Espectáculos

El regreso de Sotomayor: entre hermandad, resistencia y la belleza de lo imperfecto

Entrevista

Paulina y Raúl Sotomayor desentrañan en MILENIO la esencia de 'Wabi Sabi', disco con el que rompen un lustro de silencio.

Fue en el extinto Toreo de Cuatro Caminos, esa cúpula multiusos que se erigía en la frontera de la Miguel Hidalgo con Naucalpan, donde los hermanos Raúl y Paulina Sotomayor experimentaron la iluminación musical.

Era la tarde del viernes 17 de octubre de 2003 cuando, invitados por el ingeniero del concierto, llegaron temprano al recinto. Emocionados por ver a sus ídolos — Tom Rowlands y Ed Simons — mejor conocidos en el Olimpo de la electrónica como The Chemical Brothers.

“¡Fue increíble! Nos invitó una persona cercana, el ingeniero, e imagínate: que tu introducción sea ver el rider de los Chemical… Es fuerte, era la música que escuchábamos”, rememora Raúl, esbozando una sonrisa, en entrevista con MILENIO.

Un momento que no han olvidado. Dos décadas después, esa iluminación sigue encendida en su nuevo disco, Wabi Sabi (2026), donde exaltan el reencuentro entre consanguíneos y aquellos aspectos, tanto bellos como imperfectos, que los formaron.

Raúl y Paulina Sotomayor
Raúl y Paulina Sotomayor. | Foto: Sotomayor / @feligutierres


Encontrar lo bello en lo imperfecto

Tras seis años de silencio, el pasado 13 de febrero Sotomayor lanzó Wabi Sabi, cúmulo de 11 canciones donde, más allá de sus ritmos — house, cumbia, afrobeat, plena y kuduro, por mencionar algunos —, destaca su esencia emocional.

"Fue reencontrarnos como hermanos y músicos — revela Raúl — Volver a las cosas que son importantes para nosotros. Por eso las letras son introspectivas: hablan de la vida. Todo eso que estábamos viviendo quisimos ponerlo ahí. Y el mismo nombre (del disco) habla de encontrar la belleza en las cosas imperfectas; lo escogimos porque queríamos hablar del camino que hemos tenido que recorrer". 

Desde 2020, año que marcó su parón debido a la pandemia, un par de preguntas taladraban sus cabezas: ¿Qué hubiera pasado si el proyecto no se hubiera detenido? ¿Si el covid no hubiera afectado la promoción del disco Orígenes y el tour planeado? 

"Pronto te das cuenta que todo es lo que es, que las cosas no siempre son como querías", reflexiona el encargado de los sintetizadores y teclados.

Paulina resalta lo "vital" que fue, desde el "amor fraternal", volver a crear juntos tras un lustro explorando sus inquietudes solistas: ella con el proyecto Pahua y él con Tonga Conga

"Me acordé cuando vivíamos juntos, que compartíamos mucha música... Eso es chido, ver cómo pasamos distintas etapas. También vernos como un reflejo; los hermanos somos como espejos. Y tener un sueño en conjunto es algo bonito".

Adaptarse al llamado

A veces, Paulina y Raúl vacilan: ¿Estaremos haciendo lo correcto al seguir en esto? Pero el momento dubitativo se disipa al ser conscientes de que "nos pasan cosas que no son normales". 

Por ejemplo, estar diez días en Puerto Rico produciendo el disco junto al multipremiado ganador del Grammy Eduardo Cabra, Visitante de Calle 13. "Son cosas que nos demuestran que vamos por buen camino. Lo que pasa es que la música es difícil, sobre todo ahora: hay crisis económica, el mundo está en guerra con todo, hay un montón de división, el streaming cambió los formatos y cada vez hay menos foros", apunta Raúl.

"Pero, al mismo tiempo, ya vivimos de esto. Y es algo que incluso otros músicos — al menos a mí me lo dicen— nos reconocen: como un caso de éxito. Entonces, se siente como un llamado sobre lo que hay que hacer, y hacerlo bien", agrega.

Ese llamado también implica adaptarse a nuevas formas de trabajo, sobre todo en el terreno digital. “Cuando tienes un equipo y escuchan que quieres sacar el disco sin tanta estrategia, les sorprende un poco”, comenta Paulina. Y confiesa que pensaban lanzarlo desde finales del año pasado, apenas terminado, pero lo reconsideraron en favor de una mejor promoción.

Fue “mejor”, continúa, “tener una estructura y una temporalidad para cada canción, que la gente se vaya familiarizando. Ha sido un proceso chido hacer música que tenga una intención clara a nivel de mensaje”.

Aunque Raúl aclara: “Estamos tratando de alejarnos de lo que está sucediendo”. Es decir, ante el “monstruo” que dicta publicar una canción cada mes o semana, el dúo resiste para evitar “que la música sea simple contenido y no arte”.

"La idea de sacar un disco cuesta trabajo porque siempre quieren algo nuevo. Pero para nosotros es importante contar una historia a través de once canciones. Llevar un hilo, una idea". 

Para esgrimir esta postura, decidieron publicar Wabi Sabi en vinil, formato que implica una escucha completa y, hasta cierto punto, atenta. "Hacer un vinil es una tarea compleja porque no hay maquilas en México, hay que buscar fuera y es caro; si no tienes el apoyo de una compañía, está difícil — reconoce Paulina — Pero sentimos que el formato físico tuvo un revival importante, y hay mucha gente que gusta de coleccionar y escuchar un disco de principio a fin".

De su visita a Puerto Rico para grabar con Eduardo Cabra. | Foto: Instagram @Sotomayor_music
De su visita a Puerto Rico para grabar con Eduardo Cabra. | Foto: Instagram @Sotomayor_music

Arte, no contenido

Hay un meme popular entre el gremio musical donde aparece la frase: 'Imagina que le pides a Kurt Cobain que haga un TikTok'. Esa misma extrañeza es la que sienten Paulina y Raúl cuando se ven ante la petición de grabar un reel o algo similar.

"Entiendo que hay toda una generación de artistas que nació ahí, que para ellos la música es diferente, pero a nosotros no nos tocó eso. Nos tocó el proceso de hacer un disco, montar un show y salir a tocar", precisa Raúl.

Sí, en sus redes hay videos y otro tipo de contenido porque "vemos la importancia que tiene", pero, coinciden, "no es lo más importante; entender ese mundo ha sido aprender a priorizar lo que realmente nos importa. ¡Es abrumador el estar pensando en cómo llegar a un montón de gente! Necesitas desengancharte de eso".

Cuando empezó el camino de Sotomayor, hace una década, “nadie grababa el show”, recuerda Paulina. “En nuestra cabeza vive esa memoria de la gente aplaudiendo y bailando. Está chido poder tener eso en video, pero no pasa nada si no se documenta. Está bien ser amigo del contenido, pero no es lo más importante”.

Lo importante, de momento, es alistar otro gozo compartido: llevar el disco al escenario. Lo que ocurrirá el jueves 26 de marzo en La Maraka. “Vamos a tener flautista, saxofón, y nos encantaría incluir a una chica que toca timbales. También estamos trabajando la parte visual, con pantallas e iluminación”, adelanta Paulina.

Para Sotomayor, al final, se trata de eso: la música, la hermandad y el aprendizaje del camino por encima del destino. Mantener encendida aquella iluminación creativa que se prendió frente a The Chemical Brothers.



hc

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Yair Hernández
  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.
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