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  • ¿Quién mató a Rodolfo Torre Cantú? A 16 años del magnicidio que cambió a Tamaulipas, nada se sabe de los responsables

  • A 16 años del magnicidio, el caso sigue sin avances en la investigación, manteniendo en la impunidad uno de los hechos más impactantes de la política en Tamaulipas.
El magnicidio de Torre Cantú: 16 años de impunidad que siguen marcando a Tamaulipas. | Foto: Archivo Milenio

M+.- Paulina tenía 15 años cuando le arrebataron a su héroe. Su padre, Rodolfo Torre Cantú, entonces candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, fue asesinado junto a otras cuatro personas, en un hecho que cambió la historia política del estado.

Dieciséis años han pasado desde aquella mañana en que el convoy fue sorprendido en la carretera, cuando el político se dirigía al aeropuerto de Ciudad Victoria para volar hacia la frontera, donde realizaría uno de sus últimos cierres de campaña, como documentó MILENIO.

Ese 28 de junio de 2010 cambió para siempre la vida de su familia. Paulina, la menor de los tres hijos del matrimonio Torre De la Garza, canalizó su dolor a través del libro Sí a vivir, donde narra la pérdida y acompaña a quienes sufren una ausencia.

En un profundo proceso personal, supo que la única manera de sanar era haciendo frente al dolor. Y ese es el mensaje que comparte la abogada, escritora, coach de vida y tanatóloga.

Ese camino fue como revivir la muerte de su padre, porque lo hizo de una manera consciente, ya no como la niña de 15 años que entró en estado de shock y no vivió su duelo.

“Nunca estás lo suficientemente preparado para enfrentar una pérdida y el dolor en el corazón es literal”, plasma en su libro, que lanzó 10 años después del trágico suceso.

Ese lunes caluroso, el plan era que ella viajara con su papá para estar en el evento de Matamoros, pero él le dijo que mejor se fuera con su mamá más tarde y allá se verían todos, lo cual ya no ocurrió.

En cuestión de minutos, su vida dio un vuelco. “Nos vamos a tener que esperar porque hay un enfrentamiento en la carretera”, le dijo su madre, Graciela, pero su papá no respondía el celular. Las horas que siguieron fueron las más oscuras que ha vivido hasta hoy.

“Entre gritos, golpes y balazos, mi papá fue asesinado en una emboscada. Perdí el sentido de la vida, me ahogué en mis emociones y vi todo negro hasta que un día decidí ver colores. Me paré, me enfrenté a mí misma, me llené de valor y elegí vivir”, expresa el prólogo de su libro, donde dice que es posible reconstruirse después de romperse en mil pedazos y emerger con mayor fuerza en una mejor versión.

Aprendió que el dolor por una pérdida ya no limita, ya no encadena. Se aprende a amar distinto. Desde otro lugar. 

“Sanar no significa que nunca vuelves a llorar. Es encontrar la mejor manera de resignificar ese dolor y encontrar un nuevo espacio en la vida”.

¿Por qué?”, es la pregunta que Paulina Torre lanzó en su momento, tratando de saber qué motivo tan grande pudo tener el autor intelectual. Dice que no se puede imaginar la herida tan fuerte que debe tener esa persona para haber hecho tanto daño, pero el perdón está concedido, afirma, y hasta le ofrecería ayuda para sanar.

Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI, buscaba la gobernatura de Tamaulipas. | Archivo Milenio
Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI, buscaba la gobernatura de Tamaulipas. | Archivo Milenio

El día que mataron a Rodolfo

En el estado se vivía la época más negra de la violencia. La luz al final del túnel parecía lejana, pero nadie imaginaba que el virtual futuro gobernador sería asesinado, y menos con tal brutalidad.

Ese día, el abanderado de la coalición “Todos Tamaulipas”, integrada por PRI, Verde y Nueva Alianza, estaba en la recta final de su actividad proselitista. El domingo 4 de julio era la votación y el contexto político de la época lo perfilaba como amplio favorito para ganar la elección frente a la oposición panista.

A las 10 de la mañana del 28 de junio de 2010, Rodolfo y sus acompañantes enfilaron hacia el libramiento Naciones Unidas para dirigirse al aeropuerto de Victoria, de donde volarían hacia la frontera, pues había cierres de campaña en Valle Hermoso y Matamoros.

Sobre la carretera a Soto La Marina, tres vehículos los siguieron de cerca y, a la altura del kilómetro nueve, uno de ellos impactó la camioneta que Torre tripulaba junto a su jefe de campaña, Enrique Blackmore; su cuñado, Enrique de la Garza, y su secretario particular, Alejandro Martínez.

En otra unidad iban los escoltas. Un comando armado que portaba uniforme militar le gritó al candidato que se bajara y —según una versión que circuló— Rodolfo lo hizo confiado, creyendo que se trataba de una confusión y que podía arreglarlo. Una segunda reconstrucción de los hechos apunta a que fue bajado por la fuerza.

También descendieron sus acompañantes y el candidato de inmediato trató de identificarse, pero los desconocidos ordenaron que todos se tiraran al suelo.

Sin piedad descargaron sobre ellos sus armas de alto poder, rompiendo la quietud que imperaba en esa vía, cuyo tramo fue bloqueado previamente con vehículos para que ningún automovilista atestiguara el atentado.

En la emboscada, a plena luz del día, Rodolfo no murió solo; junto a él también se apagó la vida de Enrique Blackmore y de los escoltas Luis Gerardo Sotero, Rubén López y Francisco López Catache.

Enrique De la Garza y Alejandro Martínez lograron sobrevivir al ataque, que duró menos de dos minutos y dejó 88 casquillos de calibres 7.62 x 39, .223 y 9 mm.

Un asesinato que aún define la política en Tamaulipas. | Foto: Archivo Milenio
Peritos de la antigua PGR realizando diligencias en la escena del crimen. | Foto: Archivo Milenio

Decidir el relevo en medio de la crisis

El PRI-Gobierno entró en shock, pero decidió no suspender la elección. Tras analizar, en medio de la crisis, quién sería el sustituto, la solución fue el hermano del candidato, Egidio Torre Cantú, un político de bajo perfil, regidor, exalcalde suplente de Victoria y empresario constructor.

Presentado públicamente dos días después del atentado y tres antes de los comicios, se alzó con una victoria aplastante. Arrasó el voto sentimental, dijeron muchos.

Por respeto a la memoria de su ser querido, los hermanos Laura, Rodolfo y Paulina Torre De la Garza decidieron guardar silencio en estas fechas.

No son días fáciles. Se agolpan los recuerdos y se sienten como si hubiera sido ayer.

El hecho se mantiene como un capítulo no aclarado en la historia tamaulipeca. La entonces Procuraduría General de la República clasificó por 12 años la investigación como información reservada y ya han transcurrido 16, pero del expediente no se sabe nada.

Felipe Garza iba a viajar ese lunes con Rodolfo. Pero el domingo en la noche, el jefe de campaña, Enrique Blackmore, le avisó por mensaje que se iba a adelantar el candidato y habría otro vuelo a la una de la tarde, donde estaba considerado. “Allá nos vemos”, le escribió.

Garza Narváez era entonces presidente del Congreso del Estado y Blackmore, un diputado integrante de la bancada priista, a cargo de la Comisión de Finanzas.

“Fallece nuestro candidato, fallece nuestro compañero diputado y las demás personas; todos estábamos sorprendidos”, recuerda.

Considera que el médico, quien rápidamente construyó una carrera política, habría sido un buen gobernador, porque era sensible “y fue la antítesis de la arrogancia, la prepotencia y la soberbia”.

Crimen sigue marcando la caída del PRI

El hecho sigue proyectando su sombra sobre la vida política del estado. Para el analista Evaristo Benítez, el atentado contra el candidato favorito para ganar la gubernatura en 2010 también marcó el inicio del largo declive electoral del PRI en la entidad.

“Muchos coincidimos en que fue el parteaguas para que comenzara el descenso del PRI en Tamaulipas”, sostiene Benítez Castro al analizar las cifras electorales de los últimos años.

Torre Cantú fue asesinado apenas unos días antes de la jornada electoral, por lo que su nombre permaneció en las boletas, aunque fue sustituido legalmente por su hermano Egidio. Aquella elección representó el último gran triunfo electoral del priismo tamaulipeco.

“Fue la última vez que el PRI obtuvo casi 700 mil votos en Tamaulipas”, recuerda. A partir de entonces comenzó una caída constante. Seis años después, en 2016, el candidato priista Baltazar Hinojosa obtuvo poco más de 500 mil sufragios, una disminución cercana a los 200 mil votos.

El tricolor perdió la gubernatura y la mayoría en el Congreso local, y llegó el PAN al poder con Francisco García Cabeza de Vaca, quien recibió más de 720 mil votos con su promesa de cambio. Fue relevado en 2022 por el morenista Américo Villarreal Anaya, con más de 730 mil votos.

El deterioro priista continuó hasta llegar a los resultados más recientes, cuando el partido apenas alcanzó alrededor de 65 mil votos en todo el estado. Ahora la principal fuerza política es Morena; el PAN, la segunda, y el tricolor, la cuarta, pues también fue rebasado por Movimiento Ciudadano.

Benítez considera que la falta de avances en la investigación alimentó el desencanto y contribuyó al desgaste del partido. “El expediente sigue prácticamente congelado. No hubo voluntad institucional para profundizar”, afirma.

Monumento conmemorativo a Rodolfo Torre Cantú, “el gobernador que no fue”. | Archivo Milenio
Monumento conmemorativo a Rodolfo Torre Cantú, “el gobernador que no fue”. | Archivo Milenio

PRI olvida a su personaje más querido

Otro elemento que, considera, aceleró el debilitamiento del priismo fue la incapacidad del partido para preservar la figura de Torre Cantú como referente político y social.

Recuerda que los homenajes realizados en los primeros años posteriores al asesinato fueron perdiendo fuerza hasta convertirse en actos con escasa asistencia. “Entre más pasan los años, más se olvida. Los últimos eventos que he visto han sido totalmente desangelados”.

A su juicio, el PRI desaprovechó la oportunidad de mantener viva la memoria de un personaje que contaba con un importante capital político y una notable cercanía con la ciudadanía. “Era un político con carisma y una simpatía natural. Eso no se cultivó y terminó perdiéndose”.

El asesinato también dejó un vacío de liderazgo que, estima el analista, nunca logró ser ocupado por otra figura priista. Mientras el partido enfrentaba divisiones internas y una pérdida gradual de influencia, otros proyectos políticos comenzaron a capitalizar el descontento ciudadano.

Aunque durante años Rodolfo Torre fue recordado como “el gobernador que no fue”, Evaristo Benítez considera que esa percepción se ha ido diluyendo con el paso del tiempo.

“Hoy son pocos los que todavía hablan de él en esos términos. La memoria política es muy corta”, señala.

Sin embargo, sostiene que su ausencia sigue siendo uno de los acontecimientos más determinantes de la historia reciente de Tamaulipas.

JETL

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Cristina Gómez
  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.
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