M+.- Una vivienda emblemática de la colonia Unidad Nacional, en el sur de Tampico, Tamaulipas, ligada a la historia de la región petrolera y a la vida del líder sindical Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como La Quina, está siendo demolida tras un cambio de propiedad.
La casa, visitada por MILENIO, está cargada de recuerdos familiares, políticos y sociales; representa para sus antiguos habitantes un pedazo vivo de la memoria de la ciudad. En este lugar vivía una de sus hijas y fue donde las fuerzas federales lanzaron el primer “granadazo” durante el denominado Quinazo, el 10 de enero de 1989.
De acuerdo con uno de sus hijos, Juan Manuel Hernández Correa, exalcalde de Ciudad Madero, esta vivienda fue vendida a petición de su padre para que, con ese dinero, se pudiera pagar parte de la fianza para sacarlo de la cárcel, a la cual fue ingresado durante la administración del expresidente de México, Carlos Salinas de Gortari.
'El Quinazo' marcó el declive de Pemex y el fin de una era sindical
El pasado 10 de enero se cumplieron 37 años del evento conocido como El Quinazo, la detención del líder sindical petrolero Joaquín Hernández Galicia, La Quina, hecho que representó un parteaguas en la historia política y el fin de una era de autonomía sindical, además del declive de la producción de Pemex y la caída del auge económico que tenía el sur de Tamaulipas.
Oriundo de Ciudad Madero, al noreste del país, se convirtió en un líder histórico del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) e igualó el poder de un presidente nacional. Con ello, cualquier persona que quisiera sobresalir en la política y ocupar cargos de elección popular tenía que contar con su venia.
Llegó a sentarse a la mesa para compartir alimentos con los expresidentes de México Adolfo López Mateos y Miguel Alemán, así como con el general Lázaro Cárdenas y el entonces gobernador de Tamaulipas, Praxedis Balboa, todos degustando los platillos que preparaba su esposa, doña Carmelita Correa.
Hasta su violenta detención ordenada por el presidente Carlos Salinas de Gortari, con supuestos delitos de portación de armas y un asesinato que nunca ocurrió, fue visitado en el reclusorio por el exgobernador Enrique Cárdenas González, por mencionar solo algunos de los políticos que respetaban al líder petrolero que ayudó a toda una región con 36 tiendas de conveniencia a bajo costo y la generación de miles de empleos.
El operativo que marcó la historia
De acuerdo con la versión contada por sus propios hijos, en aquel hecho histórico los militares llegaron a la casa de una de sus hijas, lanzando explosivos y accionando una de las granadas que causó daños; sin embargo, después se dieron cuenta de que él estaba en la casa de al lado y fue entonces cuando lo sorprendieron mientras se duchaba, prácticamente envuelto en una toalla.
Joaquín Hernández Correa, hijo de La Quina, recorrió con nostalgia los últimos momentos del inmueble.
“Esta casa la empecé de terrenos que mi papá compró en aquel entonces, cuando la creación de la Unidad Nacional”, relató.
Recordó cómo en su infancia acudían los domingos a sembrar árboles y verlos crecer, y cómo en su adolescencia inició la construcción que se convirtió en centro de reuniones familiares, fiestas y eventos políticos.
Un punto de encuentro para la ayuda y la política
La casa fue mucho más que un hogar; ahí se formaban largas filas de obreros, líderes de colonias y ciudadanos de diversas partes del país que acudían a solicitar el apoyo de “JHQ”, como le decían a su padre.
“Tantos diálogos que escuché por teléfono cuando habló con los presidentes… les solicitaba que no perjudicaran a los trabajadores”, mencionó.
Entre los visitantes destacados recordó al exgobernador Enrique Cárdenas González y a Chava Barragán, quien pasaba las fiestas decembrinas —24 y 31 de diciembre— visitando a su padre, además de numerosos petroleros, gobernadores y alcaldes.
“Todos iban a pedir ayuda. Líderes de colonias… para ver si les resolvía la problemática”, explicó.
Incluso relató anécdotas cotidianas de solidaridad: “Una madre de familia fue… el marido tenía semanas de andar alcoholizado y no le daba para comer a los niños. Mi padre tuvo que intervenir… ‘oye, pues, ¿qué te pasa? Cumple con tu responsabilidad’”.
Dijo que le hacían caso de inmediato por el respeto que le tenían, además de que podía retirarles la ficha como trabajadores.
En esa misma casa se celebró la fiesta de quince años de su hermana María Carmen, además de múltiples tertulias y reuniones familiares típicas de la época de crecimiento de la Unidad Nacional.
La venta obligada por la prisión de 'La Quina'
La propiedad tuvo que ser vendida durante el tiempo en que don Joaquín estuvo en la cárcel.
“Se tuvo que vender porque finalmente hubo circunstancias en las cuales el sindicato no apoyaba con gastos”, detalló Hernández Correa.
Su madre, agotados ya sus ahorros, recurrió al entonces director de Pemex, don Paco Rojas, quien instruyó al contratista Ramiro Garza Cantú para adquirir la vivienda.
“De ahí fue que la casa ya pasó a ser propiedad de él; le pertenece a la compañía de la cual era dueño”, indicó.
Aunque no recordó la fecha exacta, sí situó la operación en el periodo de reclusión de su padre.
Nostalgia ante los escombros
Al ver caer los muros, Joaquín Hernández Correa no ocultó su tristeza.
“Son detalles inolvidables que solamente al paso del tiempo causan tristeza. Ver caer esos muros provoca nostalgia y tristeza. No podemos hacer nada porque finalmente ahí se va parte de la historia”.
Vivencias del nieto de 'La Quina'
Joaquín Osif Hernández, nieto de don Joaquín Hernández Galicia La Quina, compartió sus recuerdos de infancia en la emblemática casa ubicada en la colonia Unidad Nacional, que actualmente está siendo demolida tras varios cambios de propietario.
En entrevista, relató que sus memorias de la propiedad se centran en su niñez: celebraciones con piñatas, juegos con sus primos en la cochera techada y en el jardín trasero.
Aunque la casa perteneció a su abuelo, don Joaquín vivió ahí solo algunos años. Posteriormente, se convirtió en residencia de una de sus tías, aproximadamente entre 1985 y 1988.
“Mis recuerdos son de mi infancia únicamente. Piñatas, jugar con mis primos aquí en la cochera techada que tenían y en la parte de atrás, donde había un jardín”, señaló.
Explicó que su abuelo visitaba frecuentemente la propiedad, pero la convivencia diaria con él ocurría más en la casa de al lado. Ambas viviendas mantenían una comunicación constante, con flujo de familiares y allegados.
El recuerdo del bombazo y la detención
El entrevistado recordó el día del operativo en el que el Ejército irrumpió en la zona para detener a su abuelo.
Joaquín Osif tenía ocho años y se encontraba en la escuela cuando su padre fue a recogerlo a él y a su hermana. Los llevaron a casa de su abuela paterna, donde permanecieron varios meses.
Según su testimonio, el bombazo ocurrió en esta casa, específicamente en una puerta al fondo de la entrada principal que conectaba con la sala y la cocina mediante una escalera. Sin embargo, La Quina ya no residía ahí de forma permanente y fue detenido en la casa contigua.
“Ellos aquí llegaron por equivocación, pensando que era su domicilio vigente”, precisó.
Actualmente, el piso de esa área ya fue demolido, por lo que no es posible observar el lugar exacto.
A pesar del paso del tiempo y la transformación de la propiedad, Joaquín Osif Hernández destacó que la esencia y los recuerdos de La Quina permanecen vivos entre la familia y quienes conocieron la historia del lugar.
“Pues aquí estaba también toda su gente, había un flujo constante de personas aquí también”, mencionó con nostalgia al referirse a las reuniones familiares que se extendían entre las dos propiedades.
La demolición de esta casa no solo representa el fin de un inmueble, sino el cierre físico de un espacio que fue testigo del desarrollo de la Unidad Nacional, de las luchas obreras y de la vida íntima de una de las familias más influyentes en la historia petrolera del sur de Tamaulipas.
JETL
