Visitar la Fontana di Trevi, en el centro de la capital italiana, quería decir hasta hace poco tiempo, tener que abrirse paso a codazos entre la multitud, correr el riesgo de ser robados por carteristas o de resbalar con alguna cáscara de fruta tirada al suelo por quienes no respetaban la prohibición de comer en el lugar.
Construida en el siglo XVIII, la fuente más famosa del mundo es una de las metas predilectas de millones de turistas al año y en un intento de regular el caótico flujo humano, el ayuntamiento local ha decidido cobrar dos euros por la entrada al icónico monumento.
La iniciativa, que entró en vigor el 2 de febrero, apunta a recabar al menos seis millones de euros anuales, que serán destinados en su totalidad al mantenimiento y protección de la fuente, así como de otros sitios históricos, dijo a los medios, el asesor de turismo del ayuntamiento romano, Alessandro Onorato.
Explicó que la tarifa se aplica exclusivamente a turistas y no residentes, mientras que los habitantes de Roma podrán acceder gratis —presentando un documento de identidad— al “catino” o cuenca frontal de la fuente para lanzar la tradicional moneda que, según la tradición, garantiza el retorno a la ciudad eterna, o simplemente para hacerse selfies.
Es decir, ver el monumento desde la plaza sigue siendo gratis pero descender a su nivel, lanzar la moneda y hacerse la foto ya no lo es.
“Se trata de un cobro simbólico”, aseguró Onorato, según el cual, “si la Fontana estuviera en Nueva York cobrarían 100 dólares”.
De lunes a viernes, el horario de pago va de las 11:30 a las 22:00 horas, mientras que los fines de semana de las 09:00 a las 22:00 horas, con último acceso a las 21:00 horas. Fuera de ese horario el acceso es gratuito para todos.
El balance de la primera semana
Durante la primera semana de cobro, en temporada baja y que estuvo caracterizada por el mal tiempo (lo que redujo la cantidad de turistas), hubo un total de 44 mil 143 visitantes, a los que se sumaron casi seis mil boletos vendidos on line, para llegar a casi 50 mil personas, informó el asesor de cultura del ayuntamiento romano, Massimiliano Smeriglio.
Dijo que de ese total, 42 mil personas pagaron el boleto de entrada (pues también están exentos los niños menores de 6 años, así como los discapacitados y acompañantes), logrando ingresos al ayuntamiento por casi 85 mil euros.
Por su parte, Onorato resaltó que antes del cobro del boleto, la fuente era uno de los lugares más abarrotados, con aglomeraciones sistemáticas, una alta presencia de carteristas y a la que los turistas entraban con alimentos e, incluso, había personas que se lavaban los pies en la fuente.
“Antes había solamente caos, era una experiencia absurda para los turistas, con botellas tiradas en el piso, comida dentro del agua… era uno de los lugares que tenía mayor número de carteristas de toda la ciudad. Hoy es un modelo de funcionamiento: quien quiere ver la fuente de cerca lo puede hacer con calma, sin ser empujado, puede admirar verdaderamente el monumento y con un boleto económico contribuye a salvaguardar los monumentos de Roma”, dijo.
Regular el turismo
Más que recabar fondos, el cobro de entrada al monumento busca, entonces, regular el overtourism (turismo excesivo) y los flujos masivos de personas que han aumentado significativamente tras la pandemia del Covid, lo que hace que en temporada alta (los meses de verano) hasta 70 mil personas al día se aglomeren en la Fontana di Trevi.
De acuerdo con datos del ente de Turismo local, en 2025 hubo un total de 22.9 millones de turistas en Roma (frente a 185 millones en toda Italia), lo que significó un aumento de 3.4 por ciento respecto a 2024, año que ya había roto los récords precedentes.
Diseñada en estilo barroco por el arquitecto Nicola Salvi, que tras ganar un concurso inició su construcción en 1731, la Fontana de Trevi fue completada por Giuseppe Pannini e inaugurada en 1762 por el papa Clemente XIII en el lugar donde existía un afluente del acueducto de Acqua Vergine, uno de los más antiguos de Roma (abierto en el año 19 antes de Cristo por el general Marco Vespasiano Agripa, yerno del emperador Octaviano Augusto).
El nombre de Trevi deriva del hecho de que la fuente se ubicaba en el cruce de las Tres Vías (Tre Vie en italiano), donde hoy se encuentra la plaza del mismo nombre en el centro histórico de Roma.
Más de un millón de euros anuales
Todos los días miles de turistas cumplen el rito de lanzar monedas a la fuente, pues de acuerdo con la tradición, el lanzamiento de una moneda significa que se regresará a la llamada ciudad eterna; el de dos, que se encontrará el amor y el de tres, que se contraerá matrimonio.
Según algunos, el ritual fue iniciado en el siglo XVIII por el arqueólogo alemán Wolfgang Helbig, mientras que para otros en realidad tiene orígenes en la antigua Roma, cuando sus ciudadanos acostumbraban lanzar monedas al agua de ríos, lagos o fuentes para congraciarse con los dioses.
Al menos tres veces a la semana las monedas son recogidas por empleados de la Empresa Municipal de Energía y Ambiente (ACEA, por sus siglas en italiano), mientras agentes de la policía evitan todos los días que el dinero sea robado. Los recursos son destinados a la organización de beneficencia Cáritas, que los usa para proyectos de ayuda a los más necesitados.
De acuerdo con el director de la sección romana de Cáritas, Giustino Trincia, más de un millón de euros se recogen anualmente de la fuente, aunque en 2022 se rompió el récord y se recabaron un millón 433 mil euros.
Presencia en el séptimo arte
Protagonista de una de las escenas más famosas del cine mundial: La Dolce Vita (1960), de Federico Fellini, en la que la actriz Anita Ekberg se mete al agua invitando a hacer lo mismo al personaje interpretado por Marcello Mastroianni, la Fontana di Trevi también aparece en filmes como Nos amábamos tanto (1974) de Ettore Scola; Risate di Gioia (1960), de Mario Monicelli; Three Coins in the Fountain (1954), de Jean Negulesco; Roman Holiday (1953), de William Wyler o To Rome with Love (2012), de Woody Allen.
Polémica por el cobro
El pago de boleto de entrada a la Fontana di Trevi y a otros monumentos no ha gustado sin embargo a todos. Pocas horas después de que entrara en vigor la medida, con la instalación de una valla entre la plaza y el “catino” o cuenca frente a la fuente y los accesos controlados, la polémica se difundió por las redes sociales entre detractores y sostenedores del cobro.
“El problema fundamental del boleto para entrar a la Fontana di Trevi es que se trata de un lugar público y abierto. Por eso no es cierto que la medida es en beneficio de los romanos que no pagan, son los romanos que están renunciando a una plaza que será completamente desnaturalizada y desfigurada”, dijo Isabella Ruggiero, presidenta de la Asociación de Guías Turísticos Habilitados (AGTA, por sus siglas en italiano), el más grande sindicato de guías turísticos de Roma.
Resalta que el monumento fue creado en compenetración de la plaza, por lo que si se divide con una valla “se mata toda la obra”.
Para Simona Campus, curadora de arte, el cobro de entrada a la Fontana di Trevi se enmarca en un cuadro más amplio de contraste al overtourism, que también afecta a ciudades como Florencia, Venecia y la isla de Capri.
“No son suficientes dos euros para reglamentar el acceso a nuestro patrimonio. Sirve una revisión estructural del modelo turístico capaz de encontrar un equilibrio entre uso, sustentabilidad y respeto del bien común, evitando desnaturalizar la identidad urbana”, opina.
Por su parte, el empresario Claudio Lauretti, quien creó la asociación Nosotros con Trump —de apoyo al presidente de Estados Unidos— ha llamado a detener la tendencia a “mercantilizar el patrimonio artístico y cultural” italiano.
“Hoy oscurecen la Fontana di Trevi, mañana harán lo mismo con el Coliseo o la Plaza Navona”, denunció a través de las redes sociales y lanzó una petición para reunir al menos 50 mil firmas en la plataforma Change.org contra el cobro.
rdr