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  • “A Messi lo van a olvidar en un segundo”. Las herejías del preparador físico de Maradona

  • El ‘Profe’ Signorini no habla de futbol: lo acusa. Lanza una herejía contra Lionel Messi, el negocio y la domesticación de las masas. El problema no es el juego. Es lo que hicieron con él.
No extraña a Maradona. Extraña a Diego: el pibe de Villa Fiorito que cambió el futbol y desafió al poder

DOMINGA.– Sin Diego Armando Maradona peloteando a su lado, Fernando Signorini parece un hombre que espera, esbelto, incompleto, en la parada de un camión que no llega. Así se queda, en espera, detrás del escenario en la Plaza de Mayo un día antes de la gran marcha del 24 de marzo, Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, mientras a su alrededor pasan y lo saludan artistas y personajes famosos de la Argentina que no quiere olvidar los 50 años de la dictadura militar.

El Profe Signorini fue el primer preparador atlético personal de un jugador de futbol, cuando esta figura no existía, entre los años de 1983 y hasta el final de su carrera de futbolista. Y el jugador se llamaba Diego Armando Maradona.

El rostro de Diego Armando Maradona aparece en las tribunas de Argentina, donde futbol, política y memoria suelen cruzarse | Especial
El rostro de Diego Armando Maradona aparece en las tribunas de Argentina, donde futbol, política y memoria suelen cruzarse | Especial


La camiseta que trae puesta parece la de la Selección Argentina, sí, pero el escudo dorado tiene un mapa y dice “Malvinas Argentinas”; en el brazo derecho se lee “Memoria, Verdad y Justicia”; en el izquierdo un “Nunca más”; y en la espalda, “50 Rodolfo”, en memoria del periodista
Rodolfo Walsh, asesinado luego de publicar su “Carta abierta a la junta militar” en la que denunció las violencias de la dictadura.

Al día siguiente se ven muchas camisetas de futbol porque acá está en todos lados, en cada familia, en las conversaciones, en las imágenes en la calle, en la literatura, en el aire. El futbol invade cada momento de la vida. El albiceleste aparece por doquier. También se ven muchas camisetas de un azul oscuro, de esas que se compran en la calle por unos 13 dólares. Son las de visitante en el Mundial de 1994. Todas llevan en la espalda el número 10. Y dicen: Maradona.

Todas. No hay más. Miles las almas que marchan, inmersas en el calor de un verano que no se quiere rendir al otoño. Cuerpos sudados de otros cuerpos, pegados uno al otro, en una almadraba de humanos que marchan y cantan, que comen choripán y gritan consignas, que caminan compactos y se pasan mate caliente. En todos lados hay pañuelos blancos, símbolos de las madres, de las abuelas de Plaza de Mayo, que desde hace medio siglo buscan a sus hijos, a sus nietos desaparecidos.

Los pañuelos blancos permanecen como símbolo de memoria, verdad y justicia en Plaza de Mayo | Federico Mastrogiovanni
Los pañuelos blancos permanecen como símbolo de memoria, verdad y justicia en Plaza de Mayo | Federico Mastrogiovanni


Veo sólo una camiseta del otro 10 de Argentina, Lionel Messi. La lleva puesta un niño de unos seis años de la mano de su papá, y quizás no sabe que su ídolo acaba de participar en un evento propagandístico en Washington, en el que abrazaba, sonriente, al presidente beligerante y sionista de Estados Unidos, Donald Trump.

Un café con el hombre que entrenó a Maradona

Al día siguiente tengo una cita con el Profe Signorini en un café Martínez, en el barrio burgués de Belgrano. Llega a las tres de la tarde, camina ligero, en ropa deportiva, gorrita azul fluorescente. Es esbelto, en forma física impecable considerando sus 75 años. Se sienta y pide un cortadito. No le pone azúcar, prefiere el endulzante. Pero se saca una barrita de chocolate y come un pedacito, con placer.

—Lo que Diego hizo en la cancha alguien más lo puede hacer —suspende la frase, sonríe. Noto ironía en su voz pero podría equivocarme—. Messi, por ejemplo. Platini también. Pero [a] Messi lo van a olvidar en un segundo. Y ya está.

Una afirmación lapidaria sobre uno que casi todos consideran el mejor de todos los tiempos, campeón del mundo, adorado por millones de argentinos y amantes del futbol. Aun así, este hombre que entrenó a Maradona, de manos ahusadas y gentiles, no vacila. Al contrario. Remata.

—Creo que Diego en el Barcelona de Guardiola, con Piqué, Puyol, Dani Álvez, Xavi, Iniesta y Busquets, hubiera hecho cosas muy parecidas a Messi. O mejores. Pero ¿qué habría hecho Messi en el Napoli de Rino Marchesi? Y bueno, es contrafáctico, no se puede demostrar, pero tampoco hay que ser boludo para no verlo.
Fernando Signorini, el hombre que acompañó la carrera de Diego Armando Maradona, durante una charla en Buenos Aires | Federico Mastrogiovanni
Fernando Signorini, el hombre que acompañó la carrera de Diego Armando Maradona, durante una charla en Buenos Aires | Federico Mastrogiovanni


El Profe se formó como profesor de Educación Física, antes y después de Maradona trabajó como preparador atlético en equipos como el Independiente, Racing, Rosario Central, Sampdoria, Puebla y la selección Argentina.

Signorini es más o menos alto, rubio (bueno, ahora de cabello blanco, los años han pasado), y de ojos celestes (aunque él dice que ya no ven nada), y tuvo una vida de ensueño gracias a un “negrito villero”, como le decían despectivamente de niño a Maradona. Pudo vivir en una situación de bienestar, recorrer el mundo, hacer el trabajo que requería los máximos niveles, incluso conocer a personajes de altísimo perfil. Diego lo llamó desde Barcelona, después de aquel 24 de septiembre de 1983, cuando Andoni Goikoetxea, defensor del Athletic Club, le destruyó el tobillo izquierdo, una de las lesiones más famosas del futbol que casi acabó con la carrera de Maradona. Fue entonces cuando el Profe entró en su vida y nunca lo dejó.

Todos lo veían como un “perro verde” porque eran muy extrañas las cosas que hacía, era extraña y lo sigue siendo la forma de ver a los jugadores, de concebir el futbol, un deporte que es funcional a mejorar el ser humano y no como fin en sí. Su primera gran experiencia preparando futbolistas fue en 1972, en el Club Rivadavia de Lincoln, en la Provincia de Buenos Aires. En el equipo jugaba un tipo muy musculoso, José Taca Herrera. Tenía un físico imponente que metía miedo, pero una vez empezado el entrenamiento enseguida se cansaba, fundido.

Así que Signorini le dice: “Algo estás haciendo mal, los otros te pasan por arriba”. Claro, le contestó el joven: “pero ellos no tienen el trabajo que tengo yo”.

Fernando Signorini revolucionó la preparación física del futbol argentino mucho antes de llegar a Diego Armando Maradona | Christian Palma
Fernando Signorini revolucionó la preparación física del futbol argentino antes de llegar a Diego Armando Maradona | Christian Palma


Resulta que el Taca Herrera, antes de llegar a entrenar en la noche, pasaba el día trabajando de obrero en la motoniveladora de la municipalidad.

—Imaginá, año 1972, se usaban maquinarias muy duras, los pedales, la palanca de cambio, era un trabajo muy desgastante.

A las seis de la mañana el Taca estaba en el corralón municipal. Trabajaba todo el día y apenas le daba tiempo de dejar la máquina, agarrar el bolso e ir a entrenar. A partir del día siguiente, Signorini habló con el técnico y cambió su entrenamiento para que pudiera agarrar la pelota, elongar un poquito y luego irse a casa. Dice que a las tres semanas era el mejor jugador del equipo.

—¡Volaba! Y era el único que no entrenaba. ¿Y cómo iba a entrenar si ya lo había hecho trabajando todo el día?

Para el Profe hoy es tan claro como en 1972: un jugador que sabe jugar no tiene por qué matarse entrenando.

—¿Quién dijo que hace falta correr? Los jugadores corren mucho porque no saben jugar. Parecen moscas en el parabrisas —con la mano hace el movimiento de la mosca volando—. ¿A dónde vaaas? ¡Paráte un poco! Parecen pollos sin cabeza.

“Con Diego voy hasta el fin del mundo, con Maradona hasta la esquina”

Así habla “El Profe”. Que te guste o no. No hay manera de no entender. El loco que extraña mucho a Diego, su media manzana perfecta. Porque Diego también era un perro verde, uno que juntaba a su alrededor a los raros, a los rebeldes, a los inconformes. Extraña a Diego, no a Maradona.

—¿Cuál es la diferencia entre Maradona y Diego?
—Yo con Diego voy hasta el fin del mundo, con Maradona voy hasta la esquina. Maradona era insoportable. Estar en Nápoles con Maradona era como estar con un tiburón en una pelopincho, esas piletitas chiquitas, era una vida invivible. Pero Diego... era encantador el pibe. Esos ojos que parecían dos brazas.
“Con Diego voy hasta el fin del mundo; con Maradona, hasta la esquina”, dice Fernando Signorini sobre el 10 | AP
“Con Diego voy hasta el fin del mundo; con Maradona, hasta la esquina”, dice Fernando Signorini sobre el 10 | AP
“Era fantástico estar con la familia, en intimidad, era divertido, creativo, atorrante, un pícaro, de mucha ternura en el trato. Pero cuando se ponía el traje del personaje para salir a la calle y estar a la altura de lo que el mundo le pedía, era insoportable. Siempre intenté contener a Maradona para que no hiciera pedazos a Diego. Siempre tuve una muy mala relación con Maradona, con el lujo, con la frivolidad. Diego era el pelo de Fiorito”.

La manzana que pudre el cajón. Ah, porque Maradona era una piedra en el zapato para la industria del futbol. Era capaz de mostrarle al mundo las injusticias, las ambigüedades, las contradicciones, las perversiones, enseñarle al mundo que el rey está desnudo. Y pegaba duro porque Maradona era el mejor. Signorini es un raro como él. Sólo con Maradona podía tener espacio.

El 10 de abril de 1994, once años después de la ruptura del tobillo que dejó Maradona con 30% menos de movilidad en su pie, el zurdo, el Profe llevó a Diego a entrenar a El Tropezón, un pueblito remoto de la Pampa argentina, para hacer el milagro: ponerlo en condición para el Mundial de Atlanta, Estados Unidos.

—¿Qué pasó en la Pampa? ¿Cómo fue posible que Maradona se recuperara?

No vacila. Está firme frente a mí. Imperturbable como un árbol.

—Su decisión. A otro le hubiera sido imposible. Tenía 14 kilos más, había dejado de jugar al futbol. Una panza así —hace el gesto de una panza de embarazada— y, sin embargo, diez días después ya estaba parado. ¡Era una cosa increíble! —ríe y vuelve a sacar del bolsillo la barrita de chocolate.
En 1994, contra todo pronóstico, Diego Armando Maradona volvió a ponerse en forma para un último Mundial | AP
En 1994, contra todo pronóstico, Diego Armando Maradona volvió a ponerse en forma para un último Mundial | AP

Luego me habla serio
—¿Sabés lo que pasa? Que no son tipos que hayan nacido como nosotros, para ser explicados. Yo creo que a vos como a mí somos muy fáciles de explicar, somos así y listo, se acabó. Estos son inexplicables.

Se ríe viendo mi cara. Sabe bien lo que generan sus afirmaciones tan hiperbólicas, lo disfruta. Suelta frases potentes, como que el éxito en el futbol suele ser enemigo de la reflexión, o que sobran canchas y faltan bibliotecas. Ahora agrega.

—¡Y claro! Salvo que uno sea muy vanidoso o muy estúpido y ambas cosas van juntas muchas veces...

“Si a Messi lo hubieran educado…”

—Usain Bolt no puede ser maratonista, Kipchoge no puede ser velocista. Diego físicamente era un modelo único, como esos autos que le hacen a los archimillonarios. Y bueno, Diego era eso, una cosa completamente distinta de lo que yo he visto, inclusive a uno que se le aproxima mucho, que es Messi. Desde el punto de vista de la riqueza biomecánica, del equilibrio neuromuscular, del dominio del cuerpo en el tiempo y en el espacio, de la visión periférica.

Alguna vez el profesor Antonio Dal Monte, eminencia de la fisiología y médico de Maradona para el Mundial de 1986, dijo que Diego hubiera sido un excepcional piloto de aviones de guerra, porque tenía una inusual capacidad del campo visual. Percibía lo que estaba a su alrededor casi como un radar.

—Por eso estoy en contra de la teoría católica o capitalista que dice que Dios hizo a todos los hombres iguales. A éste no. Allí se le volcó la levadura y le echó más. Además, Diego tenía un poder de resiliencia muy brutal. La recuperación que hizo después de la fractura del tobillo fue increíble.

El responsable de que Diego Maradona volviera a los campos de futbol después del infortunio fue el doctor Rubén Darío Oliva, de la provincia de Santa Fe, que además fue el médico de los cuerpos técnicos de César Flaco Menotti en el Mundial de 1978 y 1982. El doctor Oliva le quitó el yeso 40 días antes de lo que habían establecido los médicos del Barcelona. Le dijo a Maradona: si te lo dejo, la reducción en la movilidad y la articulación va a ser tal que no vas a poder jugar jamás.

Para Fernando Signorini, el cuerpo de Diego Armando Maradona era una excepción biológica | Fototeca Milenio
Para Fernando Signorini, el cuerpo de Diego Armando Maradona era una excepción biológica | Fototeca Milenio


Y ahí lo salvó. Fue también quien le dijo a
Marco Van Basten: si te operan no jugarás nunca más. Pero el holandés no lo escuchó.

—Era un sabio, muy combatido por el sistema médico porque el tipo sabía más que todos, porque utilizaba cosas que no tenían que ver con la medicina convencional. Era un elegido, como Diego, el tipo no se puede explicar.

Un raro, un perro verde, una manzana que pudre el cajón.

—Cuando empecé a trabajar con él, le dije: si querés que te ayude, primero te tengo que conocer y no solamente todo lo físico sino también fundamentalmente lo emocional, porque el futbol es un estado de ánimo, como la vida.

Maradona le dijo a Signorini que en la preparación para el Mundial de 1982 le habían mojado la pólvora.

—Le hacían hacer lo mismo que al resto del equipo, esfuerzos muy largos, exigentes y él llegó muerto. Es como que quieran hacer correr un gato cuatro kilómetros. ¡No puede! Si una laucha corre más, el gato no la va a agarrar. El gato corre hasta que puede y luego la deja y ya está.
Entre pañuelos y consignas, la imagen de Diego Armando Maradona acompaña la marcha en Plaza de Mayo | Federico Mastrogiovanni
Entre pañuelos y consignas, la imagen de Diego Armando Maradona acompaña la marcha en Plaza de Mayo | Federico Mastrogiovanni


Cada jugador necesita su forma de entrenar.
Su filosofía es entender, escuchar el cuerpo y el alma de cada jugador y adaptar el entrenamiento a sus características. Todavía es una visión poco común. Hay un momento de entrenamiento que tiene que ser específico, individual, incluso desde el punto de vista emocional porque, para el Profe, entrenar, antes que nada, es educar.

—Si a Messi lo hubieran educado, educado como ser humano, a través de la sensibilidad, no hubiera firmado contrato con el equipo que tiene como presidente a Jorge Mas, el hijo de Mas Canosa, el tipo que fue socio de Posada Carriles y de Orlando Bosch, los terroristas que pusieron la bomba en el avión de Cubana Aviación y mataron a 72 personas. Pero él también es víctima de un sistema perverso. Para mí si no leíste diez libros y no sabés de memoria por lo menos diez poesías con contenido humanista, no jugás en primera.

Una de las frases más comunes, repetida como mantra por jugadores de todo el mundo, es que el futbol no tiene que ser politizado. Signorini promueve una idea distinta: el futbol es político y es irresponsable que los jugadores se desinteresen.

Después de Maradona, claro, Fidel Castro

—Los jugadores de la Selección Argentina están ahora en Buenos Aires, van a jugar un partido de una importancia vital. Contra Mauritania. Estando acá ellos y el cuerpo técnico, ¿no podrían haber participado en la marcha del 24 de marzo? Estos campeones no sirven para nada. Es pura frivolidad, es pura estupidez.

No hubiera sido difícil, dice, podrían haber visitado el expredio de la ESMA, la vieja Escuela de Mecánica de la Armada, un espacio de 17 hectáreas que partir del golpe militar de 1976 fue utilizado como centro de detención clandestina, tortura y exterminio, el más grande de la dictadura argentina. Hoy es un espacio restituido a la ciudadanía y a su interior, entre otros centros de derechos humanos y memoria, está la Casa por la identidad de las Abuelas de Plaza de Mayo.

—Lo que quiere el sistema es estupidizar a todo el mundo. ¿Por qué digo que campeones así no me sirven? Porque son modelos sociales, los chicos los copian, y van a ser igual que estos: bobos, frívolos, claramente vulgares, groseros. Karl Marx, hace 200 años, decía que el sistema siempre busca argumentos para manipular a las masas, para domesticarlas, porque las masas son peligrosas, sobre todo cuando piensan. Porque piensan primero y actúan después. Entonces, para que no actúen, no tienen que pensar. Las tienes que estupidizar.

Antes era la religión el opio de los pueblos. Pero la religión ha empezado a perder adeptos. “El futbol, si no sirve como maravillosa excusa para ser feliz, como decía Menotti, no sirve para nada”, dice el Profe.

O mejor, sirve para lo que el sistema quiere, para dominarnos. Aquí gritan el que no salta, es un inglés. ¡Yo no salto! No voy a saltar. No tengo ganas. Voy a hacer lo que yo quiero, pero primero voy a pensar. Es mucho más importante pensar en lo que se dice, que decir lo que se piensa: muchas veces por decir lo que se piensa decís boludeces.

Este hombre sentado a la mesa de un bar, hablando de futbol, es capaz de pasar de Marx a Russel a la farsa de la igualdad en el capitalismo en un santiamén, y cuando le pregunto cuál fue el encuentro que más le impactó entre las personalidades que pudo conocer gracias a Maradona, no tiene dudas: el comandante Fidel Castro.

Diego Armando Maradona y Fidel Castro, dos símbolos populares unidos por una amistad que trascendió el futbol | AFP
Diego Armando Maradona y Fidel Castro, dos símbolos populares unidos por una amistad que trascendió el futbol | AFP
—Fue maravilloso. Imagina que dos personajes de la historia total de la humanidad se abrazaron y estar presentes en el diálogo.

Sólo estuvo con Fidel Castro una vez, la primera, en Cuba en 1987, pero nunca olvidará ese momento tan emocionante. Y tampoco olvida la dedicatoria que le mandó a Fidel una vez que le envió, a través de una amiga, uno de sus libros, Fútbol llamado a la rebelión. La deshumanización del deporte. Lo piensa un momento, cierra los ojos, luego declama, sonriente:

—Le puse: “Querido comandante, ¿habrá pensado alguna vez José Martí que el ser humano llegaría a ser tan insensible como para que a nadie ya le importe cultivar una rosa blanca para el amigo sincero que le da su mano franca... con la admiración de siempre afectuosamente Fernando Signorini”. Sí. Y aparte era un gran lector, tremendo lector, un tipo de una cultura infernal.

“Déjense de joder”

Ayer, antes de la marcha, fui a visitar la casa de las Madres de Plaza de Mayo. Estaba llena de gente que entraba y salía, personas que iban a agarrar fuerza, inspiración, energía. Y junto a la imagen del Che, en las paredes, en los cuadros, en las fotos, en los dibujos, la más frecuente era la de Maradona.

En Argentina, Diego Armando Maradona también habita los espacios de la memoria | Federico Mastrogiovanni
En Argentina, Diego Armando Maradona también habita los espacios de la memoria | Federico Mastrogiovanni


Una en especial me pareció potente. Se ve a Diego que corre, en la más maradoniana de las fotos, en la final del Mundial de 1986 en el
estadio Azteca, la imagen en la que el ídolo empuja el balón con el muslo derecho, en dirección de la portería de Schumacher, en el minuto 32 con 50 segundos. Ese partido acabará 3-2 para Argentina. Pero en el dibujo frente a mí, detrás de Diego, se ve a una madre corriendo como él, con un vestido albiceleste y un pañuelo blanco en la cabeza. Y en la espalda dice “Hebe”. Hebe de Bonafini.

Más tarde, en la Plaza de Mayo atascada de cuerpos, resuenan las palabras de Estela de Carlotto: “No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. Fue genocidio. Las y los 30 mil detenidos desaparecidos, los más de 10 mil presos políticos y miles de exiliados son parte de este movimiento popular. Y cientos de miles de voces responden a la consigna: 30 mil detenidos desaparecidos, ¡Presentes! Ahora, ¡Y siempre! Ahora, ¡y siempre! Ahora, ¡y siempre!”.
—Yo no me olvido, ni me quiero olvidar —repite el Profe.

Por eso a sus 75 años, va donde nadie va, como el otro día, que estuvo en un pueblito de 130 habitantes, del interior de Argentina que se llama El Porvenir y fue a hablar de deporte a los pibes, precisamente porque nadie va. Lo hace como homenaje a Diego. Porque no se olvida. El Profe Signorini te mira con esos ojos que casi no ven y te interpela. Inamovible. Le hace mucha falta el hombre que lo llamó a su lado y le cambió la vida. Ese pibe, hijo de Villa Fiorito, fue el mejor de todos.

En la casa de las Madres de Plaza de Mayo, Diego Armando Maradona también forma parte de la memoria colectiva | Federico Mastrogiovanni.jpg
En la casa de las Madres de Plaza de Mayo, Diego Armando Maradona también forma parte de la memoria colectiva | Federico Mastrogiovanni
—¿Todavía vale la pena seguir el futbol?
—De ninguna manera. Si se acabara mañana, a mí no me interesa nada. Me interesa el futbol en la fase formativa pero no solamente para formar jugadores, porque también eso es una mentira. Si vos no tenés condición, andá a pedirle a David Copperfield que te ayude. Si no tenés condición no vas a jugar al futbol. Y si vos la tenés, es muy poco lo que uno puede influir. Uno puede influir desde el punto de vista emocional pero lo otro, 90%, ya lo trae el jugador. A mí lo que me interesa es el jugador en el plano humano. Ayudar a los padres, ayudar a los profes o a los maestros, a guiarlos a que sean el mejor individuo posible.
“Pero el futbol a mí no me interesa para nada. Los grandes estadios, los grandes festines, los manjares, los aviones, los hoteles de cinco estrellas... ¿Para qué sirve tanto, tanto, tanto? Si todos contribuyeran con eso a que hubiera escuelas, clínicas, rutas, programas culturales, sería otro mundo y mejor”.
Y luego sigue: “Aumenta la pobreza, el analfabetismo, la gente sin trabajo, sin techo, sin cloaca, sin luz. Ah, y todos miran para otro lado porque va a jugar la selección con Mauritania. Déjense de joder”.

Porque el futbol no es de los millonarios, es de un montón de pibitos que son producto de las villas miseria, es de ellos. Así se ha vuelto un deporte elitista en el cual un partido del Mundial cuesta mil 200 dólares.

—En el Mundial no juegan los tipos que nacen acá en este barrio de Belgrano, en Barrio Parque o en Nordelta. No, salen de las villas miseria de Argentina, de Brasil, de Perú, de Colombia, de donde quiera de África. El futbol es una construcción cultural de las clases populares.

Signorini me mira con intensidad, con esos ojos azules que, él dice, no ven casi nada, pero que te interpelan. Luego esboza una sonrisa socarrona.

—En Villa Fiorito no podían jugar al polo porque había mucha hambre y si llegaba algún caballo lo comían. Y así de perverso el sistema. Todavía hoy los caballos a Fiorito no quieren ir porque se los morfan.

El Profe, como Diego, es la manzana que pudre el cajón, la piedra en el zapato, el que no calla. Le sigue gustando ir a donde no van los demás. Lo hace en homenaje a Diego, para él va a todo, porque no se olvida, no se quiere olvidar, del pibe de Villa Fiorito que cambió el futbol y cambió el mundo.


GSC / MMM


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Federico Mastrogiovanni
  • Federico Mastrogiovanni
  • Escritor y periodista, autor del libro 'Ayotzinapa y nuestras sombras' (Grijalbo 2024), entre otros libros. Es ganador del Premio Nacional de Periodismo 2021 en la categoría “entrevista/perfil”
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