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Una amistad a prueba de trámites: Sam, héroe canino, lucha contra los escombros de la burocracia para pasar sus últimos días en un hogar digno

David confía en que el fuerte vínculo sentimental construido con su ex compañero de trabajo toque el corazón de los regidores para permitir que Sam pase sus últimos años en su rancho

El segundo oficial de Bomberos de Guadalajara, David Alvarado Núñez, está a dos años de concluir su carrera de casi tres décadas de servicio, pero su mayor anhelo es que, explicó a MILENIO, al momento de su retiro, pueda llevarse a vivir con él a Sam, un labrador de 12 años que fue su binomio durante años y que actualmente se encuentra jubilado por los achaques de la edad.

Sam, que participó en rescates internacionales como el de Haití y en emergencias nacionales como el colapso de la plaza Midtown en 2016, es propiedad municipal, por lo que su futuro depende de una autorización del cabildo tapatío.

David confía en que el fuerte vínculo sentimental construido con su ex compañero de trabajo toque el corazón de los regidores para permitir que Sam pase sus últimos años en su rancho, donde ambos puedan disfrutar de una merecida jubilación juntos.

Con una década de experiencia en el entrenamiento de perros de rescate, el segundo oficial de Bomberos de Guadalajara compartió los secretos detrás de la preparación de estos binomios caninos que han salvado innumerables vidas.

Sam, 12 años de servicio

A sus 12 años, Sam camina con lentitud. Los achaques de la edad le han robado la rapidez que alguna vez tuvo y su olfato ya no es el de antes. Pero cuando alguien le lanza una pelota, ahí va, semirrengueando y emocionado, como si el tiempo no hubiera pasado. Todavía quiere jugar. Todavía quiere ser perro.

Este labrador dorado, que hoy descansa en la base cuatro de Bomberos de Guadalajara, no es un animal cualquiera. Es un veterano de desastres internacionales. Sus patas han caminado sobre los escombros de Haití y de la Ciudad de México, buscando vida entre el concreto derrumbado. Ha olido la tragedia en el aire y ha respondido con ladridos que, para los rescatistas, significan esperanza.

El segundo oficial de Bomberos compartió los secretos detrás de la preparación de estos binomios caninos; busca retirarse con su fiel compañero
El proceso de entrenamiento de los caninos lleva entre 18 y 24 meses (Foto: Fernando Carranza)

El segundo oficial de Bomberos de Guadalajara y su manejador durante casi una década recuerda con especial nitidez un servicio ocurrido en diciembre de 2016.

Fue en la construcción de la plaza Midtown, en el cruce de López Mateos y Colomos. Tras un colapso de trabes, las listas de empleados indicaban que no faltaba nadie. Días después, una familia llegó buscando a un trabajador desaparecido.

“Se activaron los protocolos de búsqueda. Yo voy con el perro Sam y, vaya, abajo de varias toneladas de material se encontraba el cuerpo ya de una persona con dos o tres días de evolución”, narra David con nostalgia.

Sam hizo su trabajo: encontró lo que nadie más podía encontrar, dio certeza a una familia y demostró, una vez más, por qué estos binomios son insustituibles.

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Un nuevo capítulo para un rescatista

Hoy, la historia de Sam enfrenta un nuevo capítulo, quizá el más importante de su vida.

David está a dos años de jubilarse y su mayor anhelo es que Sam, actualmente considerado “propiedad municipal”, pueda irse con él a su rancho. No lo ve como un activo fijo o un bien mueble; lo ve como un miembro de su familia.

El hermano de Sam, también rescatista, falleció hace tres años y sus restos descansan en la base de bomberos, un honor reservado para héroes de cuatro patas. Sam merece otro destino: morir bajo la sombra de un árbol, al cuidado de la mano que siempre lo guió.

El segundo oficial de Bomberos compartió los secretos detrás de la preparación de estos binomios caninos; busca retirarse con su fiel compañero
La creencia popular que sostiene que a los perros de búsqueda los hacen adictos a alguna sustancia, es falsa (Foto: Fernando Carranza)

Entre el sol y el escombro

Con 10 años especializándose en el entrenamiento de canes y casi 30 en la corporación, Alvarado Núñez habla con la mesura de quien ha visto lo mejor y lo peor. Para él, el entrenamiento no es una imposición, sino un diálogo.

“Cuando uno tiene gusto por el entrenamiento, el camino puede ser fácil, pero requiere paciencia”, explica mientras camina con uno de los nuevos reclutas en el estacionamiento de la base.
“Hay que conocer principalmente las cualidades del perro y saber valorar las aptitudes que cada uno tiene. Todos los perros son diferentes: hay unos que son mucho más fáciles, otros que son más distraídos, pero básicamente son animales muy inteligentes que solo hay que saber estimular”.

Un perro de rescate no nace, se hace. El proceso dura entre 18 meses y dos años, durante los cuales el animal y su manejador se convierten en un “binomio”, una unidad indivisible.

El entrenamiento es una jornada de 24 horas: mañana, tarde y noche. Los canes aprenden a trabajar bajo el sol del mediodía o en el frío de la madrugada, porque un servicio real no avisa si el clima será templado.

“Se entrena a diferentes horas para reforzar sus conocimientos”, comenta el oficial. También los llevan a la Barranca de Colimilla y a zonas de escombros reales, donde el terreno es inestable y las superficies cortantes. Ahí, el perro aprende a confiar en sus patas y en las órdenes de su guía.

El relevo generacional

Mientras Sam disfruta de su retiro, el futuro del escuadrón tiene nombre y mucha energía: Orco, un cachorro de apenas 10 meses. David lo describe cariñosamente como “un bebé”, pero sus aptitudes ya asombran a los instructores. Para Orco, el rescate es el juego más serio del mundo. Su motivación es una simple pelota de tenis.

“Él no sabe que está buscando a una persona atrapada; él busca su juguete, una pelotita”, explica Alvarado. “Cuando se llega a una escena real, él no sabe dónde está la víctima; tenemos que confiar completamente en su olfato. Orco busca, llega con la víctima, nos indica y ahí está su premio. Así es como trabaja la base del entrenamiento”.
El segundo oficial de Bomberos compartió los secretos detrás de la preparación de estos binomios caninos; busca retirarse con su fiel compañero
Razas como el labrador, el golden retriever y el border collie son las más adecuadas por su temperamento equilibrado (Foto: Fernando Carranza)

Aprovecha también para desmitificar una creencia popular que sostiene que a los perros de búsqueda los hacen adictos a alguna sustancia. Es falso.

“El juguete de Orco es una pelotita ordinaria, no contiene absolutamente ningún aroma. Ellos andan buscando su pelota, así como lo vieron con Orco”, recalca.

Precisión canina en segundos

A Duque, otro perro con experiencia, le encanta mostrar sus cualidades. Si David se esconde entre unos escombros y, de inmediato, Ernesto Casas, también bombero del escuadrón canino, lanza la orden: “Busca”.

Duque corre hacia el objetivo en cuestión de segundos. Su precisión es milimétrica al llegar al punto: se sienta y lanza una secuencia de ladridos rítmicos. Al tercero, permanece inmóvil, señalando dónde deben empezar a cavar.

En las instalaciones de Bomberos de Guadalajara, razas como el labrador, el golden retriever y el border collie se han convertido en las favoritas. No es por estética, sino por funcionalidad. Su capacidad de trabajo, su olfato privilegiado y, sobre todo, su temperamento equilibrado los hacen candidatos ideales.

Un vínculo que desafía la burocracia

La conexión en un binomio es tan profunda que trasciende lo laboral. David asegura que el perro detecta cuando el manejador llega con problemas de casa, mostrando un apego especial ese día. Del mismo modo, el bombero sabe detectar el más mínimo cambio de ánimo o de salud en su compañero canino.

“Pasamos tanto tiempo juntos que nos entendemos sin palabras”, confiesa David.

El destino del retiro conjunto con Sam depende ahora de una decisión del Cabildo de Guadalajara. Para David, no es una solicitud administrativa, es un acto de justicia. Sam dedicó su vida a buscar personas entre los escombros, a dar esperanza en medio de la desolación. Ahora, en sus últimos años, merece algo más que un patio de estación: merece un hogar.

Duque y los que vienen detrás heredarán la memoria de Sam, el héroe jubilado que aún sueña con jugar.

JVO​


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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