La primera vez que el tijuanense Josué Ramírez sintió que su proyecto musical, La Texana, podía crecer más de lo esperado, fue el 23 de marzo del 2023. Días antes había lanzado el EP Morro y esa noche aterrizó en la Ciudad de México para presentarlo en el Foro Indie Rocks!, uno de los espacios emblemáticos de la colonia Roma.
Acompañado de Ghouljaboy, Ritmo Cósmico y Te Vi en un Planetario, reunió a aproximadamente 300 personas en la Sala B del recinto. "Ni siquiera la llené", recuerda. Pero cuando vio que “estaban cantando todas las canciones, se las sabían todas”, sintió que podía venir algo más grande.
Tres años después de esa velada, sonríe al confirmar que su intuición no se equivocó: su siguiente concierto el 28 de febrero en un escenario histórico del país, el Teatro Metropólitan, ya está agotado; más de 3 mil personas lo acompañarán. “Se siguen sumando puntos de inflexión y éste va a ser otro”, dice a MILENIO.
El origen de La Texana
La visión musical de Ramírez, donde dialogan el regional y el post punk, comenzó a desarrollarse durante la pandemia. Primero, a puerta cerrada en su natal Tijuana. "Bajaba con mi lap y le enseñaba a mi papá alguna canción nueva", recuerda.
Pero un mensaje de Lucas Rossetto, quien en ese entonces arrancaba una agencia llamada El Brillante y hoy es la "mano derecha" de Josué, removió todo: "El proyecto tenía como seis meses de haber empezado cuando me escribió: ‘Me interesa traerte a la Ciudad de México para dos fechas de Depresión Sonora’".
Como en ese entonces apenas era mayor de edad, lo consultó con sus papás, quienes, para mayor confianza, tuvieron una videollamada con Lucas. Él los convenció del potencial de La Texana y ellos compraron el boleto de avión para su hijo.
“El primer año no sabíamos a dónde queríamos llevar esto. Incluso yo seguía estudiando en Tijuana —cuenta el músico—. Pero pronto todo empezó a crecer… Son de esas cosas que no se suelen repetir tan fácil”.
"Una persona soñadora"
Tras el lanzamiento de Morro en 2023 — del que se desprende Un día como hoy, convertido en un himno de motivación que suma más de 3.9 millones de reproducciones en Spotify — comenzó una etapa de bonanza para La Texana: más conciertos, más canciones, más reproducciones y más seguidores.
Un éxito que, al intentar explicar, Josué atribuye a “juntar el lado creativo con el lado cerebral”. Es decir, además de la música, se involucra en todos los procesos: “Desde las juntas de distribución y el plan de lanzamiento, hasta la merch y todo lo estético. Pasar tanto tiempo con Lucas me hizo querer entender los picos del proyecto, en qué momento está; incluso reviso los reportes de ventas. Ver eso me ayuda a crecer”.
En 2025, el proyecto realizó casi 50 fechas en países como España, Colombia y Estados Unidos; prácticamente un concierto cada fin de semana.
Por eso este 2026, Josué y su equipo buscan superarse. Ya anunciaron una gira para presentar el disco La casa que cae (2025), con 51 fechas — y más por confirmar — que se extenderán hasta noviembre. “Es la primera vez que inicio el año sabiendo lo que voy a hacer durante todos estos meses. Me ayuda mucho a enfocarme. Y es algo que pasa de manera natural. Mi vida es girar”, comenta.
— ¿Qué sientes al saber que tocarás en un Metrópolitan a reventar?
— Quiero que el show salga bien, que todo salga bien, que llegue el día y tenga voz. Una vez pasando el concierto, ya disfrutaré. Soy una persona soñadora; ojalá que nos inviten a festivales después de esa noche.
Sensibilidad y disciplina
Entendiéndose como una persona "muy sensible", Josué ve en ello un propulsor de su creatividad. "Siempre estoy haciendo música". Pero, admite, "eso no sería nada sin disciplina".
Un valor que le inculcaron en casa, donde recibió — y sigue recibiendo — el respaldo total de sus padres: "Ellos son los primeros que me felicitan de todo lo que anuncio. Nunca me faltó su apoyo. Sin ese primer vuelo que me compraron para venir a la Ciudad de México no lo hubiera logrado".
Hoy vive en la capital junto a su novia, Te Vi en un Planetario. La mudanza aumentó sus ilusiones, pero también los ocasionales quebrantos.
"Sería una mentira decir que no me quiebro, que no sobrepienso. Todo mundo lo hace, es natural. Pero intento ser positivo; las cosas que me agüitan no son mayores que mis ganas de trabajar".
Sabe que la industria exige ir siempre un paso más allá: foros más grandes, festivales, prensa. “La dinámica de crecer año con año es un poco presión para el artista”.
Y, sobre todo, más presencia en plataformas digitales. Se desenvuelve bien en ellas — más de 31 mil seguidores en Instagram, 19 mil en TikTok y 193 mil oyentes mensuales en Spotify —, pero aclara: “Tampoco soy influencer, soy músico”.
Aun así, no concibe su vida lejos del escenario: “Es mi vida, lo que me da de comer, mi motivo de hacer las cosas. En mi arte estoy plasmado yo”.
En esos momentos complicados, lo alivia charlar con su círculo cercano y con colegas que se han convertido en amigos, como Ed Maverick, Macario Martínez y el mánager de Kevin Kaarl.
Pero su mejor forma de encarar el pesar es convertirlo en canción: “Me inspiro en la tristeza, en la melancolía. Cuando me pasan cosas que me hacen sentir mal, las expreso”.
“Creo que cuando te relajas te empieza a caer el veinte, pero también la ansiedad. Por eso nunca dejo de trabajar, no me da tiempo de pensar… no sé si feliz, pero estoy haciendo lo que me gusta. Es como llevar un carro en estándar: ya sé cuándo meterle los cambios”.
hc