El servicio sacerdotal es un vínculo que se establece para siempre. Si bien la ordenación es un sacramento imborrable, la Iglesia ha establecido parámetros claros para la gestión de las responsabilidades pastorales en el ocaso de la vida de sus ministros.
De acuerdo con el Código de Derecho Canónico, la edad de 75 años ha sido ratificada como el momento en el que un sacerdote debe presentar su renuncia a cargos de autoridad, como la dirección de una parroquia o el gobierno de una diócesis; sin embargo, esto no significa un “retiro sacerdotal”, ya que los presbíteros continúan activos en la medida de sus posibilidades.
Atención a sacerdotes mayores y enfermos
José Luis Escamilla, vocero de la Diócesis de Torreón, señaló a MILENIO que para brindar atención a sacerdotes mayores, enfermos o retirados, en años recientes se puso en marcha la Casa Sacerdotal, con el objetivo de ofrecer acompañamiento, alojamiento y cuidados a los presbíteros en etapas vulnerables de su vida.
Esta obra responde a una inquietud planteada desde hace tiempo por los obispos y que finalmente logró materializarse durante el ministerio del obispo Luis Martín Barraza Beltrán, quien asumió como prioridad la creación de un espacio adecuado para sacerdotes que ya no pueden vivir solos o cumplir con las exigencias pastorales de una parroquia.
“Ya tenemos unos tres años como diócesis preparando esa casa y, en ese tiempo, algunos hermanos sacerdotes que por salud o edad están retirados ya la están habitando”, explicó.
De casa de retiros a hogar sacerdotal
La adaptación del inmueble se realizó en lo que fue la antigua Casa de Cristiandad, un espacio que anteriormente funcionaba como casa de retiros para grupos como los Cursillistas. Sus instalaciones fueron adecuadas y remodeladas para convertirse en un hogar funcional, cálido y seguro para los sacerdotes.
Actualmente, alberga a varios presbíteros: uno por motivos de salud, otro de 83 años que recientemente se liberó de responsabilidades parroquiales y un sacerdote joven, activo, pero no cuenta con un espacio donde vivir.
“Lo importante es que estén bien atendidos. Se procura que no les falte atención médica, alimentación ni apoyo espiritual. A todos se busca que no les falte lo necesario. Hoy son unos, mañana estaremos otros”, afirmó.
Aunque la prioridad es la atención dentro de la Casa Sacerdotal, se respeta la libertad del sacerdote de ser atendido por su familia o amigos cercanos, siempre que la situación lo permita y se garantice un cuidado adecuado.
“La libertad es fundamental, sobre todo si hay quien en su familia lo puede atender. La intención es que el sacerdote esté bien atendido”, puntualizó.
No obstante, aunque existen familias y amigos dispuestos a recibirlos, no siempre es posible brindar los cuidados que requieren.
Una casa pensada para el futuro
La Casa de Retiro de la Diócesis de Torreón tiene capacidad para diez sacerdotes. Actualmente, cuatro habitaciones se encuentran ocupadas y totalmente equipadas.
Otras seis habitaciones ya están concluidas en su infraestructura, pero aún requieren mobiliario como camas, escritorios, una pequeña estancia y otros elementos necesarios para la comodidad de los residentes.
El vocero destacó que este proyecto tendrá una larga vida, ya que la diócesis abarca cinco municipios de la Comarca Lagunera y, en los próximos años, aumentará el número de sacerdotes que alcanzarán una edad avanzada.
Sustento económico del retiro sacerdotal
Mientras que médicos, profesores, ingenieros y profesionistas esperan su jubilación como una etapa de descanso y disfrute familiar, en el caso de los sacerdotes la realidad es distinta. Su ministerio no concluye con la edad ni con el retiro, pues la vocación no se abandona.
A nivel eclesiástico, los sacerdotes realizan aportaciones durante sus años de ministerio activo para acceder posteriormente a una pequeña pensión. Sin embargo, el vocero de la diócesis reconoció que no todos los presbíteros lograron incorporarse oportunamente a los fondos sociales o de seguridad, lo que deja a algunos en situación delicada.
“Cuando somos jóvenes creemos que nunca nos va a tocar. Y cuando llega la edad, vemos que hay aportaciones que no hicimos. También, de parte del señor obispo, hay atención para apoyar y otorgar subsidios a esos sacerdotes”, señaló.
Para el sostenimiento de la Casa Sacerdotal, la diócesis mantiene abierta la recepción de donativos tanto en el Obispado como en las parroquias, ya que existen gastos constantes como servicios públicos, mantenimiento, personal y alimentación.
Religiosos y diocesanos, realidades distintas
La vida del sacerdote en edad avanzada depende en gran medida de si pertenece a una orden religiosa o al clero diocesano.
Los sacerdotes religiosos, como los misioneros claretianos, no regresan con sus familias de origen. Su comunidad religiosa es su hogar y también el espacio donde reciben atención cuando la edad o la salud limitan su actividad, explicó Miguel Castellanos Vázquez, sacerdote y vocero de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Torreón.
“En nuestro caso, pertenecemos a la familia de los misioneros claretianos. Tenemos en Morelia una residencia llamada Hermano Marcelino Gallardo, donde viven los padres mayores y enfermos. Cuando ya no hay posibilidad de continuar en el ministerio, ahí se les atiende con el mejor cuidado posible”, indicó.
En contraste, los sacerdotes diocesanos sí pueden elegir dónde vivir en su vejez y regresar con sus familias.
“Ellos pueden regresar con sus familias de carne y hueso. Hay casas sacerdotales en las diócesis, pero no están obligados a vivir ahí. Es decisión del sacerdote”, explicó.
Sacerdotes en Durango
En la Laguna de Durango, la Diócesis de Gómez Palacio también ha realizado esfuerzos significativos para que los sacerdotes cuenten con una Casa de Retiro. Aunque el Derecho Canónico establece que a los 75 años un sacerdote debe presentar su renuncia al encargo pastoral, la falta de presbíteros ha llevado a que muchos continúen activos más allá de esa edad.
“Tenemos sacerdotes que ya superaron los 75 años y siguen dando servicio. Hay carencia de presbíteros y se prioriza la atención pastoral, como lo señala el mismo canon: ‘Procúrese ante todo la salvación de las almas’”, afirmó Luis Martín Lugo Cervantes, párroco encargado de la Casa Sacerdotal en Lerdo.
Antes de contar con este espacio, muchos sacerdotes enfermos eran atendidos por sus familias o terminaban en asilos.
“Aunque la familia tenga buena voluntad, no siempre cuenta con la preparación ni la disponibilidad para atender un padecimiento grave, y tampoco es el ambiente propio para un sacerdote”, explicó.
La Casa Sacerdotal en Gómez Palacio
La obra comenzó en 2019 y actualmente su primera etapa está concluida. El espacio ya ha recibido sacerdotes en procesos de recuperación tras cirugías o tratamientos médicos.
Cuenta con cuatro habitaciones equipadas, con posibilidad de ampliarse a ocho si la necesidad aumenta. Se trabaja en la conformación de un equipo médico y de enfermería, además de contar con habitaciones amplias, alimentación, servicios básicos y una capilla, indispensable para la vida espiritual del sacerdote.
De acuerdo con la experiencia de otras diócesis, el ambiente sacerdotal favorece significativamente la recuperación, gracias a la vida comunitaria, la cercanía de la capilla y el acompañamiento espiritual.
La Comisión de Salud, integrada por cinco sacerdotes de cada decanato, trabaja en un plan de prevención y manejo responsable del fondo sacerdotal para garantizar su continuidad.
Un seguro para el futuro
En México, los sacerdotes no cuentan con un sistema de pensiones como el de los trabajadores formales. A nivel nacional existe la organización OSEAS, encargada del Plan Mexicano, donde los sacerdotes realizan aportaciones económicas que funcionan según las circunstancias y no estrictamente por edad.
“No es una pensión como tal, son incentivos. También cubre casos en los que un sacerdote, por enfermedad o accidente, ya no puede ejercer el ministerio”, explicó.
En la diócesis también opera el Fondo de Salud Sacerdotal, sostenido por aportaciones mensuales, bonos sacerdotales y una rifa anual, así como la colecta del Sacerdote Enfermo y Anciano que se realiza cada agosto, cercana a la festividad del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney.
Con estos recursos se cubren seguros médicos y gastos hospitalarios de quienes ya no pueden solventarlos.
Cada diócesis tiene la responsabilidad de garantizar un espacio digno para el retiro de sus sacerdotes, no solo como un lugar físico, sino como un entorno de cuidado, acompañamiento espiritual y atención integral acorde a su edad y estado de salud.
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