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  • La Copa Mundial o nada: las deudas no asustan a los argentinos

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Hinchas de River Plate en el Estadio Monumental de Buenos Aires, en el partido contra Boca Juniors  (The New York Times)

Los aficionados argentinos se enfrentan a los precios de las entradas más altos de la historia para el Mundial de este verano en Estados Unidos, México y Canadá.

Matías Celestino enumera los 18 partidos de clasificación que ha disputado la selección de futbol de Argentina de cara a la Copa Mundial 2026. Asistió a todos ellos, nueve en su país y nueve en el extranjero, que lo llevaron a recorrer el continente con su tambor para animar a su nación, campeona vigente del mundo.

Ahora, Celestino, de 43 años de edad, se prepara para el momento culminante de ese esfuerzo maratoniano: llevar su tambor, pero también a su esposa y a su hijo, a los partidos de Argentina en Estados Unidos en el Mundial este verano. Es el peor momento para ser apasionado de la selección argentina.

Boletos del Mundial están por los cielos

Por primera vez en los casi 100 años de historia del torneo, la FIFA ha adoptado la fijación dinámica de precios, un modelo habitual en Estados Unidos para los boletos de vuelos, conciertos y deportes. 

Los costos para los aficionados de los equipos más populares se han disparado a niveles asombrosos desde unos precios iniciales que ya eran varias veces superiores a los de Catar hace cuatro años.

Soledad Aldao, aficionada argentina de 35 años, dijo que era como si quisieran hacer negocio con su pasión, un domingo en un asado organizado en un parque de Buenos Aires.

Entre el humo y el aroma de los filetes, unos 150 hinchas vestidos con la camiseta de su selección compartieron consejos para ahorrar y buscar compañeros de viaje y de habitación para sus viajes a Estados Unidos. También se quejaron de los precios de las entradas, que han suscitado el desprecio y el escrutinio de hinchas y políticos, e incluso han dado lugar a denuncias judiciales. 

Aldao, desarrolladora de software, se gastó 700 dólares en cada una de las dos entradas que compró para la fase de grupos para ver jugar a Argentina contra Jordania y Argelia: más del triple de lo que habrían costado hace cuatro años y más que el salario promedio mensual en Argentina.

Desde entonces, los precios han aumentado y las entradas individuales superan ahora los 800 dólares. Esto supone el doble del precio de las entradas equivalentes para los partidos de los otros equipos del grupo de Argentina: Argelia, Jordania y Austria.

Esos son solo los precios oficiales. En un sitio de reventa en el que la FIFA, una organización sin fines de lucro, se lleva una tajada del 30 por ciento, los precios se disparan aún más.

Una entrada en oferta para la final de la Copa Mundial del 19 de julio saltó a los titulares después de que su propietario pidió más de 2 millones de dólares. Los precios que pide la propia FIFA para la final ya se han disparado a más de 10 mil dólares, unas 10 veces más que en 2022.

En mundiales anteriores, los aficionados pagaron los mismos precios fijos por partidos equivalentes. La FIFA afirma que necesita estos ingresos para financiar el desarrollo del futbol en todo el mundo.

Cueste lo que cueste, la pasión se lleva a la cancha

Los argentinos compiten por las entradas no solo entre sí, sino también con hinchas que quieren ver a uno de los mejores jugadores de futbol, Lionel Messi, en lo que, seguramente, será su última Copa Mundial.

Aldao formaba parte de los cinco millones de argentinos que inundaron las calles de Buenos Aires cuando su selección, liderada por Messi, venció a Francia hace cuatro años y ganó la que se considera la mejor final de la historia del torneo.

Decidió entonces que tenía que ir la próxima vez, costara lo que costara. Está considerando vender su auto para financiar más entradas. Para ella, según dijo, no es algo descabellado, sino un sueño y parte de su cultura.

La atracción que supone para los argentinos asistir a una Copa Mundial es visible cada cuatro años, cuando los estadios y las ciudades se llenan de hinchas del país sudamericano vestidos de celeste y blanco. Matías Celestino dijo que el Mundial es el único suceso que puede unir a un país tan dividido como el suyo.

¿Cómo van a pagar los boletos los argentinos?

Para muchos argentinos, financiar los viajes al torneo rara vez ha sido sencillo. La volátil economía argentina, con salarios bajos e inflación disparada, a menudo obliga a la gente a tener dos o incluso tres empleos para llegar a fin de mes. El ingreso mensual promedio de los trabajadores registrados es de unos mil 200 dólares, y casi la mitad de la población activa trabaja de manera informal, y a menudo ganan menos.

Pero los expertos afirman que precisamente debido a la historia de inestabilidad política y económica de Argentina, el futbol de categoría mundial sirve como eje clave de su orgullo nacional.

Pablo Alabarces, sociólogo y autor de varios libros sobre futbol, dijo que Argentina podría considerarse un país pobre o con fallas, pero que sus aficionados son los mejores. Algunos empiezan a ahorrar al final de una Copa Mundial para la siguiente, mientras que otros comprometen fondos que no tienen.

Aunque las finanzas son precarias, Celestino dijo que su esposa, Micaela, piensa renunciar a su trabajo como profesora para ir al Mundial. La pareja ha contraído una deuda de varios miles de dólares para financiar una estancia de un mes en Estados Unidos. 

Celestino confesó que ya había agotado varias tarjetas de crédito, había organizado una rifa y había pedido a amigos y vecinos que colaboraran. Como muchos, está esperando para comprar entradas, con la esperanza de que los precios bajen cuando se acerquen los partidos.

Argentina juega dos veces en Dallas y una en Kansas City. Matías espera que algún alma piadosa lo ayude.

A lo largo de los años, aficionados como Alejandro Solnick —41 años, trabajador de un casino— han desarrollado trucos para ahorrar dinero; en lugar de comprar un vuelo directo a Estados Unidos, hará una odisea de cinco días por São Paulo, Aruba y Charlotte, Carolina del Norte, antes de llegar a Misuri para el primer partido. Aun así, pagó 750 dólares por entrada para cada uno de los tres partidos de Argentina. 

Dijo que, como fanáticos, gastan lo que haga falta aunque suene irracional.

La comodidad no forma parte del cálculo; Solnicki dijo que para un reciente partido de clasificación en Colombia, compartió una habitación de hotel de una sola cama con otras 10 personas, y todas durmieron sentadas.

Los aficionados argentinos habían mostrado el mismo compromiso con el equipo y con sus compatriotas en la Copa Mundial de Catar, donde fueron celebrados por viajar en grandes cantidades para dar vida a un acontecimiento al que a veces le faltaba ambiente.

Barrio argentino

En el asado en Buenos Aires, los hinchas se reunieron bajo una pancarta con los colores de la bandera argentina en la que se leía “Barwagento”, una referencia al barrio catarí construido para alojar a trabajadores inmigrantes que fue breve, pero famosamente tomado por los argentinos durante el torneo.

Su hogar temporal en Catar ha sido rebautizado de forma permanente como “barrio argentino”.

La pasión y el despliegue de los hinchas argentinos que han despertado la envidia y han servido de modelo a otros, se hicieron patentes en todo su esplendor hace unas semanas en el estadio El Monumental de Buenos Aires, sede de uno de los dos clubes más grandes de Argentina, River Plate.

El estadio ya agotó su aforo de 85 mil personas durante más de 100 partidos consecutivos. Armados con tambores e instrumentos de percusión, los fans cantaban con entusiasmo a su equipo antes y durante los partidos, y solo hacían una pausa en el medio tiempo.

Contra su acérrimo rival, Boca Juniors, ofrecieron un espectáculo emocionante que eclipsó todo lo que había en el campo. Un comité de hinchas se había quedado despierto la noche anterior para convertir 40 toneladas de papel en confeti blanco que recibió a los equipos en el campo. Los cánticos no cesaron.

Esa emoción corre el riesgo de no estar presente en el próximo Mundial si hay muy pocos argentinos presentes, dijo José Serio, quien está intentando conseguir un boleto para el que sería su sexto torneo.

Serio dijo que, debido a los precios del Mundial, se corre el riesgo de perder lo más bonito del torneo: el ambiente.

Algunos asistentes habituales a la Copa Mundial han decidido rendirse, tanto en señal de protesta como por necesidad. 

Rodrigo Díez, de 36 años, trabajador de aduanas, dijo que había estado en tres mundiales anteriores en los que había pagado 50 dólares (en Brasil), 70 dólares (en Rusia) y 70 dólares (en Catar) y que no estaba dispuesto a pagar precios que “no tienen sentido”.

Para él, ir al Mundial significaría seguirle la corriente a los responsables del torneo, y eso provocaría que tengan las mismas prácticas en el siguiente. Agregó que es causa de enojo que lo conviertan en algo exclusivo para unos pocos, cuando debería ser para todos.

RM

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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