocurre; si no, ¿por qué da tanto coraje la caída en el valor de una acción? Porque es irreversible la pérdida”, explica.
Por otro lado, Edith González, directora de talento, cultura y marca de Grupo Financiero Base, recuerda momentos de entropía máxima: el primero ocurrió cuando, en marzo de 2020, a principios de la pandemia, no había suficiente claridad sobre cuál iba a ser su dimensión, por lo que hubo la necesidad de tener a cerca del 86 por ciento de los colaboradores fuera de la oficina.
“El segundo momento ocurrió con el intento de regresar a actividades presenciales, cuando sucedió un segundo brote de la pandemia que nos obligó a detener el proceso, lo recuerdo como un momento de descontrol muy grande”, dice.
El tercer momento, de menor magnitud que los dos anteriores, según González, ocurre intermitentemente en el sistema híbrido de trabajo, parte presencial y parte a distancia, porque esa dualidad puede causar confusión en la asignación de horarios y tareas específicas.
Ley 3
Por último, la tercera ley de la termodinámica establece la imposibilidad de llegar a una temperatura de cero absoluto, donde las moléculas no se muevan nada.
En el contexto de la administración de empresas, conforme con Collarte, esto se asemeja a que siempre ocurre un flujo constante de pensamientos e intercambio de información entre los directivos de una compañía.
Por tanto, la incapacidad de alcanzar una convergencia completa en todas las opiniones sería análoga a la imposibilidad de alcanzar una temperatura de cero absoluto.
Sabiduría derivada de las tres leyes
Ambos especialistas coinciden en que, a nivel empresarial, las tres leyes termodinámicas pueden parafrasearse del siguiente modo:
- Primera ley: No reprimir ideas de colaboradores por considerarlas poco útiles, sino tomarlas en cuenta, transformarlas cuando sea necesario y darles el cauce conveniente.
- Segunda ley: Aceptar que todo proceso laboral o financiero tiende al desorden, por lo cual es absurdo tratar de eliminarlo mediante estrategias más estrictas.
- Tercera ley: La total uniformidad de ideas refleja una tensión artificial, que finalmente se transformará en desorden organizacional no previsto.
Collarte consideró que el conocimiento de estas tres leyes permite no solamente sacar más jugo al cúmulo de perspectivas distintas, sino también cristalizar el justo medio entre la exploración creativa y las soluciones prácticas en las empresas, como si fueran variables controlables en un matraz.
KL
