M+.- La fiebre mundialista regresó a la afición durante el torneo que actualmente se encuentra en fase de semifinales. Los estadios de México, Estados Unidos y Canadá —países anfitriones del Mundial 2026— resonaron entre cánticos de los hinchas y son vestidos por los colores de cada selección que pisa la cancha.
Estos sitios reúnen la historia de países, aunque en algunas ocasiones también recopilan periodos complejos que hacen indisoluble la relación entre el deporte y la política.
La FIFA ha estipulado una línea que desmarca al futbol de sucesos sociopolíticos, valorando al balompié como una mera competición.
Sin embargo, tiene en sus anales uno de los momentos más violentos de la historia de Chile, cuando, durante la dictadura de Augusto Pinochet, aprobó que el Estadio Nacional fuera utilizado para las eliminatorias rumbo al Mundial en Alemania 1974. Ese coliseo que estaba siendo utilizado para la reclusión, tortura y exterminio de las personas disidentes al régimen.
Marcelo Acevedo, director de la ‘Corporación Estadio Nacional, Memoria Nacional de Exprisioneros Políticos’, conversó con MILENIO sobre lo acontecido en el recinto y cómo el trabajo de reconstrucción de los hechos históricos es fundamental para no olvidar la violencia que puede instaurarse en una nación.
Origen del Estadio Nacional de Chile
Chile fundó su estadio nacional en la capital de Santiago en 1938. Fue construido por los arquitectos Ricardo Muller, Aníbal Fuentealba y Roberto Cormatches, bajo la orden presidencial de Arturo Alessandri Palma.
En junio de 1956, Argentina y Chile presentaron sus candidaturas para ser anfitriones del Mundial que ocurriría en 1962. Tras dos competencias en países europeos (Suiza 1954 y Suecia 1958), el Congreso de la FIFA optó por designar a un país latinoamericano como sede. El discurso argentino rondó en torno al argumento “podemos hacer el Mundial mañana mismo. Lo tenemos todo”.
Por su parte, el representante chileno, Carlos Dittborn, rebatió:
“Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”, recuerda el archivo de la Biblioteca Nacional de Chile.
La votación se decantó a favor de Santiago, recibiendo 32 votos, mientras que Buenos Aires obtuvo diez; 14 países dejaron su papeleta en blanco.
Copa Mundial Chile 1962
Ya determinada como sede organizadora, la nación chilena comenzó un proceso de remodelación de los sitios que recibirían a fanáticos de todo el mundo; entre ellos estuvo el Estadio Nacional, con un proyecto de ampliación que permitiría un aforo de 80 mil personas, además de construir una Villa Olímpica.
También se habilitaron los coliseos de Sausalito, en Viña del Mar; el Braden Cooper —ahora El Teniente— en Rancagua, y el Carlos Dittborn, ubicado en Arica.
La justa deportiva inició el 30 de mayo, llegando a la semifinal los equipos de Brasil, Checoslovaquia, Yugoslavia y el anfitrión. Chile venció a la escuadra yugoslava con un gol a cero desde la cancha de Santiago, pero quedó en tercer lugar. La selección brasileña se coronó como campeona venciendo a la checa tres a uno, el 17 de junio.
El director del Sitio de Memoria del Estadio Nacional contó para MILENIO cómo fueron los inicios del coliseo, que, además de ser el principal centro deportivo del país, fue concebido desde su creación para ser un recinto que albergara grandes concentraciones.
En 1971, Fidel Castro visitó Chile, y fue en ese estadio donde el líder de la revolución cubana dio un masivo discurso de despedida junto a Salvador Allende. Un año después, en diciembre, recibió a Pablo Neruda para celebrar su Premio Nobel de Literatura.
Cuando la nación chilena retornó a la democracia con Patricio Aylwin como presidente, se convocó un mitin masivo en el coliseo el 12 de marzo de 1990 para celebrar el hito:
“Desde este recinto que en tristes días de ciego y odioso predominio de la fuerza sobre la razón, fue para muchos compatriotas lugar de presidio y de tortura, decimos todos a los chilenos y al mundo que nos mira: ¡Nunca más! ¡Nunca más atropellos a la dignidad humana! ¡Nunca más odio fratricida! ¡Nunca más violencia entre hermanos!”, pronunció en su discurso.
Dictadura de Pinochet: la transformación de los recintos públicos
La historia del coliseo se vio ensombrecida tras la llegada del régimen dictatorial establecido por Augusto Pinochet, quien realizó un golpe de Estado al entonces presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973. Las fuerzas armadas tomaron el control del país y se estableció que cualquier partidario de Unidad Popular —formación política de Allende— o quienes se opusieran a la incipiente autocracia serían detenidos por los Carabineros, la Armada o la Policía de Investigación.
Para albergar a las personas arrestadas, además de sitios como la Academia de Guerra Aérea o el Ministerio de Defensa, se dispuso de sitios que meses antes habían recibido a la población con fines educativos o de entretenimiento. Desde la Casa de Cultura de Barrancas —ahora Municipalidad de Pudahuel— y el Parque Cerillos, hasta los estadios de Concepción —actual Estadio Ester Roa— y el de Valparaíso —Elías Figueroa Brander—, de acuerdo con el registro de la Corporación.
Desde Santiago operaron dos campos deportivos usados como centro de detención: el Estadio Chile y el Nacional.
—¿Por qué usar sitios públicos para recluir a los disidentes?—
“Porque hacerlo tenía una carga de amedrentamiento a la población”, explicó Acevedo. Entre lo que erradicó la dictadura estuvo la libertad.
Era impensable hacer uso del espacio para fines distintos a los que el régimen pinochetista estipulara. Los lugares que en algún momento fueron sinónimo de esparcimiento y recreación se volvieron centros de prisión, tortura y exterminio para cualquiera que tuviera afinidad con la Unidad Popular o con el gobierno de Salvador Allende.
Todo fue gestionado por la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), policía secreta del régimen, de manera clandestina. Los presos no fueron sometidos a juicio ni se les permitió una defensa.
El director reveló para MILENIO que las investigaciones de la Corporación apuntan a que el Estadio Nacional fue sondeado por el Ejército como un proyecto de cárcel colectiva, tiempo antes de gestarse el golpe de Estado.
“No fue fortuito que el mismo 11 de septiembre en la noche se eligiera al coliseo como el gran campo de concentración”, expresó.
El personal del Estadio Nacional fue despedido y, en su lugar, entró el Ejército con el coronel Jorge Espinoza Ulloa como dirigente y el teniente Raúl Jofré González como el segundo al mando.
Así se dividió al Estadio Nacional como cárcel
Otro de los factores que volvió al coliseo chileno tan fundamental para el plan de Pinochet fue su capacidad para albergar multitudes, con un aforo para 80 mil personas en las 64 hectáreas del predio que lo constituye.
“El espacio físico ayudó a que se desplegara con mayor crudeza y logística esta cárcel. El terreno circundado por muros perimetrales que permitían la vigilancia en espacio aéreo y su forma circular, por ejemplo”, explicó el entrevistado.
Camarines
Su composición salta a la vista debido a que los camarines contaban con rejas de cierre, que sirvieron para el posterior acondicionamiento de las cárceles colectivas.
Cada uno de los 28 vestidores tenía una capacidad para entre 150 y 250 prisioneros.
Entre ellos, un camarín “VIP” fue utilizado para recluir a los dirigentes de Unidad Popular, académicos, políticos, periodistas y líderes estudiantiles.
Las puertas se cerraban con una gruesa cadena y candado desde afuera, y se colocaba una ametralladora en la entrada.
Escotillas
Las ocho escotillas que poseía el estadio fueron usadas como cárceles, con capacidad para hasta 500 detenidos. Al igual que los camerinos, albergaron solo a hombres.
Gradas
Los presos sólo abandonaban los camarines y las escotillas para ir a las gradas. En estos momentos se encontraban con otros detenidos, intercambiaban información o simplemente aguardaban escuchar su nombre por los altavoces, señal de que un interrogatorio les esperaba.
Velódromo
El presidente del sitio de memoria explicó que, mientras el estadio fue usado como prisión, el velódromo era el espacio para las torturas.
“El partido de la vergüenza”: cuando la URSS se negó a jugar en el estadio
El primer avión que salió del país desde la instalación de la dictadura fue el que trasladó a la selección chilena, junto a exiliados políticos, señala el investigador. Moscú fue su destino, donde se jugó el primer encuentro con la Unión Soviética —el 26 de septiembre de 1973—, que concluyó empatado a ceros.
Semanas después, el coliseo chileno fue desocupado de manera prematura como centro de detención porque la Federación determinó que ahí se jugarían las eliminatorias para la Copa Mundial de Alemania 1974. El régimen accedió a que el combinado nacional tuviera ahí su repechaje con la URSS.
“La condición que puso la FIFA fue que se tenía que jugar en el mayor centro deportivo de Chile. Inspeccionaron el estadio, con prisioneros adentro que tuvieron que esconder, aunque todos sabían que estaban ahí”, explicó el director.
“Lo único que le interesó a la Federación era que la cancha y el pasto estuvieran en buenas condiciones. Además de que, durante el partido no hubiera personas detenidas en el lugar”.
La Unión Soviética, enterada de lo que ocurría en el actual Julio Martínez Prádanos, solicitó cambiar la sede, pero la FIFA ignoró su petición. Por ello, se rehusaron a viajar a Chile, aunque eso significara su salida del torneo.
Dieron así a Chile el pase automático, “ganado” mediante un enfrentamiento simbólico conocido como “El partido de la vergüenza”, durante el cual la escuadra chilena ingresó a la cancha del Estadio Nacional para anotar un gol, jugando sin contrincante, antes de que el árbitro pitara el fin del encuentro.
Aunque el país sudamericano lo consiguió, perdió todos sus partidos —dos de ellos, contra las entonces Alemania Federal y Democrática— y fue eliminado en la primera fase.
“Cuando me dicen que la FIFA o el deporte no tiene que mezclarse con la política, lo dudo. La misma Federación y otros organismos deportivos se han involucrado en la política; sobre todo en tiempos de dictadura”, declaró el director haciendo referencia al Mundial de 1978 en Argentina, ocurrido en el gobierno autócrata de Jorge Rafael Videla o los Juegos Olímpicos de Berlín durante la Alemania nazi.
“Es una crítica que siempre le hemos hecho a la FIFA, cuando le conviene se codea con la política, y cuando no, evita hablar de ella”.
El Estadio Nacional dejó de funcionar como centro de tortura hasta el 9 de noviembre de 1973. Aunque fueron cerca de dos meses de operaciones, la mancha continúa clara para los habitantes aledaños al coliseo.
“Ellos creen que el estadio funcionó como centro de tortura por años, pero fueron solo dos meses. Creo que eso refleja la huella indeleble que dejó en la retina de los vecinos. Fue muy traumático”, comentó Acevedo.
No se tiene un número preciso del total de detenidos que pasaron por el Estadio Nacional durante el par de meses que estuvo en operación. Aunque el registro del sitio de memoria señala que el 16 de septiembre ingresaron cerca de 5 mil prisioneros que venían del Estadio Chile.
Una lista publicada por Manuel Contreras, exdirector de Dina, estima que se alojó a al menos 9 mil chilenos y mil 344 extranjeros de 39 países, entre ellos de Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina.
La movilidad de estas naciones hacia la chilena se atribuye a que, previo al golpe de Pinochet, también experimentaron gobiernos dictatoriales y, con la llegada de Allende como presidente, vislumbraron una oportunidad para alejarse de la situación que acontecía en sus lugares de origen.
Testimonios de exprisioneros: una política de memoria
Todo aquel visitante del coliseo alcanza a leer un mensaje plasmado en la escotilla ocho, donde hace casi 53 años miles de reclusos esperaron su sentencia de muerte: “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”, el lema principal del sitio de memoria del Estadio Nacional.
La Corporación ha emprendido diversas iniciativas para el trabajo de memoria histórica a través de la recuperación de testimonios, la publicación de un libro que recopila sus investigaciones y las visitas guiadas al coliseo.
Esto último es el leitmotiv de la organización. Reciben a personas en el espacio de memoria dentro del estadio, donde una galería acompaña la visita guiada por las instalaciones del recinto deportivo que alguna vez fueron usadas como un campo de exterminio; tres o cuatro escuelas diariamente acuden para informarse sobre lo ocurrido.
“La gente puede ver todos los espacios mientras nosotros les contamos la historia. Nuestra misión es educar a las personas a través del relato”, explicó Acevedo.
La organización es el sitio de memoria con más testimonios de exprisioneros en Chile —con alrededor de 200—, aún más que el Museo de la Memoria, señala el director, debido a la cantidad de personas que pasaron por la entonces cárcel.
“No obstante, en una cantidad ínfima respecto al número de presos que había. Pero tenemos el testimonio vivo de lo que ocurrió, y eso nos permite poder no solo orientar el conocimiento a través del archivo, sino mostrar el valioso material de investigación a través de los relatos”.
“Las historias dejan una huella indeleble respecto al pasado. Sirven para constatar una realidad y mostrar a futuras generaciones lo que pasó aquí”.
“La memoria histórica o el trabajo de memoria no se trata únicamente de mostrar el pasado, sino de que, a través de él, se pueda construir un futuro”.
La frase inscrita en la gradería ocho incentiva a quienes acuden al estadio, quizás para ver algún espectáculo o partido, a investigar a qué se refiere la frase: ¿Por qué eso está ahí?, ¿cuál es el motivo de ese espacio gris en medio de un coliseo tan colorido?
Una vez que las personas visitan el Estadio Nacional en un recorrido a los sitios de memoria, no vuelven a verlo bajo el mismo prisma. Estos lugares interpelan a una sociedad que busca conocer su propia historia. Además de ser un sitio que reúne a los hinchas, esta profunda huella se mantendrá en el recinto que une al futbol y a la sociopolítica de la forma más cruda, pero necesaria de recordar.
MD
