Internacional
  • El álbum del Mundial, un éxito en la era de las pantallas

  • En las semanas previas a la justa futbolera, los niños dejaron por un rato las pantallas y se enfocaron en coleccionar e intercambiar las estampas de sus ídolos.
Panini lanzó su primer álbum con licencia de la FIFA en el Mundial de México 1970. | Foto: The New York Times

Los niños pasaban rápidamente los dedos por las coloridas imágenes; sus pulgares se deslizaban de un recuadro a otro, con la mirada fija en las imágenes, como hipnotizados; sólo se detenían para enseñarse unos a otros lo que se había convertido en la sensación viral de su clase.

Lo que sostenían con fuerza en sus manos no eran celulares, tabletas, ni controles de videojuegos, sino fajos inmóviles y rudimentarios de o estampas de papel.

En las semanas previas al Mundial, los argentinos —y los mexicanos, colombianos, brasileños y alemanes— se lanzaron a la caza para llenar los álbumes con las caras de todos los jugadores de todos los equipos que competían en el torneo.

Impulsada en parte por un entusiasmo contagioso, la necesidad de calmar la ansiedad por el Mundial en países obsesionados con el futbol y la persistencia de una tradición intergeneracional, se han visto arrasados por una fiebre coleccionista que parece inmune a la revolución digital que ha acabado con tantos otros pasatiempos analógicos.

Durante varias semanas, los niños argentinos han dejado sus celulares a un lado durante largos ratos mientras se reunían para intercambiar calcomanías en patios de colegio, parques, supermercados, centros comerciales y bajo los mismos árboles de ombú donde sus padres y abuelos se reunían hace mucho tiempo para intercambiar sellos postales y monedas.

En Ciudad de México, la explanada del Palacio de Bellas Artes se convirtió en el espacio favorito de intercambio de estampas.

“Es como una red social —dijo Dana Blacker, madre de dos hijos, mientras se encontraba entre una gran multitud de niños de primaria intercambiando figuritas en un parque de Buenos Aires—. Pero una red social viviente”.

Apenas logrando sujetar las altas pilas de estampas con sus manitas, los niños iban de un grupito a otro, preguntando por jugadores concretos (“¿Tienes un Julián Álvarez?”, uno de los mejores jugadores argentinos) o por países (“¿Alguno de Escocia o Arabia Saudita?”).

Muchos llevaban hojas de papel escritas a mano en las que, con su caligrafía temblorosa, habían marcado los jugadores que les faltaban. Es necesario desplegar un sofisticado juego de regateo para llenar un álbum: los niños intentaban ocultar su emoción ante una figurita muy deseada para no disparar su valor.

A veces se daban la mano solemnemente tras cerrar un trato.

“¡Encontré un Messi!”, exclamó David Papadopoulos, de 13 años, tras cambiar 35 estampas por una de Lionel Messi, el capitán de la selección argentina y la calcomanía más codiciada del país.

Padres sorprendidos

Algunos padres también intercambiaron calcomanías, con las diferencias generacionales borradas por la frenética búsqueda de una foto adhesiva de cinco centímetros de Cristiano Ronaldo, la estrella del futbol portugués. Otros esperaron pacientemente durante horas en el frío invernal de Buenos Aires, aliviados al ver a sus hijos atraídos magnéticamente por algo distinto a TikTok.

Estela Rosales, de 43 años, casi no podía creer al ver a su hijo Lautaro, de 10 años, sonrojado por la emoción, mientras intercambiaba cromos con otro niño. Dijo que no quería verlo en el sofá o encerrado en su cuarto con el celular.

En Argentina, alrededor de 80 por ciento de los niños y adolescentes usan las redes sociales todos los días o casi todos los días, según un informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Estudios de todo el mundo han revelado que el tiempo excesivo frente a la pantalla entre los niños puede contribuir a la ansiedad y la depresión, y reducir la capacidad de atención.

Las autoridades de Buenos Aires prohibieron recientemente el uso de teléfonos durante las clases en las escuelas públicas debido a la preocupación por la caída de los niveles de alfabetización entre los niños.

Rosales dijo que a veces tenía que desconectar el internet de su casa para que Lautaro dejara de ver YouTube. Pero desde que sus compañeros empezaron a completar el álbum del Mundial, él no quería quedarse fuera y se unió al intercambio de estampas. A su hijo nunca le gustó el futbol, dijo Rosales; ahora, por primera vez, se ha dado cuenta de que mira un partido en la tele. A ella le conmueve ver que pueden imitar cosas buenas.

Una mañana reciente, durante el recreo en un instituto de Flores, un barrio obrero del sur de Buenos Aires, los estudiantes se agolparon en la biblioteca del centro, convirtiendo las mesas de lectura en zonas de juego improvisadas donde intercambiaban estampas, las lanzaban al aire, las tiraban y las golpeaban en juegos de cartas a toda velocidad.

Hay un único álbum oficial de la FIFA que cuesta unos 99 pesos, pero tiene espacio para las imágenes de los 980 jugadores que participan en el Mundial de este año. Los paquetes individuales se venden a 25 pesos, así que intentar llenar un álbum puede resultar caro.

Para compartir la carga, seis estudiantes de último curso de secundaria de Flores se unieron para completarlo. Valentín Dieguez, un joven atlético de 17 años —quien “él sólo tenía plata para comprar”, según su amigo José Bethelmy Silva, de la misma edad— guarda el álbum comunitario en su casa. Invitó a sus amigos a su casa para que pegaran las calcomanías en sus álbumes.

“Me gusta comprar, abrir paquetes, pegar estampas, para no estar todo el día acostado viendo el celular”, dijo Valentín.

Rafael Bitrán, un historiador considerado el coleccionista de estampas del Mundial más destacado de Argentina, dijo que la evolución del futbol hasta convertirse en un espectáculo internacional, así como el auge de la cultura de consumo, habían contribuido a la locura colectiva por coleccionar. Pero señaló que el atractivo de esta actividad revelaba que algo fundamental no había cambiado a lo largo de las generaciones.

“Un chico abriendo un sobre es atemporal es el mismo misterio de hace 50 años—aseguró—. Es algo mágico”.

Los expertos en educación infantil dijeron que el frenesí por los álbumes es sólo un respiro temporal frente a los crecientes retos de la juventud, como la obsesión por los celulares, el aislamiento e incluso la adicción al juego. Y consideraron que esta tendencia analógica es un recordatorio de que, cuando se les da la oportunidad, los niños aún pueden dejar de lado sus pantallas para relacionarse entre sí de manera presencial.

“Está bueno que sea un contagio”, dijo Marcela Czarny, quien fundó Chicos.net, una organización sin fines de lucro centrada en el uso de la tecnología entre los niños.

Panini, la empresa italiana distribuidora y editora oficial del álbum del Mundial, se negó a facilitar cifras de ventas del producto y las calcomanías alegando confidencialidad comercial.


Larga tradición

Panini lanzó su primer álbum con licencia de la FIFA en el Mundial de México 1970. Los aficionados argentinos han coleccionado álbumes desde la primera victoria de Argentina en el Mundial de 1978, pasando por la época dorada de Diego Maradona en los años 80, hasta las hazañas de Messi en Catar hace cuatro años, cuando volvió a llevar a Argentina a levantar la copa. Este año será la última vez que los aficionados vean a Messi jugar con la selección.

Incluso los argentinos que luchan por seguir el ritmo del creciente costo de la vida bajo las medidas de austeridad del presidente Javier Milei están encontrando la manera de asegurarse de que sus hijos no se queden sin coleccionar el álbum del Mundial.

Gastón Iturre, de 46 años y padre de cinco hijos, trabaja como profesor durante el día y conduce un Uber por las tardes para llegar a fin de mes. Dijo que estaba intentando comprar tantos paquetes de estampas como pudiera para que sus hijos disfrutarán de la emoción del futbol sin verse agobiados por las dificultades económicas de la familia.

“Es por un mes nada más —dijo—. El Mundial tapa la realidad”.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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