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Por qué ahora nos inquieta la fiebre de la deuda en EU

El primer impacto del endeudamiento desbocado es que un aumento en las tasas de los bonos frene el auge de la IA

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Las advertencias apocalípticas sobre la creciente deuda de Estados Unidos se remontan a 1970, cuando el gobierno comenzó a registrar déficits presupuestarios persistentes. Hacia finales de la década siguiente, un preocupado desarrollador de bienes raíces de Nueva York instaló el “reloj de la deuda nacional” en Times Square. Ninguna de las advertencias se materializó; por eso, al igual que en la fábula de Pedro y el lobo, pasaron a ser un ruido de fondo fácil de ignorar. Ahora, tal como en el cuento, el lobo se acerca a la puerta.

El endeudamiento desbocado empieza a cobrar importancia, lo que el mes pasado desencadenó una venta masiva a escala mundial de bonos del gobierno. Y el primer impacto tangible puede ser que un alza en las tasas de interés de los bonos frene en seco el auge de la inteligencia artificial (IA).

Hace 300 años, todas las grandes burbujas estallaron sólo cuando los costos de endeudamiento aumentaron considerablemente para las compañías que constituían su núcleo; ese fue el caso de las sucesivas crisis ferroviarias del siglo XIX. En el siglo pasado, la era de la banca central moderna, todas las burbujas estallaron después de que los bancos elevaron sus tasas de interés a corto plazo.

Esta vez la situación es distinta en un aspecto clave. Por lo general, durante una euforia del mercado, las empresas empiezan a endeudarse fuertemente para redoblar su apuesta por la tendencia de inversión de moda; el auge económico alimenta la inflación y eleva las tasas de interés, lo que acaba provocando el estallido de la burbuja. Es entonces cuando intervienen los gobiernos, asumiendo la deuda de las empresas afectadas y recurriendo al endeudamiento para estimular una economía debilitada.

En las últimas décadas, el papel del gobierno evolucionó hacia el suministro de estímulos constantes, incluso en épocas de bonanza. Mucho tiempo después de 2008 siguió acumulando deuda con rapidez. En la década actual, EU ha registrado sistemáticamente déficits presupuestarios de alrededor de 6 por ciento del PIB, una cifra que es mucho más del doble del promedio de décadas anteriores.

Durante gran parte de este periodo, los hogares y las empresas evitaron contraer nuevas deudas excesivas. Fue apenas el año pasado cuando los gigantes de la tecnología comenzaron a endeudarse para financiar el enorme despliegue de infraestructura de IA, a medida que se reducían sus excedentes de efectivo. No obstante, sus niveles de endeudamiento siguen siendo manejables para compañías de tal envergadura.

Hasta ahora, el considerable exceso de endeudamiento de este ciclo se ha concentrado en las cuentas públicas. Y los problemas surgen allí donde los excesos son más pronunciados.

Una señal de alerta crítica proviene del pago de intereses de la deuda pública, que en los últimos cinco años aumentó más del doble hasta superar 3 por ciento del PIB. Se trata de un nuevo récord para EU y del aumento más marcado hasta alcanzar el nivel más alto entre las principales economías desarrolladas. La creciente inquietud por las finanzas públicas, junto con otros factores como el fuerte aumento de los precios de la energía, presionó al alza los rendimientos de los bonos gubernamentales en todo el mundo. Este entorno de tasas elevadas también hace que se vuelva más caro el financiamiento de las empresas de IA, que representan la mayor parte de las nuevas emisiones de deuda corporativa.

Ya he argumentado que el auge de la IA presenta muchas de las características de una burbuja, pero que seguirá inflándose hasta que las tasas de interés alcancen niveles prohibitivos. Mi investigación sugiere ahora que el indicador clave a vigilar es la rentabilidad de los bonos del Tesoro de EU a 10 años, la referencia mundial para los costos de financiamiento a largo plazo, que hoy se sitúa en 4.8 por ciento. Cuando supere 5 por ciento, el límite superior de su rango desde la época de las puntocom, la burbuja de la IA puede estallar.

Dicho umbral marcaría el inicio de una nueva era de condiciones monetarias más restrictivas, en la que resultará más difícil financiar los megaproyectos de inteligencia artificial. Cuando las grandes compañías de tecnología tengan que competir por capital con un Estado que paga más de 5 por ciento de rentabilidad por sus bonos —lo que equivale a un rendimiento real superior a 2.5 por ciento luego de ajustar las expectativas de inflación— muchas de ellas se verán desplazadas de los mercados de deuda.

Se estima que los ingresos anuales derivados del uso de la IA rondarán 200 mil millones de dólares este año, una cifra que representa una fracción del billón de dólares que las empresas están invirtiendo en centros de datos y otro tipo de infraestructura. Las compañías del sector de la IA dependen de nuevas emisiones de bonos y acciones para cubrir este déficit, y una rentabilidad del bono a 10 años superior a 5 por ciento frenará ambas vías de financiamiento. Un rendimiento tan alto superará la rentabilidad por beneficios del mercado de valores estadunidense, un factor que históricamente actúa como viento en contra para las acciones.

Si el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se sigue por encima de 5 por ciento, la tasa que Estados Unidos paga por su deuda superará la tasa de crecimiento nominal esperada de su economía, lo que hará que la deuda sea menos sostenible.

El ritmo del aumento también es importante. Si supera el nivel de 5 por ciento para noviembre, el rendimiento a 10 años habrá aumentado más de 75 puntos básicos en seis meses. Históricamente, repuntes tan pronunciados ponen fin a los mercados alcistas.

Algunos analistas dicen que esto será el regreso a una época como la de los años 90, caracterizada por un fuerte crecimiento económico y buenos rendimientos en el mercado de valores, con el rendimiento a 10 años por encima de 5 por ciento durante todo el periodo. Sin embargo, en ese entonces dependía mucho menos del endeudamiento. La década concluyó con un superávit gubernamental, mientras que desde entonces el déficit se disparó. La deuda pública casi se triplicó, alcanzando ciento por ciento del PIB. Como resultado, los costos del servicio de la deuda son ahora mucho más elevados. El aumento de los costos de financiamiento público presionará antes a otros solicitantes de préstamos y afectará con mayor dureza a los mercados de IA.

Otros advierten que la carga de la deuda puede socavar el estatus de superpotencia y desplazar al dólar como moneda de reserva mundial. Este tipo de pronósticos resulta prematuro, dado que los principales rivales se enfrentan a retos similares en materia de deuda. Por ahora, lo que requiere vigilancia es la rapidez con la que el rendimiento de los bonos a 10 años supere el 5 por ciento y la amenaza que esto representa para la IA.

El autor es presidente de Rockefeller International. Su libro más reciente es What Went Wrong With Capitalism


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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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