A los 15 años, la vida debería caber entre la escuela, los amigos y los planes que apenas comienzan a tomar forma; sin embargo, para decenas de niñas y adolescentes en México, el embarazo irrumpe como una frontera inesperada que pone en riesgo su salud y, en los casos más graves, su propia vida. Detrás de cada cifra hay historias que se interrumpen demasiado pronto, cuerpos que no estaban listos y no resistieron, y un sistema que aún llega tarde.
De acuerdo con datos de la Dirección General de Epidemiología consultados por MILENIO, en 2025, con información preliminar, a nivel nacional murieron 85 niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años a consecuencia de un embarazo y sus complicaciones. Este porcentaje representa el 17 por ciento del total de muertes maternas registradas, que de acuerdo con datos preliminares sumaron 506 en 2025.
En el Estado de México, hasta el corte del 16 de marzo pasado, se han notificado 12 muertes maternas en todos los grupos de edad, mientras que 2025 cerró con un total de 75, así se detalla en los informes de la Notificación Inmediata de Muerte Materna de la Secretaría de Salud Federal.
Si tomamos como referencia el indicador nacional, que refiere que 17 por ciento de las muertes maternas fueron de niñas o adolescentes, aproximadamente 13 niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años murieron ante un embarazo de alto riesgo en el Estado de México durante el año pasado, mientras que en este 2026, se han presentado 2 defunciones en este grupo de edad, siguiendo esta tendencia.
Hasta dos de cada 10 servicios que brinda el Hospital de Ginecología y Obstetricia del Instituto Materno Infantil del Estado de México (IMIEM) son embarazos adolescentes, una problemática que incrementa los costos en materia de salud.
Dicho hospital se especializa en la atención de embarazos de alto o muy alto riesgo, identificando como un grupo prioritario —entre todos los grupos de edad— a las adolescentes, que se han convertido en un sector vulnerable.
“Muchas de ellas terminan en embarazos de muy alto riesgo, con necesidad de terapia intensiva, con bebés prematuros que requieren una hospitalización muy prolongada”, señaló el director general del IMIEM, Alfredo Leonardo Cortés Algara.
Al ser considerados embarazos de alto o muy alto riesgo, hasta cuatro de cada 10 de estos embarazos adolescentes terminan con alguna complicación, lo que incrementa los costos en materia de atención.
Para dimensionar el impacto que tienen estas atenciones, señaló el especialista, para los sistemas de salud, un día de terapia intensiva neonatal puede llegar a costar hasta 50 mil pesos, dependiendo de los servicios que se requieran en cada uno de los casos.
El especialista explicó que, desde el sector salud y desde un enfoque interinstitucional, se debe integrar una estrategia o un protocolo de seguimiento que ayude, en primera instancia, a prevenir estos embarazos; pero, una vez que se presentan, a brindar el seguimiento respectivo desde las primeras semanas.
Si los embarazos en adolescentes que pudieran representar un riesgo, puntualizó, se identifican en el primer nivel de atención, es decir, en centros de salud, clínicas o consultorios, se podrían referir de manera oportuna a hospitales que cuenten tanto con la infraestructura, como con el personal especializado para detectar y, en su caso, atender de manera anticipada cualquier situación que comprometa el desarrollo o incluso la vida de ambos, es decir, de la adolescente y de la o el recién nacido.
“Esa situación, desafortunadamente, no se realiza, y las venimos conociendo cuando ya va a nacer la bebé, o cuando ya tienen una complicación tan severa que requiere hospitalización”.
Los gastos se multiplican por dos
Para el hospital, refirió, este tipo de situaciones incrementan los requerimientos financieros, ya que muchas de estas pacientes necesitan manejos quirúrgicos, su estancia hospitalaria y, además, “esos bebés son los que requieren terapia intensiva por prematurez y estancias prolongadas en los cuneros”.
Indicó que esto además se traduce en otras complicaciones, tanto para la mamá como para las y los recién nacidos, ya que ante una estancia prolongada en áreas de terapia intensiva, se incrementa el riesgo de presentar alguna infección; además, los bebés pueden presentar desnutrición u otro tipo de condición, que agrava su estado de salud.
Costos de la atención
Ante esta serie de factores que se conjugan en materia de atención médica, explicó, no solo los riesgos aumentan, también los costos, y si bien cada caso requiere de un análisis específico, en promedio, la estancia en áreas de terapia intensiva neonatal ronda entre los 30 y 50 mil pesos diarios “entre manejo médico, el lugar que ocupan en la atención, oxígeno o ventilador, los antibióticos y medicamentos que llevan esos bebés, eso es un estimado”.
En el caso de este hospital, de cada 10 casos de embarazo adolescente, entre 3 o 4 pueden presentar este tipo de circunstancias que agravan la salud o de la adolescente o de la o el recién nacido o de ambos.
“Es necesario realizar una estrategia integral en la prevención de embarazo en adolescentes, y dos, en el envío oportuno, es decir, que se haga una referencia oportuna hacia los hospitales de alta especialidad”, indicó.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la muerte materna como el fallecimiento de una mujer durante el embarazo, parto o puerperio (hasta 42 días después), por causas relacionadas o agravadas por la gestación.
Las principales causas de muerte materna en el Estado de México son la enfermedad hipertensiva (preeclampsia o eclampsia), hemorragias obstétricas, complicaciones en el embarazo o parto y el aborto. Estas causas prevenibles concentran la mayoría de los decesos en la entidad, que frecuentemente lidera a nivel nacional el número de casos.
Embarazo adolescente y sus cifras
Con datos del Consejo Estatal de Población del Estado de México (Coespo), para el año 2024, de acuerdo a las Proyecciones de Población del Consejo Nacional de Población (Coespo), en la entidad radicaban 2 millones 929 mil 766 adolescentes (población entre los 10 y 19 años); 1 millón 485 mil 941 eran hombres y 1 millón 443 mil 825 mujeres. Las mujeres adolescentes representaban el 15.93 por ciento del total de las mujeres de la entidad.
Por su parte, las estadísticas de nacimientos registrados por residencia habitual según grupos quinquenales de edad de la madre al nacimiento, a cargo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la entidad mexiquense se registraron 28 mil 404 embarazos adolescentes.
De este total, aproximadamente 590 fueron de niñas menores de 15 años y 27 mil 814 de adolescentes entre los 15 y 19 años.
Es decir, prácticamente, durante el 2024, la fecha más reciente de la que informa el Inegi, diariamente se registraron 78 nacimientos en madres adolescentes.
La estadística municipal
Para el caso de niñas menores de 15 años, los registros del Inegi indican que Ecatepec es el municipio que más casos presentó, con un total de 36; Valle de Chalco, 30; Chimalhuacán y Toluca, con 28 cada uno; Ixtapaluca, 22; Naucalpan, 21; La Paz, 20; le sigue Nezahualcóyotl, 17; Atizapán de Zaragoza y Tultitlán con 15, respectivamente; Chalco, 14.
En el caso de las adolescentes de hasta 19 años de edad, el Inegi precisa que los municipios mexiquenses con más casos son Ecatepec, con 2 mil 113; Nezahualcóyotl, mil 162; Chimalhuacán, mil 452; Toluca, mil 392; Chalco, 796; Valle de Chalco Solidaridad, 740 y Tultitlán, 666.
Consecuencias en muchos sentidos
En este sentido, la Secretaría de Salud de la entidad indica que el embarazo en las y los adolescentes afecta negativamente la salud, la permanencia en la escuela, los ingresos presentes y futuros, el acceso a oportunidades recreativas, sociales y laborales especializadas y de calidad y el desarrollo humano. Además del embarazo, tener relaciones sexuales sin protección implica un riesgo permanente de adquirir una infección de transmisión sexual.
“El embarazo en adolescentes se ha convertido en un problema poblacional que amplía las brechas sociales y de género; se trata de un tema de proyecto de vida, de educación, de salud, pero, sobre todo, de respeto a sus derechos humanos, a su libertad y a su desarrollo como personas. Por ello, prevenir su ocurrencia y erradicar el embarazo infantil, son objetivos estratégicos”, se detalla.
Ante este panorama se han implementado acciones interinstitucionales coordinadas con políticas y planes nacionales, estatales y municipales, para entender y enfrentar tanto las condiciones que lo motivan, sus determinantes económicos, sociales y culturales, como sus causas subyacentes.
Y mientras las cifras siguen acumulándose año con año, la urgencia no está solo en atender las complicaciones, sino en evitar que estas historias comiencen. Cada embarazo adolescente que no se previene o no se atiende a tiempo puede convertirse en una vida truncada, en un proyecto que no llegó a cumplirse.
El desafío no es menor: implica coordinación institucional, acceso real a servicios de salud y educación, pero, sobre todo, la voluntad de proteger a quienes aún deberían estar lejos de estos riesgos. Porque detrás de cada número hay una niña que no debió morir.
AH
