Los gobiernos de la izquierda latinoamericana llegan a la Movilización Global Progresista con la intención de buscar soluciones al avance internacional de las fuerzas conservadoras, y lo hacen mostrando un músculo ensombrecido por las acciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Mientras México, Brasil, Colombia, Uruguay y Guatemala gobiernan al 63 por ciento de la población y detentan el 66 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina, los 12 países de derechas que integran el Escudo de las Américas administran el destino de 22 por ciento de los habitantes.
Además, concentran el 23 por ciento del valor monetario total de los bienes y servicios de la región.
Si fuera un partido de futbol, el resultado sería: ‘Izquierdas 6, Derechas 2’, pero el protagonismo del presidente estadunidense ha dejado en segundo plano la fuerza que, aunque herida, aún detentan los gobiernos de la izquierda latinoamericana.
Popularidad de presidentes de Izquierda
Una tercera ventaja es la popularidad de los mandatarios zurdos más visibles: la mexicana Claudia Sheinbaum llegará al encuentro de Barcelona con una aprobación del 71 por ciento; el brasileño Luis Inácio Lula Da Silva con 51 por ciento; y el colombiano Gustavo Petro con 49 por ciento.
En cambio, los derechistas más notorios tienen índices modestos de aceptación: el argentino Javier Milei cuenta con la confianza del 36 por ciento de sus gobernados y el chileno José Antonio Kast ha caído al 42 por ciento. Sólo el salvadoreño Nayib Bukele supera el 70 por ciento de respaldos.
El optimismo de las izquierdas se alimenta con la reciente derrota en Hungría de la extrema derecha representada por Viktor Orbán, líder del partido Fidesz, que tras 16 años en el poder cedió ante Tisza, partido de centroderecha moderada encabezado por el ex Fidesz, Péter Magyar; y la apertura de una ventana en el contexto de una profunda inestabilidad en el Perú.
La página web del evento internacional plantea que “ante la grave crisis mundial, la Movilización Global Progresista (MGP) ofrece una alternativa necesaria a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha.
“Esta plataforma busca visibilizar y dar credibilidad a las soluciones progresistas, demostrando que son la clave para la prosperidad de la humanidad. Uniendo regiones y generaciones, defenderemos la democracia y promoveremos la justicia social”.
Más de 100 líderes de izquierda de 40 países se reunirán en Barcelona, España, los días 17 y 18 de abril de 2026, “para la primera edición de la Movilización Global Progresista, con el objetivo de transformar la convicción en acción y la ambición en resultados”.
Sheinbaum va a la cumbre de Barcelona
La presidenta Claudia Sheinbaum se reunirá en Barcelona con sus homólogos de Brasil, Colombia, España y Uruguay, en un foro que pretende coordinar y confrontar el desafío de la ola ultraconservadora encabezada por Trump.
El mandatario estadunidense ya reunió en Miami, el 7 de marzo, a los integrantes de un bloque propio: el Escudo de las Américas, con gobernantes de 12 países.

Pero aunque son más que los de izquierdas, el balance demográfico y económico todavía favorece con distancia a estos últimos, que gobiernan a seis de cada 10 latinoamericanos y concentran dos terceras partes del Producto Interno Bruto regional, en tanto que los miembros del Escudo apenas superan la quinta parte en población y PIB.
Otro país mediano, Perú, está en la línea de flotación porque de último momento el izquierdista Roberto Sánchez apunta a ganar la opción de enfrentar a Keiko Fujimori en la segunda vuelta del 7 de junio.
Pero quien quiera que triunfe deberá superar, además, el caos sistémico por el que su país elige al presidente número 11 en 10 años. De vencer, Sánchez debería gobernar con un Congreso dominado por los mismos partidos que derrocaron a su referente, Pedro Castillo.
Los comicios venideros en Colombia el 31 de mayo, y en Brasil el 4 de octubre, podrían energizar el retorno pendular a la derecha. También podrían detenerlo de un golpe para preservar la hegemonía de izquierdas. O bien, podrían ofrecer un resultado parcialmente mixto, cuyo color predominante dependería de lo que pase en Brasil.
Siendo el mayor país de la región, con México suman más de la mitad de la población y del PIB. Por lo tanto, si logra reelegirse el presidente actual, Luiz Inácio Lula da Silva, brindaría la hegemonía de la izquierda hasta 2030, cuando habría comicios en ambos países.
Su derrota, no obstante, sería fatal para esa tendencia política.
Derechas con problemas de antipatía
El referente iberoamericano es sin duda Claudia Sheinbaum, quien, a pesar de las presiones de Trump, ha mantenido niveles de popularidad inusitados, por encima del 70 por ciento.
Después de ella, ningún mandatario de izquierdas goza de una aprobación envidiable: sólo Lula llega al 51 por ciento, seguido de muy cerca por el colombiano Gustavo Petro con 49 por ciento.
Mientras tanto, el madrileño Pedro Sánchez resiste contra viento y marea con un exiguo 42 por ciento, gracias a una paradoja: las distintas derechas no pueden convivir porque el ultranacionalismo español de Vox es incompatible con los nacionalismos de los conservadores catalanes y vascos, por lo que estos se ven empujados a aliarse con el dominante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y una diversidad de izquierdas.
Sin embargo, su mayoría es exigua y sólo la habilidad malabarista del presidente ha logrado superar varios momentos en que se lo dio por perdido.

¿Qué pasa con la derecha?
Mal de muchos es la impopularidad, pues les está yendo peor a sus homólogos de derechas, cuyos referentes, el argentino Javier Milei y el chileno José Antonio Kast, pasan por momentos muy malos.
El primero se desplomó a 36 por ciento, tras haber ganado las elecciones legislativas de octubre, debido a escándalos de corrupción, un fuerte crecimiento del desempleo y diversas decisiones que golpearon a la clase media.
El segundo teóricamente tiene tiempo de reponerse porque faltan casi cuatro años para las próximas presidenciales, pero la novedad de su mandato es también su problema por la velocidad con la que el apoyo se le escurrió entre los dedos:
Apenas tomó el cargo en marzo, sus duras medidas económicas –la histórica subida de 38 por ciento en el precio de la gasolina y de 60 por ciento en el del diesel–, y su anuncio de la reducción de impuestos a las mayores fortunas, provocaron que en sólo 14 días cayera 17 puntos en aprobación, al pasar de 59 a 42 por ciento.
La antipatía por Trump también ha aumentado más de 16 por ciento desde que tomó posesión.
La guerra en Irán, los problemas económicos domésticos y sus políticas migratorias lo tienen en un suelo histórico, con 56.4 por ciento de desaprobación frente a un 39.7 por ciento de respaldos –según la concentradora de encuestas Silver Bulletin–, una circunstancia que apunta a que el Partido Republicano perdería la mayoría en la Cámara de Representantes en el próximo noviembre.
América Latina: el péndulo en juego
Petro, en cambio, ha estado subiendo en Colombia en periodo electoral. De un 35 por ciento en marzo de 2025, brincó a 49 por ciento un año después, con lo que logró superar la desaprobación después de tres años de calvario.
Su candidato, Iván Cepeda, lleva ventaja para ganar la primera vuelta electoral el mes que viene, con 37 por ciento, mientras que el derechista Abelardo de la Espriella tiene un 23 por ciento.
Pero nada queda asegurado en Colombia porque, hacia la segunda vuelta del 21 de junio, el segundo sitio buscaría el apoyo del tercer puesto, la también derechista Paloma Valencia, que Cepeda deberá compensar con alianzas en el centro y el centro-izquierda.

En Brasil, las cosas se van complicando porque, aunque el presidente Lula sigue liderando los sondeos hacia su reelección, el hijo de su antecesor, Flávio Bolsonaro, ha logrado recortar distancias, de 13 a 7 puntos de desventaja.
Probablemente, ambos tendrán que medirse en segunda vuelta, el 25 de octubre, en la justa electoral que mantendrá en vilo a las izquierdas y derechas del continente.
En la cumbre en Barcelona, los gobernantes progresistas buscarán no sólo alcanzar la coordinación que no ha habido en los últimos años, sino también proyectar una imagen de resiliencia, futuro y liderazgo que les dé impulso a sus aliados en Brasil y Colombia… y también al atribulado anfitrión Pedro Sánchez.
RM
Fact checking: JRH
