El partido de un presidente estadunidense suele perder terreno en las elecciones de medio mandato, pero este año hay una anomalía: la economía crece con fuerza y, aun así, Donald Trump pierde apoyo, sobre todo en materia económica. Si los republicanos pierden ambas cámaras del Congreso el próximo mes, sería una derrota excepcional bajo condiciones económicas tan favorables.
¿Cómo se explica? Para muchos estadunidenses, este es el tipo equivocado de auge: el costo de vida sigue subiendo y buena parte del crecimiento proviene de los consumidores más ricos y de una ola de inversión en inteligencia artificial (IA), una tecnología que despierta más temor que entusiasmo.
La frustración económica viene de antes de la IA y del segundo mandato de Trump. La proporción de estadunidenses que cree que el país avanza en la dirección correcta cayó en el último año de alrededor de 40 a 20 por ciento. En el centro del malestar está la asequibilidad. Cada vez más votantes identifican el costo de vida como su principal preocupación.
La vivienda y la energía concentran buena parte del descontento. La guerra con Irán ha restringido la oferta de petróleo, mientras que la expansión de la IA eleva la demanda de electricidad. En un año, la gasolina ha subido más de 40 por ciento y la inflación se mantiene por encima de 3 por ciento. Con tasas hipotecarias superiores a 7 por ciento, comprar una vivienda es hoy más difícil que en cualquier otro momento de las últimas dos décadas.
A esto se suma la percepción de que los centros de datos, grandes consumidores de energía, están encareciendo las facturas eléctricas. La mayoría de estos proyectos enfrenta oposición local. Pero a los candidatos republicanos les resulta difícil canalizar ese enojo cuando Trump insiste en que frenar la construcción de centros de datos dejaría a Estados Unidos (EU) “atrasado y pobre”.
El temor por la IA
La IA se ha convertido así en el primer gran producto de la era digital que genera rechazo masivo. Mientras computadoras e internet fueron vistos durante años como avances positivos, hoy la mayoría de los estadunidenses dice sentirse más preocupada que entusiasmada por la IA. El temor crece especialmente entre los jóvenes, inquietos ante la posibilidad de un futuro con menos empleos.
él dice...“Trump convirtió al Partido Republicano en vehículo
Del enojo contra el poder; ahora ese enojo amenaza con volverse contra él”.
Trump les pide aceptar precios más altos como costo de la guerra con Irán y abrazar la IA como condición para competir con China. Pero ese mensaje choca con el ánimo del país. Resulta además paradójico para un partido que llegó al poder atacando a las élites globalistas y prometiendo defender a quienes se sentían excluidos.
El PIB tampoco cuenta toda la historia. Aunque la economía se expande, los salarios ajustados por inflación han caído en los últimos trimestres. Para un trabajador que paga más por vivienda, energía y crédito, un dato sólido de crecimiento ofrece poco consuelo. Una excepción son los trabajadores con habilidades en IA, que pueden cobrar salarios muy superiores a los de sus pares.
La brecha entre ganadores y perdedores tiene ahora un claro componente tecnológico. La inversión crece cerca de 25 por ciento anual en industrias vinculadas con la IA, pero menos de 1 por ciento en el resto. La construcción se contrae en términos generales, mientras los proyectos de centros de datos avanzan a tasas de dos dígitos.
El boom tecnológico
El dinero también premia a las empresas que consiguen presentarse como parte del boom tecnológico. Incluso compañías alejadas del sector han visto subir sus acciones tras anunciar vínculos con la cadena de suministro de chips. En Wall Street, la fortaleza de los índices oculta una realidad más desigual: en muchas jornadas alcistas, una gran parte de las acciones cae.
Ese patrón refuerza la sensación de que los beneficios del auge están concentrados y de que el crecimiento no se reparte de manera uniforme. Los hogares más ricos poseen la mayoría de los activos financieros y capturan buena parte de las ganancias bursátiles asociadas con la IA. Mientras tanto, la morosidad hipotecaria aumenta con mayor rapidez en los barrios de menores ingresos.
Históricamente, una economía fuerte ha protegido al partido del presidente en elecciones de medio mandato. Cuando el crecimiento se acerca a 4 por ciento, el partido gobernante rara vez pierde el control del Congreso. Solo en 1954 perdió ambas cámaras bajo circunstancias semejantes.
Por eso, una derrota republicana este año tendría un significado político particular. Trump reconstruyó al Partido Republicano como vehículo de la indignación contra quienes estaban en el poder.
Si el auge económico continúa sin mejorar la percepción de bienestar de la mayoría, podría terminar convirtiendo a su propio partido en el nuevo blanco de esa misma furia.
AAL