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Trump no consiguió que EU fuera barato de nuevo

Los votantes comprenden cada vez más que el repunte en el precio de la energía no se debe sólo a una falta de oferta interna, sino a decisiones políticas desastrosas dentro del país y a escala internacional

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Una de las promesas de campaña de Donald Trump en 2024 fue conseguir una energía más barata. En un foro del Economic Club de Nueva York, celebrado en septiembre de ese año, prometió reducir los precios a la mitad o más en un plazo de 12 meses después de asumir el cargo. “Acabar con la inflación” mediante el “impulso a la producción de energía estadunidense” fue el eje central del programa republicano que le otorgó un segundo mandato.

¡Cómo cambian las cosas con una guerra! El índice de precios al consumidor publicado la semana pasada muestra que el precio de la gasolina aumentó 9.1 por ciento en septiembre, la tasa más alta desde que comenzó la guerra contra Irán. Dado que el precio de la gasolina es el que la mayoría de los estadunidenses ven anunciado al lado del camino mientras conducen hacia el trabajo, a casa o a la escuela, esto no augura nada bueno para los republicanos conservadores de cara a las elecciones de mitad de mandato, que se celebrarán en poco más de dos semanas.

En el pasado, los republicanos solían ganar puntos con la petropolítica. Cuando los demócratas están en el poder, ellos recurren al lema “perforar, perforar y perforar” ante la amenaza de regulaciones medioambientales o, ¡Dios no lo quiera!, de subsidios a las energías limpias. El candidato presidencial republicano John McCain, partidario de la exploración de energía en alta mar y de una mayor actividad de perforación nacional, perdió frente a Barack Obama en 2008, pero logró convencer a una gran parte del país con sus propuestas: 33 por ciento apoyaba una menor restricción a las perforaciones al comienzo de su candidatura, cifra que ascendió a 40 por ciento.

Esta vez la situación es distinta. Los votantes comprenden cada vez más que la inflación del precio de la energía no se debe sólo a una falta de oferta interna, sino a decisiones políticas desastrosas, tanto a escala nacional como internacional.

Una encuesta realizada en octubre por Reuters e Ipsos reveló que 60 por ciento de los estadunidenses desaprobaba el manejo de Trump respecto a Irán; un contundente 78 por ciento responsabilizó a la Casa Blanca del aumento de los precios. El Searchlight Institute, un grupo de análisis de tendencia de izquierda, preguntó a los votantes en septiembre qué medida ayudaría más a reducir sus recibos de energía. Entre las respuestas más destacadas se encuentran limitar las utilidades excesivas de las empresas de servicios públicos (21 por ciento), poner fin a la guerra contra Irán (18 por ciento), mejorar la eficiencia de la red eléctrica (16 por ciento) y prohibir los centros de datos (11 por ciento).

Ninguna de estas cuestiones favorece los puntos fuertes del Partido Republicano. En particular, los hiperescaladores de IA que despliegan todos esos centros de datos y que cuentan con el apoyo incondicional de la Casa Blanca; sin embargo, gozan de una popularidad cada vez menor entre la ciudadanía, que termina asumiendo el costo de una electricidad más cara.

Un análisis del Centre for Economic Policy Research, publicado en agosto, examinó la expansión de los centros de datos en las zonas de cobertura de las compañías de servicios públicos. El estudio estimó que la instalación de 10 centros en un territorio concreto eleva 13 por ciento el precio de la electricidad para los hogares, mientras que una sola gran instalación puede aumentar dicho precio en 4 por ciento.

No es de extrañar que incluso el presidente instara a las empresas a sufragar el incremento de las tarifas y el encarecimiento de las infraestructuras derivados de la IA.

La relación entre los precios de la electricidad y la IA es un problema a escala nacional, pero genera vulnerabilidades específicas para los republicanos en estados clave que suelen oscilar entre ambos partidos. En Pensilvania, por ejemplo, las tarifas subieron 18.9 por ciento el año pasado; un hecho que los votantes vinculan directamente con los centros de datos (según una encuesta, tres cuartas partes de los ciudadanos creen que los precios aumentan cuando se construyen estas instalaciones). Por su parte, en Ohio, el senador conservador en ejercicio Jon Husted puede perder su escaño después de que impulsó la conversión del estado en un destino para centros de datos; una circunstancia que su rival, Sherrod Brown, con inclinación hacia la izquierda y partidario de los sindicatos, aprovecha en su campañ (lo que impide a EU aislar al régimen).

Esto pone de relieve otro problema para los republicanos de cara a las elecciones: el capitalismo de cuates (o capitalismo clientelista). Otra encuesta de Reuters/Ipsos realizada en agosto reveló que incluso la mitad de los republicanos considera que las decisiones empresariales de Trump influyen en sus decisiones políticas. Dado que el sector petrolero es, históricamente, el principal patrocinador del Partido Republicano, y que la nueva producción nacional de petróleo de esquisto requiere un precio de alrededor de 80 dólares por barril para ser rentable, ¿acaso sorprende que Trump no haya cumplido su promesa de liberar energía nacional a bajo costo?

El mayor autogol en materia de energía para el presidente es la fallida guerra contra Irán. No sólo provocó un aumento de la inflación en el precio de la energía, al elevar el precio promedio de la gasolina 45 por ciento desde el inicio del conflicto, sino que también dejó al descubierto la debilidad fundamental de EU en Medio Oriente y en su relación con China. Pekín sigue siendo el mayor comprador de petróleo iraní (lo que impide a EU aislar al régimen). Además, según la Agencia Internacional de la Energía, China será la principal beneficiaria de la transición hacia vehículos eléctricos y fuentes de energía limpias, un proceso que se está acelerando en diversas partes del mundo a raíz de la guerra.

Más allá de las elecciones, ¿qué representará esto para el movimiento MAGA? Es difícil de decir. El populismo de derecha nunca ha sido un movimiento exclusivamente económico. He entrevistado a muchos votantes de Trump que encontrarían una justificación para sus posturas políticas sin importar el precio del petróleo. No obstante, también es cierto que a los populistas les encantan los líderes autocráticos. Una inflación creciente, derivada de una guerra fallida y de la incapacidad para negociar un acuerdo satisfactorio, no deja en buen lugar a un presidente que se jacta de ser un experto en el “arte de la negociación”. Alrededor de 57 por ciento de los republicanos afirma que la inflación aumenta más rápido que sus salarios, y 40 por ciento desaprueba el manejo que le da la Casa Blanca a esta situación. Así que, al final, nada de “hacer que Estados Unidos sea barato de nuevo”.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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