Giovani, de 24 años, salió de su casa para ir por su bicicleta, que estaba siendo reparada en una refaccionaria, y su familia, contó a MILENIO, nunca pensó que jamás regresaría.
El lunes por la noche recibió cuatro impactos de bala —dos en la espalda y dos en la costilla derecha—.
Durante casi 20 horas luchó por su vida, pero no lo consiguió. Él es la segunda víctima del ataque ocurrido en un parque de San Francisco del Rincón. Había nacido en Estados Unidos, pero desde pequeño vivía en Guanajuato.
La refaccionaria en la que Giovani esperaba su bicicleta se ubica en la esquina de la calle Brasil, en la colonia Renovación, en San Francisco del Rincón, donde la noche del lunes hombres armados dispararon, dejando una persona sin vida, 10 heridos y, de ellos, nueve menores de edad.
Traslado de urgencia y estado crítico
Giovani era el adulto que desde la noche del ataque se reportaba en código rojo. Inicialmente, fue atendido en el Hospital Comunitario de San Francisco del Rincón, pero, debido a las lesiones que dañaron órganos vitales, fue trasladado al Hospital General Regional de León.
Él era pespuntador y padre de una pequeña de cuatro años.
Padre e hijo, víctimas
“Mi hermano estaba parado, esperando a que le dieran su bicicleta, ya que enfrente del parque hay una refaccionaria. Después del ataque lo volteé a ver, me decía que estaba bien… pero empezó a escupir sangre. Se me desvaneció en los brazos”, relató Mariano Guadalupe Gasca Navarro, hermano de Giovani.
Recuerda que su hermano dio media vuelta y bastaron unos segundos para bajar la mirada y ver que tenía sangre en la espalda, pero no era el único lesionado. Su hijo, de nueve años, que estaba jugando en el parque, también sangraba de la pierna izquierda.
Los disparos en el parque
Alrededor de las 20:00 horas de ese día, Mariano llevó a su hijo Nathan Alexis, de nueve años, al parque para jugar.
“Lo dejé cuando vi que ya estaba jugando con sus amiguitos. Me regreso y, a la vuelta de la calle, escucho las detonaciones. Me regreso corriendo por mi niño, lo alzo… pero nunca me dijo que estaba herido”.
Recuerda que, entre el caos, alguien gritó que Giovanni estaba lesionado.
Con ayuda de un vecino, lo subieron a una camioneta y lo trasladaron al hospital. Giovanni entró caminando, pero les decía una y otra vez que no podía respirar.
Giovani estuvo en terapia con 25 por ciento de vida.
En entrevista con MILENIO, Mariano detalló que su hermano recibió cuatro impactos que le dañaron el hígado, el intestino grueso, el intestino delgado y el pulmón.
“Ayer —miércoles— estuvo en terapia intensiva con un 25 por ciento de vida. A las 16:20 de la tarde nos dijeron que ya había fallecido”.
El padre y la noche más larga
En el Hospital Regional de León, su padre, J. Guadalupe Gasca Vargas, de 52 años, vivió las horas más largas de su vida. Es chofer en una panadería, acostumbrado a levantarse antes de las cuatro de la mañana; la noche del lunes dejó la rutina para enfrentar el dolor.
“Llegamos a urgencias y lo metieron a quirófano como a las dos de la mañana. A las 17:30 horas el doctor me dijo: ‘Tu muchacho trae perforado el pulmón, el hígado, los intestinos los tiene destrozados’. Le dije: ‘Póngale toda la atención del mundo. Lo dejo en sus manos y en las manos de Dios’”.
Entre lágrimas, el padre narró cómo los médicos le hablaron con crudeza:
“Primero me dijeron que estaba en un 70 por ciento de que no y 30 por ciento de que sí. Luego 50 y 50. Como a las 03:30 horas me dijeron: ‘Pasa a los familiares que tengas’. Yo supe que esto ya no estaba bien”.
Minutos después, el médico salió con una frase definitiva: “Ya terminó”.
“Yo ya no pude hablar con él… lo tenían entubado, lleno de tubos, sondas. No pude despedirme”, dijo con la voz quebrada.
Un oficio aprendido desde niño
Giovanni trabajaba como pespuntador en una fábrica de calzado. Desde los 10 años aprendió el oficio.
“Siempre le dije: ‘Enséñate a trabajar, anda por buen camino’. Era un muchacho derecho, trabajador”, contó su padre.
Exigen justicia
Mariano Guadalupe Gasca Navarro, de 32 años, hermano mayor de Giovani, exigió justicia:
“No es posible que ya ni en los parques uno pueda estar seguro con sus hijos. Eran puros niños. Mi hijo ahora tiene miedo, no quiere ni salir a la calle. Que no sea una cifra más mi hermano”.
Entre el dolor por la pérdida y la preocupación por los menores heridos —incluido Nathan Alexis, quien aún camina con dificultad—, la familia Gasca enfrenta no solo el duelo, sino la exigencia de respuestas.
Mientras tanto, el recuerdo de Giovanni permanece en cada palabra de quienes lo describen como un joven alegre, trabajador y dispuesto a proteger a los suyos, incluso en sus últimos minutos.
“En ningún momento lo dejé solo. Estuve con él todo el rato que pude estar”, repetía don J. Guadalupe Gasca Vargas una y otra vez, como si esa frase fuera lo único que pudiera sostenerlo.
Al preguntarle qué fue lo más difícil en esas horas, antes de responder respiró hondo y dijo:
“Que me dijeran porcentajes. Que me dijeran que mi hijo estaba en un 70 por ciento de que no… luego en un 50 y 50. Uno se aferra a ese poquito que queda”.
Entre lágrimas, recordó que incluso tuvo que realizar trámites mientras su hijo luchaba por vivir.
“Él —Giovani— nació en Estados Unidos. Me mandaron a sacar papeles porque su acta es americana, hay que apostillarla, traducirla… y yo haciendo trámites cuando mi hijo se me estaba yendo”.
En medio de la angustia, también enfrentó momentos de impotencia.
“Yo solo quería estar con mi hijo… solo fueron diez segundos lo que alcancé a verlo —miércoles—. Y luego el doctor entró y me dijo: ‘Ya terminó’”.
La frase quedó suspendida en el aire. Para la familia, no solo terminó la vida de Giovanni, también cambió para siempre la suya.
El último recuerdo
Por su parte, Mariano no dejaba de pensar en la última conversación que tuvieron:
“Me decía que le echara ganas, que no me dejara caer por lo de mi hijo, que también falleció hace tiempo. Siempre estaba al pendiente de mí. También hablaba con ilusión de la niña a la que comenzaba a criar como suya. No era su hija de sangre, pero sí de corazón. Alcanzó a que la niña lo reconociera como papá”.
MILENIO preguntó si su hermano había tenido algún conflicto previo al ataque o alguna amenaza, a lo que respondió:
“No. Somos gente de trabajo. No entendemos por qué dispararon donde había niños. Mi hermano no se metía con nadie”.
Los niños heridos
Nathan Alexis, hijo de Mariano, estuvo hospitalizado un día. Le retiraron una bala del muslo izquierdo, pero la herida dejó secuelas, debido a que la recuperación no ha sido al 100 por ciento.
“Camina mal. Y no es solo la pierna, es el miedo. No quiere salir, se asusta con cualquier ruido fuerte”, contó su padre. El menor es uno de los nueve niños lesionados aquella noche.
“Que no sea una cifra más”
En casa de los Gasca, el silencio pesa. Giovanni era el hijo que enviaba mensajes diarios:
“Apá, ¿cómo estás?, ¿ya comiste?”, recordó su padre. Era también el joven que comenzó a trabajar desde los 10 años para aportar en casa.
“Aprendió a ganarse su dinero con el sudor de su frente. Él decía: ‘Bendito mi Padre Dios’”.
Ahora, el reclamo es uno solo: justicia.
“Que no sea una cifra más”, pidió Mariano.
Mientras que, entre lágrimas, el padre cerró la entrevista con una súplica: “Yo solo quiero que las autoridades hagan su trabajo. Que investiguen, que encuentren a los responsables. A mí nadie me va a devolver a mi hijo, pero que esto no le vuelva a pasar a otra familia”.
La noche del ataque dejó 11 personas heridas y ahora dos personas sin vida. Pero también dejó una familia rota que, entre trámites, hospitales y recuerdos, intenta entender cómo, en cuestión de minutos, un parque se convirtió en escenario de duelo.
Giovanni, el joven trabajador, el hermano que se sentía hijo, el padre de corazón, ya no volvió a casa. Y en su ausencia, quedan preguntas que aún no encuentran respuesta.
