Señalamientos sin fundamento, terror colectivo, contradicciones interinstitucionales y una muestra de nula habilidad en la atención y el control de crisis dentro del sector salud en Huauchinango y Puebla fueron el resultado de la historia de los supuestos tamales hechos con fentanilo en la Sierra Norte, donde los propios médicos pasaron de la rápida atención al tardío análisis del tratamiento.
MILENIO pudo comprobar que, el 14 de febrero, una familia originaria de Huauchinango, municipio ubicado en la Sierra Norte de Puebla, acudió a su negocio de confianza en la colonia El Potro, a no más de 10 minutos de la zona Centro, para comprar tamales, como de forma habitual lo hacen. Del mismo modo que muchos ciudadanos que gustan de consumir y presumir su gastronomía local callejera lo hicieron aquel día.
Sin embargo, después de un desayuno aparentemente normal, siete miembros de esta familia, de entre 2 y 11 años de edad, comenzaron a presentar complicaciones médicas: síntomas como deshidratación, dolor de cabeza intenso, náuseas, vómito y demás; por lo que los adultos los trasladaron de inmediato al hospital más cercano, el IMSS-Bienestar de Huauchinango.
A partir de recorridos en Huauchinango, la revisión de comunicados oficiales y entrevistas con autoridades y pobladores, MILENIO reconstruyó paso a paso cómo se originó y escaló el caso de los supuestos tamales con fentanilo en Puebla.
Ingreso hospitalario y primeras versiones
Los infantes fueron ingresados a urgencias y durante las primeras entrevistas con sus tutores, estos referían que lo único que habían hecho previo a presentar los síntomas fue haber desayunado juntos los tamales en cuestión.
Seis de los menores afectados avanzaron en su estado médico de manera prácticamente inmediata y, en cuestión de horas, fueron catalogados como estables; posteriormente se les dio de alta. Por lo cual, Yamilet, de 2 años; Kenia, de 5; Abigail, de 6; Raúl, de 8; Teodoro, de 9, y Diana, de 11 años de edad, fueron entregados a sus padres y regresaron a casa el mismo día.
El caso más grave: crisis convulsiva
Sin embargo, el problema más delicado surgió luego de que Cristina N., de 10 años, presentara una crisis convulsiva, siendo de los siete menores la más afectada. Sus cuidados fueron especializados, por lo que se le suministró medicamento controlado para evitar que las convulsiones continuaran y le provocaran un daño aún mayor.
Luego de 24 horas, Cristina estaba a punto de volver a casa, pero un análisis toxicológico arrojó un resultado preocupante: “positivo a fentanilo”, es lo que los médicos leyeron, por lo que el hospital lo reportó y poco tiempo después la Secretaría de Salud del Estado informó el caso a la opinión pública.
Alerta institucional y miedo colectivo
El primer caso de presunta intoxicación por fentanilo se hacía presente en la entidad y en un menor de edad, lo cual alertó al sector salud, a seguridad pública, al propio Ayuntamiento de Huauchinango, al gobierno estatal y también llegó a instancias nacionales e internacionales.
Mientras tanto, quienes más temían eran los pobladores de esta comunidad situada en una región ya de por sí golpeada por el crimen organizado con la llegada del robo de hidrocarburo.
Comunicados tardíos y versiones contradictorias
Múltiples comunicados surgieron a partir de esta noticia. Quizá uno de los que provocó mayor preocupación fue el generado por la propia Secretaría de Salud estatal, fechado el 17 de febrero del presente año, tres días después del incidente —y cuando la menor ya había sido dada de alta desde el 15 de febrero—, donde se exponía que:
“Una niña de 10 años continúa hospitalizada bajo observación médica, luego de que los estudios toxicológicos arrojaran resultado positivo a fentanilo”, provocando versiones que apuntaban a que la vida de Cristina se encontraba en riesgo latente.
Mientras tanto, la menor ya estaba en casa. El Gobierno de Puebla señalaba después de 72 horas que la afectada ya había sido dada de alta e incluso se pronunció para enfatizar que habría justicia en un caso aún incomprendido, donde el rumor de los “tamales con fentanilo” seguía avivándose.
“Las secretarías de Salud, Seguridad Pública y las autoridades de procuración de justicia llevan a cabo las investigaciones pertinentes para proceder con todo el peso de la ley en contra de las o los responsables”, sentenciaron.
Investigación penal y escalamiento mediático
El que el gobierno local hablara de este caso como un hecho de carácter delictivo —que ya había generado el inicio de una carpeta de investigación por delitos de lesiones dolosas por la intoxicación de los siete infantes a través de la Fiscalía General del Estado (FGE)— encendió aún más la llama en la búsqueda de “los responsables”.
Y si bien el resultado hubiera sido alarmante al tratarse de cualquier droga o sustancia ilegal, el hecho de que se tratara de fentanilo fue la punta de lanza para que esta noticia llegara a tocar fibras internacionales.
Reacciones internacionales y federales
El 18 de febrero, Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, se pronunció también en contra de lo ocurrido, enfatizando que este narcótico no distingue entre estadounidenses, mexicanos y mucho menos edades, y lanzó un mensaje contundente.
“Esto refuerza la urgencia de desmantelar las redes que envenenan a nuestras comunidades con fentanilo.”, manifestó a través de su cuenta de X, antes Twitter.
Horas después, el 19 de febrero, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también entró en la conversación, donde el cuestionamiento sobre el fentanilo en tamales poblanos aún era la tangente a evaluar. De visita por el estado, ordenó la intervención de la Fiscalía General de la República (FGR) en el caso, así como la total colaboración de la Secretaría de Salud y la resolución pronta del caso, aunque advirtió que:
“Primero hay que averiguar si realmente fue fentanilo. Segundo, cómo es que llegó a este alimento. Y tercero, pues ya las investigaciones que tengan que proceder por este asunto”, declaró en un evento donde celebraba el Día del Ejército Mexicano.
Además, aprovechó para comentar que en México la cantidad de jóvenes que hacen uso del fentanilo “es muy baja”, según cifras del propio Instituto Nacional de Salud Pública.
El origen real del positivo a fentanilo
Durante la tarde de ese mismo jueves, por fin se aclaraba con mayor precisión quién o quiénes fueron los “responsables” de la mencionada intoxicación con fentanilo encontrada en Cristina. Aquellos que dieron este narcótico mortal y peligroso a una niña de 10 años fueron los propios médicos que la recibieron en el IMSS-Bienestar de Huauchinango.
Los especialistas que la atendieron por la crisis convulsiva de manera eficiente aparentemente olvidaron los ingredientes del medicamento controlado que le suministraron a la menor.
Estas medicinas, que si bien fueron acertadas para la mejoría clínica de la pequeña Cristina, también provocaron una crisis mediática y de seguridad en el sector salud, así como reacciones nacionales e internacionales, pues su uso hizo que la prueba antidoping diera positivo cualitativo a barbitúricos, metadona y fentanilo, según lo expuso la propia FGE tras las diligencias correspondientes.
Investigación abierta y lecciones pendientes
A pesar de ello, hasta este momento aún se esperan los resultados de las pruebas químicas hechas a los supuestos “tamales con fentanilo”, solo para descartar o aclarar si el monstruo debajo de la cama no fue, sino el mismo que arropó a la menor.
Por ahora, la carpeta de investigación por lesiones dolosas aún es relevante: siete niños intoxicados en un mismo domicilio, sin que otras personas presentaran algún tipo de malestar, debe ser analizado. Sin embargo, el caso de estos tamales podría quedar marcado en la historia de Puebla no solo como un ejemplo que expone problemas en el sector salud de la Sierra Norte y la nula capacidad de atención a crisis, sino también como una extensa línea de desinformación que, por fortuna, significa una aparente ausencia de fentanilo en esta región por ahora, pero a su vez una preocupante tendencia a la desinformación y criminalización colectiva.
Voces de la comunidad
Por último, vale la pena mencionar que MILENIO recorrió el municipio en cuestión, donde padres de familia e incluso comerciantes se dijeron preocupados por el caso, del cual tenían múltiples datos, pero todos inciertos en primera instancia.
Manifestaron que, fentanilo o no, las adicciones y las drogas son un tema latente en su vida diaria, donde cada vez hay más jóvenes enganchados por estas sustancias.
Ante dicho escenario, advirtieron que este tipo de eventos lamentables solo son un ejemplo de lo que puede llegar a pasar si no se frena el tráfico de drogas entre las comunidades del estado y todo México; también confirmaron que como comunidad es bien sabido “dónde y quiénes venden estos productos”, pero el temor a las represalias y la poca fe en las autoridades es un lastre difícil de abandonar.
AH
