Por primera vez en la historia, un Mundial de Futbol se jugará de forma simultánea en tres países —México, Estados Unidos y Canadá—, y aunque el evento promete ser una celebración continental sin precedentes, también apunta a convertirse en el más costoso para los aficionados. Los precios de boletos, hospedaje, transporte y paquetes turísticos han generado molestia en los aficionados, pues para muchos ver a su selección es inalcanzable.
Para entender la dimensión del fenómeno, Javier Balseca, analista de marketing deportivo, platicó con MILENIO para desmenuzar cifras, tendencias y comparaciones con torneos anteriores, desde Brasil 2014 hasta Qatar 2022.
“Lo que estamos viendo no es un simple ajuste inflacionario ni un incremento natural del mercado; estamos frente a un salto desproporcionado en el costo del espectáculo deportivo más grande del planeta, algo que incluso para quienes llevamos años estudiando el marketing deportivo resulta difícil de explicar desde parámetros tradicionales”, afirma.
Una escalada histórica en el costo de asistir a un Mundial
Es evidente que conforme el tiempo avanza, los precios aumentan, y eso se puede apreciar de Mundial a Mundial, pero en ninguno se ha visto lo que se proyecta para este 2026.
En Brasil 2014, un seguidor mexicano gastó aproximadamente entre 80 y 95 mil pesos por persona considerando vuelo, hospedaje y entradas a dos partidos. El contexto logístico influyó: había poca disponibilidad hotelera y se improvisaron soluciones como barcos adaptados para hospedaje, lo que elevó los costos.
Cuatro años después, en Rusia 2018, el promedio subió a entre 120 y 125 mil pesos. El principal factor fue la distancia geográfica y el precio de vuelos intercontinentales, aunque el hospedaje moderado y boletos de fase inicial mantuvieron los costos dentro de cierto rango razonable.
Para Qatar 2022, el salto volvió a ser notable: el gasto promedio osciló entre 150 y 170 mil pesos. La distancia, las conexiones aéreas y la infraestructura limitada del país anfitrión influyeron directamente.
“Si observas la progresión histórica, notas que cada Mundial ha sido más caro que el anterior, pero siempre existía una lógica: más distancia, más costo; más demanda, ligero aumento. El problema ahora es que el Mundial 2026 rompe esa lógica y se dispara a niveles que no tienen precedente en la historia moderna del torneo”, subraya.
Incrementos de hasta 512% en boletos
De acuerdo con el especialista, los boletos de venta oficial para el torneo de 2026 presentan incrementos inéditos. En comparación con Rusia 2018, el alza ronda el 512%, mientras que frente a Qatar 2022 se acerca al 320%.
“Estamos hablando de aumentos de tres cifras porcentuales. No es que suban 20 o 30 por ciento como suele pasar en espectáculos masivos; aquí estamos viendo multiplicaciones del precio base, algo que financieramente solo se explica cuando existe una expectativa de demanda prácticamente garantizada”, señala.
Para dimensionarlo, en Qatar los boletos estándar costaban entre 55 y 300 dólares. En contraste, para 2026 algunos partidos en fase inicial se estiman entre 562 y 2,700 dólares en venta oficial, dependiendo de sede y demanda.

Reventa: el mercado paralelo que dispara cifras
Lamentablemente, la pasión de muchos aficionados, que pueden desembolsar fuertes cantidades, los ha llevado a buscar boletos en reventa ante la falta de una oportunidad por comprarlos a través del canal oficial. Y es que, la demanda ha sido brutal, simplemente, en la última fase la FIFA recibió 500 millones de solicitudes para adquirir entradas.
Y por supuesto, los duelos de equipos de jerarquía también tienen alta demanda. Un ejemplo es el duelo España vs Uruguay programado en Guadalajara, su precio original rondaba los 6 mil pesos, y en reventa, algunos boletos han alcanzado los 120 mil pesos.
“El problema no es solo el precio oficial, sino el ecosistema que se genera alrededor: plataformas, intermediarios, especulación y una percepción colectiva de que el boleto vale lo que alguien esté dispuesto a pagar. Ahí es donde el mercado pierde proporción y se vuelve completamente emocional”, explica.
Un boleto para el partido inaugural (México vs Sudáfrica), que oficialmente costaba cerca de 19 mil pesos, se ha visto en plataformas secundarias entre 80 y 90 mil, e incluso más. En sitios no autorizados, las cifras pueden escalar hasta 400 o 500 mil pesos.
El negocio de los palcos: millones por cinco partidos
El mercado corporativo tampoco escapa a la inflación mundialista. Algunos propietarios de palcos en el estadio Ciudad de México han comenzado a ofrecer paquetes para los partidos que se disputarán en ese recinto.
Antes de conocerse el calendario, el precio rondaba los 11 millones de pesos por un paquete que incluía varios encuentros. Tras la publicación de sedes y fechas, las cifras han subido a cerca de 15 millones.
“Las empresas no compran palcos por romanticismo futbolero; los compran porque son herramientas de relaciones públicas, de networking y de posicionamiento de marca. Para ellas el palco no es gasto, es inversión. Por eso esos precios que al aficionado le parecen absurdos, en el mundo corporativo se vuelven negociables”, detalla.
¿Quién podrá pagar un boleto?
El impacto económico abre una pregunta inevitable: ¿Qué porcentaje de la población podrá asistir realmente a los partidos?
Javier Balseca considera que solo familias con ingresos mensuales superiores a 180 o 200 mil pesos podrán hacerlo sin comprometer sus finanzas. Basado en datos socioeconómicos, estima que menos del 20% de la población podría pagar entradas y gastos asociados.
“Si haces el ejercicio realista de sumar boletos, transporte, comida, hospedaje y gastos adicionales, te das cuenta de que para la mayoría de los mexicanos no es un plan viable. No es cuestión de ganas, es cuestión de estructura económica. El Mundial se está convirtiendo en un evento aspiracional más que accesible”, afirma.
La inflación turística mundialista
La aventura mundialista para miles de fanáticos siempre resulta en un gasto importante. A lo largo de los años, se han conocido historias de personas que venden el auto, que empeñan su casa u objetos valiosos para poder costear un viaje. En esta ocasión será mucho más difícil porque vuelos y hospedaje registran incrementos sin precedentes en ciudades sede.
Se dice que el hospedaje en Ciudad de México tendrá en esas fechas un aumento cercano al 961%. Monterrey presentará un 466%. Houston tendrá el 457%, mientras que Guadalajara aproximadamente tendrá un alza del 405%.
“Entiendo perfectamente la lógica de la oferta y la demanda, pero cuando ves cifras cercanas al mil por ciento ya no estás hablando de ajuste de mercado, estás hablando de una expectativa especulativa basada en la certeza de que habrá gente dispuesta a pagar lo que sea”, comenta.
Transporte y vuelos: el otro factor crítico
El encarecimiento también se observa en los boletos de avión. Un vuelo de México a Miami, que normalmente puede encontrarse en unos 7 mil pesos comprándolo con anticipación, ya ronda los 17 mil en fechas cercanas al torneo.
“Los precios empiezan a subir desde mucho antes del evento porque el mercado se adelanta. Las aerolíneas, hoteles y plataformas saben que la demanda va a explotar y ajustan sus tarifas con anticipación; es un fenómeno anticipatorio, no reactivo”, explica.
Muchos se preguntan qué hace de este Mundial el más caro de la historia, para Javier, paradójicamente, el hecho de que el Mundial se juegue en América facilita el acceso para millones de aficionados del continente, y esa facilidad es precisamente uno de los factores que elevan los precios.
“Históricamente, las aficiones que más viajan son México, Argentina e Inglaterra. Si pones el Mundial en su misma región geográfica, automáticamente generas una presión de demanda brutal, porque reduces barreras de entrada como visados, distancia o costos de vuelo”, apunta.
Además, Balseca compara el Mundial con el Super Bowl para explicar el fenómeno. Ambos son eventos que trascienden lo deportivo y se convierten en rituales sociales.
“La FIFA ha construido durante décadas un producto que no depende de quién juegue la final. La gente ve el Mundial aunque su selección quede eliminada. Eso es el sueño de cualquier marca: tener un producto tan fuerte que el consumidor lo compre sin importar el contenido específico”, dice.
La paradoja del espectáculo global
El Mundial 2026 promete figuras de talla histórica. Por ejemplo, el 2026 será el último torneo de esta magnitud para dos de los más grandes jugadores de la historia como lo son Lionel Messu y Cristiano Ronaldo. Por ello, Balseca explica que la presencia de estrellas también es factor para que se dieran esos aumentos superiores al 400%, aunque no por ello se justifica.
“No puedes argumentar que el precio sube porque habrá grandes jugadores, porque estrellas siempre ha habido. Maradona, Ronaldo, Zidane, Messi, Cristiano… el talento nunca ha faltado. El salto de precios no se explica por el espectáculo en sí, sino por la expectativa comercial alrededor del espectáculo”, agrega.
Eso sí, el torneo será positivo para México, pues la llegada de millones de visitantes generará ingresos en turismo, comercio y servicios. Sin embargo, advierte que el beneficio no se distribuirá de forma uniforme.
“Sí, el Mundial va a dejar dinero, eso es indiscutible. Pero la pregunta es quién lo va a recibir. El sector turístico y de servicios seguramente tendrá ganancias históricas, mientras que el ciudadano promedio enfrentará precios más altos incluso después de que el torneo termine”.
La conclusión de Balseca es contundente: todo indica que el Mundial 2026 será el más costoso de la historia para los seguidores que quieran vivirlo en persona.
“La tendencia es clara, el futbol se globalizó, se corporativizó y se volvió un producto premium. El riesgo es que en ese proceso el aficionado tradicional quede fuera del estadio y el espectáculo se vuelva cada vez más exclusivo. Ese es el gran dilema del futbol moderno”, reflexiona.
El futbol nació como un deporte popular y durante décadas fue símbolo de identidad colectiva. Hoy, convertido en una industria multimillonaria, enfrenta el reto de no perder ese vínculo con su base social.
“Los eventos masivos siempre evolucionan y se vuelven más caros, eso es natural. Lo importante es que no crucen la línea en la que dejan de ser accesibles para la mayoría. Porque cuando el precio se vuelve barrera, el espectáculo sigue existiendo, sí, pero pierde una parte esencial de su esencia”, concluye Balseca.
MGC