La crisis hídrica, la degradación de los ecosistemas y el avance del cambio climático están redefiniendo los desafíos ambientales de México. Kathy Gregoire, directora ejecutiva de Pronatura México A.C., analiza los riesgos que enfrenta el país y plantea una agenda basada en prevención, restauración y adaptación.
A 45 años de su creación, Pronatura destaca el papel de las soluciones basadas en la naturaleza, la ciencia, la tecnología y las alianzas entre empresas, gobiernos y comunidades para fortalecer la resiliencia de los territorios y convertir la conservación en una ventaja estratégica.
¿Qué resultados recientes destacaría de Pronatura México?
En nuestro 45 aniversario hemos evolucionado de la protección de especies hacia modelos integrales que articulan empresas, ciencia, gobiernos y comunidades. En 2025 reportamos más de 14 millones de metros cúbicos infiltrados o ahorrados y más de 4 millones de personas protegidas frente a la sequía.
Hoy trabajamos en conservación de suelos en el Estado de México; humedales en Jalisco y Puebla; y resiliencia climática en Michoacán y Guanajuato. Buscamos beneficios ambientales duraderos y comunidades más fuertes.
¿Cuál es hoy el problema ambiental más urgente que enfrenta México?
La convergencia entre cambio climático, deterioro de los ecosistemas y presión sobre el agua. Con suelos degradados, menor cobertura vegetal y acuíferos sobreexplotados, la sequía se vuelve también un problema alimentario y económico.
Ella dice...“La conservación ya no consiste solo en proteger
Lo que tenemos, sino en construir territorios más resilientes para el futuro”.
¿México atraviesa ya una crisis de seguridad hídrica?
Sí. Existe una presión creciente sobre acuíferos y cuencas, muchos sobreexplotados. En el Valle de México se extrae más agua de la que puede recargarse de forma natural.
Según estimaciones de 2025, solo alrededor de 6 por ciento de la precipitación anual en la Cuenca de México se convierte en recarga potencial. Gran parte del resto se pierde por evaporación, agravada por las altas temperaturas y las islas de calor.
La naturaleza es una infraestructura esencial: sostiene el agua, la producción y las cadenas de valor. Rumbo a 2030, la inversión debe enfocarse en territorios de mayor riesgo y escalar soluciones basadas en la naturaleza con resultados medibles.
¿Qué papel tienen los bosques, humedales y cuencas en el abasto de agua?
Un bosque sano favorece la infiltración; los suelos conservados reducen la erosión; los humedales ayudan a tratar y regular el agua; y las cuencas conectan estos procesos.
En la Sierra de Guadalupe, Pronatura trabaja en seis de nueve microcuencas prioritarias con presas de gavión, estructuras filtrantes, conservación de suelo y recuperación de cobertura vegetal. El proyecto contempla 80 presas para favorecer la infiltración y reducir erosión y escurrimientos.
Conservar ecosistemas reduce la vulnerabilidad frente a inundaciones y sequías y fortalece la resiliencia.
¿Qué efectos del calentamiento mundial ya observan y qué tan preparado está México?
Observamos mayor estrés térmico, cambios en los patrones de lluvia, sequías más intensas y condiciones que favorecen incendios y plagas.
En 2024, México registró temperaturas altas. En los humedales San Diego y Los Pérez, en Jalisco, Pronatura documentó menos lluvias, temporadas secas más intensas, estrés en la vegetación y plagas. La respuesta incluyó control biológico, replantación y monitoreo.
Debemos fortalecer la adaptación basada en ecosistemas para aumentar la resiliencia de los territorios.
¿Qué costo económico tendrá no invertir hoy en adaptación?
La adaptación es gestión del riesgo. En 2019, el Banco Mundial estimó que las pérdidas anuales promedio por desastres equivalen a 0.12 por ciento del Producto Interno Bruto. Con eventos más intensos, esos costos pueden crecer. Prevenir erosión, proteger cuencas y recuperar humedales reduce gastos futuros en infraestructura, agricultura, salud, agua y productividad.
¿Qué tendría que cambiar México en las políticas públicas para proteger mejor el agua y la biodiversidad?
Las políticas públicas deben fortalecer la infraestructura verde —restauración de suelos, conservación de cobertura vegetal, recuperación de humedales y manejo de cuencas— sin desatender la infraestructura gris, indispensable para el abastecimiento y saneamiento del agua.
Las alianzas entre empresas, ciencia, gobierno y comunidades permiten desarrollar soluciones con resultados verificables. Diseñar inversiones según los riesgos del territorio permite crear proyectos escalables y fortalecer la resiliencia ambiental, social y productiva.
Si México mantiene el ritmo actual de acción ambiental, ¿qué escenario prevé para los próximos diez años?
Si mantenemos una respuesta fragmentada y reactiva, veremos una combinación de mayor estrés hídrico, degradación de los ecosistemas, creciente presión sobre la biodiversidad y un aumento de los costos económicos asociados con fenómenos extremos.
Sin embargo, existen otros escenarios posibles si actuamos con un enfoque orientado a prevenir riesgos y generar resiliencia. Ese es quizá el aprendizaje más importante de nuestros 45 años de experiencia: la conservación dejó de significar únicamente proteger lo que tenemos. Hoy implica también crear las condiciones necesarias para transformar el futuro que queremos.
Después de 45 años de trabajo, estamos convencidos de que la conservación ambiental es una ventaja estratégica para el país. La ambición ambiental necesita escala y evidencia.
En ese proceso, la tecnología —desde el monitoreo satelital y el análisis de datos hasta las herramientas de inteligencia artificial y soluciones biotecnológicas como los humedales artificiales— puede ayudarnos a medir mejor, aprender más rápido y llevar las soluciones que funcionan a un mayor número de territorios.
GHD