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  • La revolución digital baja la Tasa de natalidad

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Mientras más tradicionales son las culturas en términos de género, mayor es el impacto de los smartphones sobre la natalidad. Shutterstock

La tecnología transformó la forma de relacionarnos y podría estar detrás del mayor desplome demográfico moderno. El costo económico y social apenas comienza.

El desplome demográfico que define nuestra era se acelera y se expande. En más de dos tercios de los 195 países del mundo, el promedio de hijos por mujer cayó por debajo de la “tasa de reemplazo” de 2.1, necesaria para mantener estable la población sin inmigración. En 66 países, la cifra ya está más cerca de uno que de dos. En algunos, el número más común de hijos por mujer es cero.

La velocidad y amplitud de la caída desafían las previsiones. Hace apenas cinco años, la ONU estimó que Corea del Sur tendría 350 mil nacimientos en 2023; la cifra real fue de 230 mil.

Aunque los países de altos ingresos enfrentan el declive demográfico desde hace décadas, el fenómeno se aceleró en los últimos 10 años. El análisis de datos —desde registros poblacionales hasta búsquedas en Google— sugiere que, entre los múltiples factores, el uso de la tecnología influye en el descenso reciente de la natalidad.

El fenómeno ya no se limita a los países ricos. Muchas economías en desarrollo registran hoy tasas de fertilidad más bajas que naciones mucho más prósperas.

En 2023, la natalidad de México cayó por primera vez por debajo de la de Estados Unidos (EU), tendencia que también alcanzó a Brasil, Túnez, Irán y Sri Lanka. Los países de ingresos bajos y medios envejecen antes de enriquecerse.

Un problema de nuestro tiempo

El envejecimiento de la población reduce la fuerza laboral y frena el crecimiento económico y el nivel de vida. El estancamiento de Japón desde la década de 1990 se explica, en gran medida, por las bajas tasas de natalidad, que redujeron su población en edad laboral.

La presión fiscal derivada del mayor gasto en pensiones y cuidados también limita la inversión en infraestructura y alimenta la sensación de decadencia que impulsa políticas antisistema.

“El descenso de la fertilidad es la gran incógnita de nuestro tiempo”, afirma Jesús Fernández‑Villaverde, profesor de economía en la Universidad de Pensilvania. A su juicio, muchos de los problemas urgentes derivan del desplome demográfico.

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2.1 hijos por mujer es la tasa mínima necesaria para

Mantener estable la población sin depender de la inmigración

No hace falta compartir la visión de Elon Musk, quien considera la caída de la natalidad “el mayor riesgo para la civilización”, para reconocer que ya agrava tensiones sociales y económicas.

Algunos confían en que una población menor ayude a combatir el cambio climático. Sin embargo, estudios recientes concluyen que la caída de la natalidad tendrá un efecto limitado en las emisiones durante las próximas décadas.

Además, las tasas de natalidad suelen desplomarse pese a los deseos de la gente, no por ellos. La mayoría de los jóvenes todavía aspira a tener alrededor de dos hijos, incluso en Corea del Sur, donde muchas mujeres ya no tienen ninguno.

La brecha entre expectativas y realidad refleja las fricciones de la vida moderna: vivienda, costos y, cada vez más, la influencia de los teléfonos y la tecnología.

Los solteros para siempre

En décadas anteriores, la natalidad mundial cayó porque las parejas tenían menos hijos. Hoy, el principal cambio es que hay menos parejas.

Si las tasas de matrimonio y convivencia en EU se hubieran mantenido estables durante la última década, la natalidad sería hoy más alta que hace 10 años.

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230 mil nacimientos registró Corea del Sur en 2023,

Muy por debajo de los 350 mil que proyectaba la ONU hace apenas cinco años.

Un estudio del demógrafo Stephen Shaw muestra que, en EU y otros países ricos, el número de hijos por madre se mantiene estable o incluso aumenta. Lo que cayó de forma marcada en los últimos 15 años es la proporción de mujeres que tienen hijos.

La explicación no encaja del todo con el estereotipo de mujeres que priorizan su carrera o parejas que rechazan la maternidad pese a contar con recursos. En muchos países, el desplome de nacimientos y de formación de parejas es más fuerte entre personas con menor educación e ingresos. Entre universitarios, en cambio, la formación de familias se mantiene estable o incluso crece. La estructura familiar, al parecer, tomó una forma de K.

Tampoco la intervención estatal logró revertir la tendencia. Desde la década de 1980, los países desarrollados triplicaron el gasto per cápita en apoyos familiares, guarderías subsidiadas y permisos parentales. Aun así, la natalidad cayó de 1.85 a 1.53 hijos por mujer.

Muchas personas eligen felizmente una vida sin hijos. Pero los datos muestran que, en general, cada vez menos personas forman pareja y tienen hijos pese a desearlo. El fenómeno es más marcado entre los sectores desfavorecidos y suele venir acompañado de mayor soledad y frustración en las relaciones.

Una economía doméstica

En varios países ricos, incluidos EU y el Reino Unido, la vivienda se ha convertido en un obstáculo clave para la formación de familias.

Según un análisis de FT, hasta la mitad de la caída en las tasas de natalidad desde la década de 1990 se explica por el menor acceso a la vivienda y el aumento de jóvenes que viven con sus padres.

Una generación criada bajo la tecnología ha creado a jóvenes frustrados y con realidades distorsionadas que afectan en su vida social y relaciones personales.
Estudios recientes vinculan el uso de redes sociales con menores tasas de natalidad. Shutterstock.

La falta de una vivienda estable dificulta otros compromisos de largo plazo. Sin embargo, esto no basta para explicar la reciente y acelerada caída de la natalidad ni su alcance a nivel mundial.

En la región nórdica, por ejemplo, la natalidad también disminuyó pese a la estabilidad económica y al aumento de jóvenes que viven solos, en lugar de hacerlo con sus padres o compañeros de piso.

Incluso cuando las parejas logran independizarse, hoy es más probable que se separen antes de tener hijos. En varios países, las personas que se mudan juntas tienen ahora más probabilidades de romper la relación que de convertirse en padres, un cambio radical frente a la norma histórica.

Otros factores económicos tampoco ofrecen una explicación concluyente. El descenso demográfico se observa tanto en países golpeados por la crisis financiera mundial como en aquellos que apenas resintieron sus efectos, y tanto en la Europa occidental de bajo crecimiento como en economías dinámicas de Medio Oriente y el Sudeste Asiático.

Muchos apuntan a la precariedad económica de los jóvenes. Aunque sus ingresos alcanzan el pico más tarde y su posición económica relativa se ha deteriorado, se trata de cambios graduales que no coinciden con la rapidez de la caída demográfica.

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1.85 a 1.53 hijos por mujer descendió la fertilidad

En países desarrollados, pese al aumento del gasto público en apoyos familiares

También influye el cambio en la posición relativa de hombres y mujeres jóvenes. Hoy, las mujeres tienen muchas más probabilidades de cursar estudios universitarios que los hombres, mientras que los jóvenes con menor nivel educativo suelen ganar menos que sus pares femeninas, alterando las condiciones para formar parejas estables. Pero, de nuevo, son transformaciones graduales y desiguales entre regiones.

La amenaza demográfica en tu bolsillo

Insatisfechos con las explicaciones puramente económicas, algunos investigadores apuntan ahora a un nuevo culpable: los dispositivos y plataformas digitales que dominan la vida de los jóvenes.

Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo, de la University of Cincinnati, publicaron el mes pasado un estudio sobre las Tasas de Natalidad a partir del despliegue de redes 4G en Estados Unidos y Reino Unido. Detectaron que los nacimientos disminuyeron antes y con mayor rapidez en las zonas que recibieron conectividad móvil de alta velocidad primero.

Los autores sostienen que los smartphones transformaron la forma en que los jóvenes interactúan, reduciendo la socialización presencial y acelerando la caída de la fertilidad.

Una investigación del FT halló patrones similares en otros países. En EU, Gran Bretaña y Australia, las tasas de natalidad de adolescentes y jóvenes adultos se mantuvieron estables a principios de los 2000, pero comenzaron a caer con fuerza a partir de 2007. En Francia y Polonia ocurrió alrededor de 2009; en México, Marruecos e Indonesia, hacia 2012. En Ghana, Nigeria y Senegal, una disminución gradual se convirtió en desplomes entre 2013 y 2015.

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México cayó por debajo de Estados Unidos

En tasa de natalidad por primera vez en 2023

Todos esos puntos de inflexión coincidieron con la adopción masiva de smartphones en cada mercado, medida mediante búsquedas de aplicaciones móviles en Google.

En un país tras otro, la natalidad cayó tras la llegada de los teléfonos inteligentes, sin importar la tendencia previa. Cuanto más joven era el grupo de edad, más pronunciada resultaba la caída, reflejando los patrones de uso de estos dispositivos.

Melissa Kearney, economista de la University of Notre Dame, considera “bastante verosímil” que el entorno digital moderno haya debilitado las relaciones de pareja.

La tesis de Hudson y Moscoso-Boedo —que el factor clave es la menor socialización presencial— está respaldada por evidencia en decenas de países. En Corea del Sur, por ejemplo, la convivencia cara a cara entre jóvenes adultos se redujo a la mitad en dos décadas.

“Para encontrar a la persona con la que te casarás, tienes que filtrar a mucha gente”, explica el demógrafo Lyman Stone. “Si socializas menos, tardas mucho más en encontrar pareja, si es que la encuentras”.

Stone añade que pasar más tiempo en redes sociales también distorsiona las expectativas: “Si convives en el mundo real, tus estándares se basan en la realidad. Si pasas el tiempo en Instagram, se basan en una idea artificial de lo normal”.

Las redes sociales dejan su huella

La disfunción sexual es más frecuente entre las parejas jóvenes que más usan redes sociales, señala la demógrafa finlandesa Anna Rotkirch. A su juicio, el tiempo dedicado a estas plataformas —y los estilos de vida que proyectan— dificulta la formación de relaciones estables.

Una generación criada bajo la tecnología ha creado a jóvenes frustrados y con realidades distorsionadas que afectan en su vida social y relaciones personales.
Mayor es el impacto de los smartphones sobre la natalidad. Shuttersttock.

Alice Evans, de la Stanford University, añade que mientras más tradicionales son las culturas en términos de género, mayor es el impacto de los smartphones sobre la natalidad.

Los datos respaldan esa idea: Medio Oriente y Latinoamérica registran algunas de las mayores caídas de fertilidad de la última década, mientras que estudios recientes vinculan el uso de redes sociales con menores tasas de natalidad en África subsahariana. En el sur de Asia, donde las mujeres tienen menor acceso a internet, hay menos personas solteras.

Evans describe este fenómeno como un “salto cultural”. “Instagram y TikTok permiten a las jóvenes eludir las autoridades tradicionales y elevar sus expectativas de pareja de una forma para la que muchos hombres no están preparados”, sostiene.

La investigación del FT también detectó que la creciente división ideológica entre hombres y mujeres jóvenes es un fenómeno propio de la era de los smartphones, especialmente entre quienes no cursaron estudios universitarios. En ese grupo, las mujeres se inclinan más hacia la izquierda, los hombres no, y tanto la formación de parejas como la natalidad se desplomaron.

Otra hipótesis es que las redes sociales amplifican problemas como la crisis de vivienda o los cambios en la situación económica de hombres y mujeres, generando una sensación persistente de inseguridad y ansiedad que termina afectando la decisión de tener hijos.

Las teorías sobre el impacto de las tecnologías de comunicación en la fertilidad no son nuevas. En 2001, Robert Hornik y Emile McAnany hallaron que la posesión de un televisor tenía una relación más fuerte con la caída de la natalidad que el ingreso o la educación.

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Los nacimientos comenzaron a desplomarse

Tras la adopción masiva de smartphones en mercados como EU, Francia, México y Nigeria.

Años después, un estudio de Eliana La Ferrara concluyó que las telenovelas con familias pequeñas influían en que las mujeres tuvieran menos hijos. Y en 2018, Adrienne Lucas y Nicholas Wilson encontraron que tener televisión reducía la frecuencia sexual en las parejas.

Si la televisión ya alteraba conductas, el efecto de los smartphones —más intensos y solitarios— podría ser mucho mayor.

Es hora de encontrar una solución

¿Qué hacer frente a tendencias tan arraigadas en los estilos de vida modernos?

Los gobiernos deben resistir la tentación de buscar soluciones irreales: es imposible desinventar el smartphone. Como resume el demógrafo Lyman Stone: “Si alguien tiene mala vista, no corregimos sus genes; le damos anteojos”.

La evidencia muestra que ofrecer vivienda segura y accesible a las parejas jóvenes aumenta la probabilidad de que formen una familia. También pueden ayudar los apoyos económicos a los padres, aunque solo funcionan cuando son lo suficientemente generosos.

Pero los recursos públicos son limitados y los factores económicos no explican por sí solos el declive demográfico. Los incentivos para que las parejas tengan hijos resultan insuficientes si cada vez más personas simplemente no tienen pareja.

Una generación criada bajo la tecnología ha creado a jóvenes frustrados y con realidades distorsionadas que afectan en su vida social y relaciones personales.
Menos parejas, menos hijos. Analisis de FT de datos de la OCDE.

Más aún, la caída de la natalidad parece formar parte de un fenómeno más amplio: soltería, aislamiento y deterioro del bienestar entre los jóvenes adultos. Dada la probable relación con la tecnología y las redes sociales, revertir la tendencia podría depender de cambiar nuestros hábitos digitales, ya sea mediante transformaciones culturales o regulación gubernamental.

Más allá de tener menos hijos, el verdadero desafío es reconstruir los vínculos de una generación cada vez más fracturada y frustrada.

AAL

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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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