Sobre las copas de los árboles se asoman las florecillas de tonalidades amarillas y tallos colorados; hay miles por toda la ciudad.
Es el aviso de los árboles de que ya viene la temporada frutal. Mientras se camina por las aceras, también se disfruta el aroma que desprenden, agradable para el olfato, de lo que MILENIO fue testigo.
Una fruta que llegó del mar
La floración del mango inició en este mes de marzo, una fruta dulce que llegó a Tampico, Tamaulipas, a través de las rutas comerciales y coloniales de los siglos XVI y XVII.
Se cree que los portugueses introdujeron el mango en México en el siglo XVI, específicamente en la región de Veracruz, y posteriormente se extendió a otras áreas, incluyendo Tampico.
Variedad que marca la temporada
Cada mes de marzo se da el fenómeno de la floración, que anuncia la llegada de la temporada de mango.
En la zona hay variedad de ellos, como: criollo, ataulfo, manila, Tommy Atkins, Kent, Haden y petacón.
Tierra fértil, ciudad frutal
Tampico es conocido por su clima cálido y suelos fértiles, lo que lo hace ideal para el cultivo de mango.
Aunque no hay cifras exactas, es probable que haya miles de plantas de mango en los patios y huertos de la ciudad, ya que muchos residentes cultivan sus propios árboles frutales.
Durante un recorrido por algunas colonias, MILENIO constató que, en promedio, hay hasta ocho árboles por cada 100 metros cuadrados, por lo que se convierte en un importante productor de mango, no solo en la región, sino en todo México.
Árboles con memoria
La gente se emociona cuando se trata de hablar sobre sus árboles llenos de historias y recuerdos, como la señora María Ascensión Gómez, quien tiene su residencia en la colonia Pedro J. Méndez, en la zona norte de la ciudad.
“Yo no sé mucho de tipos de mangos, creo que es criollo, pero le puedo decir que es un mango muy rico y muy grande; es de color verde y, conforme pasan los días, se va madurando en ese color”.
Fue su padre quien plantó el frutal; lo recuerda con mucho cariño y lo disfruta con el amor con que fue sembrado en la parte frontal de su hogar.
“Este árbol mi papá lo sembró; nosotros éramos niños. Tiene más de 32 años aquí y nosotros, desde niños, hemos disfrutado comerlo. Recuerdo que cuando éramos niños mi papá los cortaba con la vara larga y nos ponía a atraparlos con una cobija; cada uno agarraba una esquina y esperábamos a que cayera, era algo muy divertido. Después nos sentábamos a degustarlos, nos llenábamos los cachetes de puro dulce y nos escurría el jugo entre las manos”.
Entre regalo y consumo
En la zona sur de Tamaulipas es común ver sobre las bardas de las casas mangos de todos tipos, pues sus habitantes los regalan y hacen pulpa, según explica la señora Ascensión.
“Cuando el mango cae lo ponemos en la barda y lo regalamos, pero a veces hacemos agua de mango para nuestro consumo; hacemos agua, hacemos pulpa para beneficio de nosotros. Otras veces se la ponemos a nuestras ensaladas. Ya cuando estamos hastiados, regalamos la pulpa porque no la vendemos”.
Pero esta también es una oportunidad de comercialización para la familia, dada la calidad del fruto, del cual una sola pieza llega a pesar hasta un kilo con 200 gramos.
“Cuando este mango empieza a madurar la gente nos compra, incluso muchos lo quieren 'cocoyo' (palabra coloquial utilizada en el sur de Tamaulipas). Su peso menor es de 700 gramos".
El vivero y la sombra del mango
Anselmo Pérez se dedica a la venta de plantas; en el centro de su vivero hay un árbol de más de 25 metros. A pesar de que el giro de su negocio es la venta de plantas, él no comercializa con el fruto: lo regala cuando hay producción.
“Yo me dedico a vender plantas. Este árbol es de mango petacón. Ahorita ya está echando su flor, pues ya viene la temporada de mango; da una bonita sombra que ayuda a mis plantitas a que no les dé el sol directo”.
Estima que para el mes de junio el fruto llegará a crecer lo suficiente para pasar a su maduración.
“Todo viene de Dios. Mire qué plantitas tengo y las vendo a 25 o 30 pesos, pero el mango no, yo lo regalo. Esta planta tiene más años que yo. La sembró mi tío Álvaro, tiene más de 50 años aquí y no para de producir. Mide más de 25 metros y, conforme pasa el tiempo, crece más y más”.
Aprovechar hasta el último fruto
Coincide en decir que cuando el mango llega a su maduración, hace un tipo de puré que guarda en bolsas dentro del congelador.
“El puré puede aguantar hasta diciembre congelado; es decir, casi todo el año podemos utilizarlo, hasta antes de que llegue la siguiente temporada”.
Recolectar en el camino
Aunque Tampico cuenta con miles de plantas de mango, hay quienes no tienen espacios para plantar uno. Personas como Luis, un padre de familia fan de la dulce y jugosa fruta, sale a caminar por las mañanas para hacer ejercicio, pero en plena temporada lleva su bolsita, pues va recolectando por el camino.
“Siempre que salgo a caminar me llevo mi bolsa, y ahí voy recolectando. El mango de río es el primero que se madura; después el manila, que creo es el más sabroso, y también encuentro en las casas mucho del que llaman Tommy”.
Enseñanza entre árboles
En el área educativa, el Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario Número 12 cuenta con 120 plantas de mango Kent y Tommy. Ahí, los alumnos aprenden sobre el manejo de la producción.
Salvador Pulido, encargado del sector agrícola del CBTA 12, dice que anteriormente se contaba con 150 árboles; sin embargo, la sequía y las diferentes plagas han mermado la cantidad, pero con los que se cuenta producen varias toneladas.
“En estos años, donde la sequía es fuerte, no hemos podido cosechar mucho, tal vez entre cuatro o cinco toneladas. Aquí se les enseña a los alumnos a tratar las plantas y a comercializarlas en los mercados”.
Cuenta que el mango se procesa en el taller de frutas y posteriormente se distribuye a las paleterías y neverías de la zona, quienes lo utilizan para realizar paletas, nieves y agua, incluso yogur.
Plagas, clima y cuidados
Cada año, las plantas de mango son fertilizadas: “Se fumigan para evitar el hongo, que es la mosca, y también llevan un proceso de encalado para evitar que suban las plagas como la hormiga, que siempre busca lo dulce, pican la fruta y, pues, ya no sirve”.
Al fondo de la parcela se observa el espectáculo de la floración; esta es estimulada por un fertilizante llamado Kelatop, que es para el amarre del fruto. Otro de los enemigos de la floración son los “nortes”, pues en esta época los árboles pierden mucha flor.
“Esperamos que en estos días llueva para que amarre bien el fruto”, comenta Pulido.
Del árbol al mercado
En cuanto a los alumnos, refiere que se llevan el aprendizaje de la institución: siembran, podan, realizan injertos, además de comercializarlos.
“Algunos de nuestros alumnos se llevan la experiencia a sus casas. Realizan la pulpa y producen las famosas mangonadas, nieves, los 'hielitos' gourmet; también venden a granel y, dependiendo la zona, es el precio que le ponen, que va desde los 10 a los 30 pesos el kilo”.
Entre el desperdicio y la abundancia
Considera que es una lástima que en muchos patios de las casas la gente no tenga la cultura de aprovechar la producción y miles de mangos terminan en los camiones de basura.
“Algunas personas no aprovechan y solo consumen el diez por ciento de lo que dan sus árboles; la mayoría se echa a perder en el suelo”.
Una vocación frutal
Lo cierto es que Tampico se ha convertido en un importante centro de producción de mango debido a su clima cálido y suelos fértiles, lo que ha permitido que el cultivo se desarrolle de manera exitosa en la región.
JETL
