Internacional
  • Abelardo de la Espriella: el abogado de mafiosos que llegó al poder en Colombia

El presidente electo de Colombia llega al poder en medio de polémicas y detractores | Mauricio Ledesma

‘El Tigre’ pasó de defender a jefes paramilitares a gobernar Colombia con la promesa de enfrentar con mano dura a la delincuencia. Pero el origen de su fortuna deja regada una lista de interrogantes.

DOMINGA.– Abelardo de la Espriella ruge detrás de un vidrio blindado. “Hoy más que nunca estamos firmes por la patria”, dice desde la tarima en la que vino a celebrar su victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, vestido con la camisa amarilla de la selección de su país, convertida en la marca de reconocimiento de sus seguidores.

“Comienza la patria milagro”, agrega con el puño en alto en esta homilía, más cercana a una prédica evangélica que a un mitin político, en la que prometió “ser el presidente de todos los colombianos”. Es domingo 21 de junio de 2026 y el hombre que hasta hace unos meses era cuestionado de ser un destacado abogado de narcotraficantes y paramilitares, además de un cantante de ópera histriónico, acaba de ser elegido como presidente, con 49.66% de votos escrutados contra 48.70% su rival Iván Cepeda, en un preconteo que ya fue apelado por el gobierno.

Más allá de lo local, es una nueva ficha que se suma a la ola de dirigentes ultraderechistas que arrasa en el continente bajo el paraguas de Donald Trump. Y a la fecha, medio país aún se pregunta cómo es que sucedió esto.

Antes de ser presidente electo de Colombia, fue abogado de narcotraficantes
Como otros mandatarios de ultraderecha, Abelardo de la Espriella adoptó como distintivo un felino | Especial
“Lo que produjo Abelardo fue un fenómeno que también han trabajado en otras campañas: el espectáculo”, explica el analista argentino Ángel Beccassino, quien en 2012 publicó La pasión del defensor (Ediciones B), un libro sobre él. “Tiene oficio, viene de ser un abogado litigante. El escenario del derecho penal es un escenario que se presta para la dramaturgia y él ha sabido manejar eso [...]. Ahora encontró un escenario que le ha funcionado quizá como ni se lo hubiera imaginado”, dice al referirse a los shows de luces y sonidos que fueron sus eventos de campaña, así como a la simplicidad del mensaje que supo compartir –su programa cabe en unas pocas páginas– y a su exitosa campaña digital que inundó las redes sociales.

Desconocido del gran público hasta hace un par de meses, De la Espriella rompió en poco tiempo todos los pronósticos con una sutil mezcla de estrategias calcadas de otros referentes de la derecha continental.

Del argentino Javier Milei, apodado El León, copió la marca de fábrica –el colombiano se hace llamar El Tigre– y las propuestas económicas neoliberales que buscan reducir el Estado a su mínima expresión a través de una “motosierra”, explica la internacionalista Sandra Borda. 

Del salvadoreño Nayib Bukele, tomó la promesa de manejar a la delincuencia con mano dura al costo que sea necesario, el estilo –hasta la barba–, así como el amor por las megaprisiones. Y de Donald Trump, la capacidad de ocupar el espacio público con todo tipo de promesas y declaraciones, falsas o verdaderas; así como una agresividad desmedida para sus adversarios que inquieta en un país que ha vivido una buena parte de su historia en guerra interna.


Esto, en cuanto al animal político. Pero para entender de dónde viene el abogado que supo elevarse tan rápidamente hay que volver veinte años atrás, a un auditorio universitario ubicado en Santa Fe de Ralito, departamento Córdoba, en el norte de Colombia, en 2006, sede de las negociaciones entre el gobierno y los paramilitares de extrema derecha.

De la mano del paramilitarismo

Miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupo paramilitar de extrema derecha, montan guardia en un puesto en San Rafael de Rialito| AFP
Miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupo paramilitar de extrema derecha, montan guardia en un puesto en San Rafael de Rialito| AFP


Ese 2006, De la Espriella –entonces un abogado de 27 años– lideraba la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz), que impulsaba un referendo para prohibir la extradición de paramilitares que cometieron todo tipo de delitos en su lucha contra las guerrillas.

Cientos de estudiantes, con transporte y hospedaje pagados, fueron llevados hasta allí a escuchar hablar a los jefes paramilitares. Un boletín de la época, del que se sospecha fue escrito por el propio abogado, describió así el ambiente: De la Espriella “robó aplausos de la multitud, ah, y más de un suspiro entre las universitarias”.

Entonces, el joven costeño –nacido en la andina Bogotá pero criado en la ciudad de Montería– se convirtió de pronto en “el abogado mejor pagado de Colombia”, según relató el periodista Daniel Coronell en su columna de la revista Semana. La razón: su firma, pequeña y casi sin trayectoria, recibió una comisión de 800 mil dólares por menos de un mes de trabajo en la licitación del aeropuerto El Dorado de Bogotá. Una tarifa muy por encima de lo que cobraban bufetes con décadas de prestigio, por parte de un conglomerado en el que eran socios empresarios con familiares vinculados al paramilitarismo, que en 2026 nuevamente lo respaldaron públicamente y con su maquinaria electoral.


Para ese entonces, Abelardo no escondía su cercanía con el paramilitarismo. “[Salvatore] Mancuso [uno de los principales jefes paramilitares] es mi paisano y se echó a espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses”, dijo. Y fue más allá: “En el lugar de él, yo habría hecho lo mismo: me han querido señalar como ‘paraco’, pero [...] si me hubieran querido matar y extorsionar, habría sido ‘paraco’ de verdad, con uniforme y con fusil”.

Aunque Fipaz llegó a ser calificada formalmente de “brazo ideológico de las autodefensas” –responsables de cientos de masacres en Colombia, según el Observatorio de Memoria del Conflicto y de traficar toneladas de cocaína–, De la Espriella, su presidente, siempre salió bien librado en los tribunales de las acusaciones que pesaron en su contra. Aún así, su rival, el candidato de izquierda Iván Cepeda, lo denunció en plena campaña ante la Corte Penal Internacional por presunto enriquecimiento ilícito y financiación del terrorismo, alegando falta de pericia en las investigaciones de la época por parte de un fiscal general señalado de tener nexos con los paramilitares, que habría ayudado a cerrar el caso.

El outsider que viene de las élites de Colombia

El candidato presidencial colombiano del movimiento Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella, se dirige a sus seguidores tras un cristal blindado
El candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella durante su victoria en el monumento Ventana al Mundo en Barranquilla. | AFP


Aún así, durante la campaña electoral, De la Espriella se presentó como el representante de “los nunca” frente a “los de siempre”, un hombre del pueblo contra las élites. Somos “los que nunca nos hemos robado un peso de la plata pública; los que nunca hemos dejado de trabajar; los que nunca hemos pedido nada regalado; los que nunca hemos vivido del Estado; los que nunca le hemos mentido al pueblo”, dijo en un evento público, en marzo de 2026.

Pero lo que no mencionó es que antes de lanzarse como independiente a la presidencia, tocó la puerta del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe –el líder histórico de la derecha dura colombiana–, que le cerró el paso y que el abogado niega. Y cuando llegó a la segunda vuelta, esa misma clase política tradicional lo terminó respaldando casi en bloque. Tampoco dijo, cuestiona la prensa colombiana, que su bufete jurídico recibió el equivalente de más de quince millones de pesos mexicanos en contratos estatales.

La razón de eso puede encontrarse en su biografía. Su padre fue nombrado notario de la ciudad de Cartagena por el propio Uribe, en los años en que las Autodefensas se expandían sobre tierras despojadas a campesinos masacrados y desplazados. Su madre proviene de una familia ganadera de Córdoba con vínculos políticos locales que incluyen a la política Eleonora Pineda, condenada por parapolítica, según lo reconoció él mismo. Y de joven, De la Espriella compartió colegio y círculo social en Montería con Salvatore Mancuso, antes de que este se convirtiera en uno de los jefes más sanguinarios de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). “Conozco a Abelardo desde que somos muchachitos, seguimos siendo amigos", declaró en 2026 Mancuso.


En ese sentido, más que un fenómeno nuevo en la política colombiana, el abogado que también tiene nacionalidad italiana y estadounidense es el heredero de un poder muy antiguo: el de los terratenientes y ganaderos del Caribe que ya impusieron a Uribe en 2002 con un discurso de mano dura contra las guerrillas.

El politólogo Yann Basset, de la Universidad del Rosario, lo resume con una paradoja: “Es un outsider en el sentido de que no ha tenido ningún mandato electoral antes. Es la primera vez que se presenta a unas elecciones. Dicho esto, es parte de las élites del país”.

El regreso de la guerra en Colombia

Elementos de las Autodefensas Unidas de Colombia (Reuters)
Elementos de las Autodefensas Unidas de Colombia | Reuters


Si el nuevo presidente cristaliza tantas tensiones, más allá de su pasado oscuro, es también porque ofrece un regreso al poder que inquieta a sus rivales. Desde el acuerdo de paz firmado con las FARC en 2016, y sobre todo desde la llegada al poder de Gustavo Petro –primer presidente de izquierda– en 2022, Colombia vivió algo inédito en su historia reciente: una agenda mediática que puso en el centro del debate temas que no estaban relacionados exclusivamente con la guerra. La reforma agraria, la salud, el salario mínimo –que Petro subió 23% en 2026, contra la oposición frontal del empresariado– ocuparon, por primera vez en décadas, el lugar que casi había sido monopolio de la seguridad.

Sin embargo, durante su mandato también creció una violencia que ha vuelto a escalar en la medida en que el Estado ha sido incapaz de ocupar los lugares dejados vacantes por la guerrilla en las fronteras del país. Gustavo Petro apostó por una estrategia de “paz total” consistente en negociar de manera simultánea con todos los grupos armados que sobrevivieron al acuerdo de 2016 –disidencias de esa misma guerrilla, rebeldes del ELN, y estructuras neoparamilitares como el Clan del Golfo–, en lugar de combatirlos. La apuesta fracasó: lejos de desmovilizarse, esos grupos se fortalecieron hasta sumar cerca de 27 mil hombres en armas, según cifras de la Fundación Ideas para la Paz.


Ese fue el tren en el que se montó Abelardo de la Espriella para acusar a Petro de entregarle el país a las guerrillas y a su delfín Iván Cepeda de ser el representante de las FARC y del “narcoterrorismo”. Su promesa de “destripar a la izquierda” hecha al inicio de su campaña deja aún flotando la pregunta de a quién, exactamente, piensa combatir con tanta saña en un país en el que la izquierda política fue masacrada en una ola de violencia en la que cayó precisamente el padre de Iván Cepeda, el senador comunista Manuel Cepeda.

El abogado penalista propone “finalizar cualquier negociación con los grupos armados y volver a una política de mano dura”, explica Basset, en un momento en el que el país atraviesa su peor crisis humanitaria en una década, según la Cruz Roja. Para eso, pudo contar con el apoyo decidido de Donald Trump, quien lo felicitó en en la red Truth Social tras la primera vuelta y declaró abiertamente que respaldaría su llegada a la presidencia. “Fue una abierta intromisión en el proceso electoral colombiano”, señala Borda.

El Tigre es un hombre de paradojas

Abelardo de la Espriella gana las elecciones de Colombia 2026. | Abelardo de la Espriella en X
Abelardo de la Espriella gana las elecciones de Colombia 2026. | Abelardo de la Espriella en X


Abelardo de la Espriella atribuye su riqueza a los cuantiosos honorarios que cobra a sus clientes.
“El mejor cliente es el cliente que está preso o que está en problemas graves, porque ese cliente está dispuesto a pagar lo que sea con tal de zafar de su problema grave”, le confió alguna vez a Beccassino. Pero existen acusaciones más graves en su contra sobre el origen de esa fortuna.

Juan Carlos El Tuso Sierra, excontador de las AUC, lo acusó a finales de 2007 de pedirle 4 mil millones de pesos colombianos (alrededor de un millón de dólares al cambio de hoy) a jefes paramilitares para incidir en magistrados de la Corte Constitucional. Y si bien el propio Tuso Sierra se retractó después, asegurando que sólo le pagó honorarios, no es el único cliente que lo señala por malas prácticas. David Murcia Guzmán, fundador de la pirámide DMG que estafó a cientos de miles de colombianos, lo acusó de haberle pedido el equivalente de unos 3.8 millones de pesos mexicanos para “tocar” a congresistas antes de abandonarlo cuando quiso entregarse a la Fiscalía. “Es un ladrón, un traicionero, me dejó tirado”, dijo Murcia.

Más paradójico aún es el caso de Alex Saab, el empresario colombo-venezolano acusado de operar como testaferro de Nicolás Maduro y de saquear a ese país. Mientras De la Espriella fustigaba públicamente a la izquierda colombiana, mantenía una relación profesional —y, según dice el propio Saab, de amistad— con uno de los hombres señalados de organizar el saqueo de la comida de los más pobres en plena crisis económica venezolana. Al respecto, De la Espriella enfatiza que realizaba su trabajo de abogado y que todo el mundo tiene derecho a una defensa. Según investigó Daniel Coronell para Cambio, el litigante recibió al menos 370 mil dólares por esos oficios.


​“Es curioso que ahora se posicione como alguien muy cercano a Estados Unidos en su lucha contra el narcotráfico, pero lo cierto es que buena parte de su carrera la ha dedicado a defender a quienes tienen nexos bastante creíbles con estas actividades”, ironizó al respecto el exministro de Comercio de Petro Luis Reyes, en una entrevista para DOMINGA. Lo cierto es que Trump, quien indultó al expresidente hondureño condenado por narcotráfico Juan Orlando Hernández, no parece ser alguien muy preocupado por los antecedentes de los dirigentes que se unen a su causa en el continente.

El pasado no existe

Elecciones de Colombia
El fantasma de su cercanía con líderes y grupos paramilitares de Colombia persiguen la carrera política de El Tigre | AP


Como apuntó la BBC, ninguna de las acusaciones en su contra han sido probadas judicialmente, ni en Estados Unidos ni en Colombia.

Pero en general, Abelardo de la Espriella no responde bien cuando alguien intenta escarbar su pasado. En 2018, el analista y ahora senador de la Alianza Verde (del centro político) Ariel Ávila lo confrontó al respecto en vivo en la cabina de W Radio. La discusión escaló rápidamente a gritos: De la Espriella lo llamó “imbécil”, “farsante” y “cobarde”, en un cruce que quedó grabado y circuló ampliamente, en el que intervino uno de sus guardaespaldas. No fue un caso aislado: la Fundación para la Libertad de Prensa ha registrado desde 2018 catorce actuaciones judiciales contra periodistas. Mientras que el portal político La Silla Vacía contó más de 100 denuncias por injuria y calumnia.


El asunto es que ese pasado tiene repercusiones muy directas en el presente de todo el continente. Si bien las AUC se desmovilizaron y sus principales cabecillas fueron extraditados a Estados Unidos –algunos han comenzado a devolverse a Colombia–, los remanentes de estos grupos mutaron hasta conformar –entre otros– el poderoso Clan del Golfo de hoy. Una poderosa estructura que cuenta con más de 9 mil 800 hombres, según la Fundación Ideas para la Paz, y que se reclama un estatuto político al autodenominarse Autodefensas Gaitanistas de Colombia, mientras controla zonas de minería ilegal, tráfico de migrantes y regiones del Caribe por las que salen por mar y tierra toneladas de coca, como lo hacen las guerrillas en otras regiones.

La inquietud, en todo caso, recorre todo el espectro político, más allá de la izquierda y del centro. En una columna publicada antes de las elecciones en El Colombiano, Rafael Nieto, exviceministro de Interior y Justicia de Álvaro Uribe, se preguntaba acerca de Cepeda y De la Espriella: “un país que ha sufrido por décadas la violencia del narcotráfico y ha puesto centenares de miles de muertos, ¿merece tener abogados del narcotráfico como presidentes de la República?”. Consultados para este reportaje por correo y WhatsApp, ni el presidente, ni su campaña, ni sus asesores cercanos quisieron contestar a las preguntas formuladas. Sabremos la respuesta en cuatro años.


GSC/ATJ

Google news logo
Síguenos en
Diego Legrand
  • Diego Legrand
  • Periodista franco-mexicano. A sus 35 años vive viajando de coyuntura en coyuntura entre varios países de centro y Sudamérica. Investiga y narra lo que no está siendo suficientemente visibilizado.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.