La segunda temporada de The Pitt nos regresa a la sala de urgencias del Pittsburgh Trauma Medical Hospital en uno de los días más caóticos del año en Estados Unidos: el fin de semana del 4 de julio. Alcohol, fuegos artificiales, deportes extremos y patriotismo se combinan para crear el escenario perfecto de un hospital desbordado, pero esta vez el caos no solo ocurre entre los pacientes, sino también dentro del propio personal médico.
Diez meses después del evento de víctimas masivas que marcó el final de la primera temporada, la serie retoma la historia durante un solo turno de 15 horas, un formato narrativo poco común que vuelve a colocar al espectador en tiempo casi real dentro del ER. Sin embargo, el verdadero giro de esta nueva entrega está en su protagonista: el Dr. Michael "Robby" ya no solo atiende emergencias, ahora enfrenta las suyas.
“En la temporada 1 vimos un poco cómo el médico es el paciente. La temporada 2 explora el hecho de que los médicos no son muy buenos pacientes. Queríamos volver este año sin que Robby apareciera ‘curado’. Apenas logramos que reconozca que tiene un problema”, dijo a MILENIO Noah Wyle, protagonista y productor de la serie. “Y ese reconocimiento, lejos de resolverlo todo, abrió una nueva etapa, marcada por la resistencia a pedir ayuda”, añadió.
“Resultó más interesante explorar su resistencia a buscar ayuda, la forma en que la evita y los obstáculos que le impiden admitir que la necesita, mientras al mismo tiempo la promueve para los demás. Esa fue una parte muy interesante del proceso creativo de la segunda temporada. Queríamos mostrar a Robby como alguien que sigue en una encrucijada. Es su último día antes de tomarse un año sabático”, agregó Wyle.
En esta temporada, Robby se encuentra en una encrucijada personal y profesional, antes de tomar distancia de la situación en el hospital vemos el regreso de Langdon, tras diez meses en un programa de rehabilitación, “y él representa el camino terapéutico y de autoanálisis que Robby probablemente necesita recorrer. Pero desde la perspectiva de Robby, es como si la kriptonita entrara en la casa de Superman”, explicó el actor.
Más allá del drama individual, The Pitt plantea una reflexión sobre la salud mental de quienes ocupan posiciones de liderazgo en hospitales, “cuenta una historia muy real sobre médicos de salas de urgencias que sienten que no pueden pedir ayuda porque deben proyectar confianza a los demás”, dijo Wyle, “lamentablemente, por eso estas profesiones tienen algunas de las tasas más altas de divorcio, adicciones y suicidio. Les pasa factura”.
El 4 de julio: caos clínico y creatividad visual
Elegir el 4 de julio como punto de partida para la segunda temporada no fue casual, de acuerdo a los creadores de la historia y su protagonista, quien también es productor de la misma, “queríamos que hubiera un verdadero paso del tiempo”, explicó Noah Wyle, “diez meses nos dieron el espacio perfecto para que el público se pregunte qué pasó en ese lapso de tiempo: ¿a dónde fue el Dr. Collins?, ¿qué pasó con Robby?, ¿fue a terapia?”.
Además, el festivo en Estados Unidos, el día de su independencia, permite mostrar la diversidad extrema de casos que llegan a una sala de urgencias, “el 4 de julio trae una enorme diversidad de casos: alcohol, fuegos artificiales, deportes acuáticos, deportes de motor, patriotismo”, explicó el protagonista y justo eso fue lo que “permitió que la historia fuera más diversa. El equipo de maquillaje y efectos especiales fue muy creativo”.
Un turno de 15 horas que volvió a funcionar
Para los showrunners John Wells y R. Scott Gemmill, la segunda temporada también confirma que el arriesgado formato narrativo funciona, “aunque no estábamos seguros de que fuera a funcionar la primera vez que lo aplicamos”, reconoció Gemmill, pero “la idea es que el espectador se sienta completamente inmerso en la sala de urgencias, que vea acción en primer plano y también al fondo. Eso le aporta autenticidad a la serie”.
Coordinar ese nivel de realismo fue uno de los mayores retos. “Aprender a coordinar a todos los distintos departamentos para que eso sucediera fue probablemente el mayor desafío”, añadió Gemmill; mientras Wells explicó que el equilibrio entre drama y realidad se construyó desde lo humano, porque “todo empieza enfocándonos en quiénes son las personas que llegan, cuáles son sus miedos y sus necesidades en el hospital”.
Eso sí, a diferencia de otras historias The Pitt evita el melodrama tradicional, “los melodramas médicos muchas veces muestran al médico involucrándose completamente en la vida del paciente, y eso no es realista. No es lo que realmente ocurre. Hay que mantener una distancia profesional, y aprender a manejar esa distancia”, explicó Wells sobre lo que ofrece esta historia para volverla cercana a la realidad en una sala de urgencias.
Una serie sobre trabajo, aprendizaje y sistema de salud
La nueva temporada también profundiza en las consecuencias de los recortes presupuestales y los cambios en las políticas de salud, y lo vemos en cada situación que está más allá de lo médico y que vulnera a los pacientes, “como cuando a las personas les quitan su seguro médico, tienden a no recibir atención”, explicó Gemmill, “llegan a urgencias en peor estado, y eso genera una presión adicional sobre el sistema de salud”.
Con una sala de urgencias al límite en uno de los días más caóticos del año, The Pitt vuelve no solo para mostrar cuerpos heridos, también personas agotadas. En su segunda temporada, la serie se atreve a mirar hacia adentro y a cuestionar qué ocurre cuando quienes sostienen el sistema ya no pueden sostenerse a sí mismos. Un retrato crudo y necesario sobre el precio de cuidar a otros cuando pedir ayuda sigue siendo difícil.