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"El Mochaorejas no es apología de la criminalidad, es muy compleja y es realmente objetiva": Damián Alcázar

La serie de ficción original de Vix, protagonizada por Damián Alcázar, se sitúa a finales de la década de los 90, cuando el secuestro comenzó a instalarse como una práctica criminal sistemática.

En un país donde la violencia dejó de ser una excepción para convertirse en una herida abierta, El Mochaorejas no se presenta como un relato sobre un criminal, sino como una mirada incómoda a un momento histórico que marcó a México para siempre. La serie de ficción original de Vix, protagonizada por Damián Alcázar, se inscribe en una tradición narrativa que busca entenderse cómo un contexto social fracturado.

Alcázar vuelve a elegir un proyecto que obliga a mirar de frente una etapa oscura del país y a preguntarse por las condiciones que permitieron que la violencia echara raíces. La serie se sitúa en un momento complejo de la historia reciente del país: finales de la década de los 90, cuando el secuestro comenzó a instalarse como una práctica criminal sistemática.

“Lo que me trajo al proyecto fue la complejidad del ser humano, que es lo que siempre me interesa en mis proyectos. Esto fue a partir de unos guiones extraordinarios que me ofreció la compañía, y dije: ‘¿De veras quieren hacer esto?’ No es nada melodramático, no es apología de la criminalidad, es muy compleja y es realmente objetiva. Es ficción, estamos inspirados en esos hechos del país”, dijo Alcázar a MILENIO.

Más que el delito, la serie pone énfasis en las preguntas incómodas sobre la condición humana y el entorno que la moldea.

“Es principalmente la complejidad del ser humano lo que rige la historia: ¿cómo podemos dar la vida por alguien y cómo podemos quitársela a alguien? Es muy raro —reflexionó Alcázar—. Esos personajes son seres humanos, fueron niños en algún momento, niños muy lindos, pero con infancias terribles”.
Claudia Ramírez (al centro) forma parte de la historia
Claudia Ramírez (al centro) forma parte de la historia / Especial

Para el actor, el contexto histórico es inseparable del relato, porque “hablar de México en esa época es hablar de algo que todavía me preocupa mucho: esta etapa oscura, que se pudrió y de la que todavía no salimos —explicó sobre lo que la sociedad mexicana enfrentó en los años 90, el surgimiento de la ola de violencia a causa del crimen organizado—. Esta criminalidad espantosa que se ha ido multiplicando”.

La serie busca generar conciencia sobre las raíces de la violencia, “aquí (en la promoción) hemos dicho que el amor es la base en la que deberíamos crecer todos. Este pobre tipo (Daniel Arizmendi) no lo tuvo en su casa, es una pena. Los niños tienen que tener amor”

El proyecto también abre espacio a las voces de las víctimas. Scarlet Gruber interpreta a una mujer secuestrada, un personaje construido desde la empatía y el respeto.

“Me duele todo sobre el personaje, realmente me duele todo sobre el país”, compartió la actriz al ser cuestionada sobre el contexto del boom criminal de Arizmendi, “pero disfruté mucho al interpretarla porque me llevó a unos extremos emocionales sin dimensión”.
Gruber explicó que su trabajo partió de la conciencia de un dolor que no le pertenece, “porque lo único que aporto es mi vida, mi ser, entregado a esta historia, pero no puedo dimensionar lo que realmente vivió mi personaje (la mujer secuestrada por Daniel Arimendi), no puedo ni dimensionar lo que han vivido tantas otras. Fue y es algo terrible”.
La fuerza del personaje radica en el acto de nombrar lo vivido: “Conecté con su fuerza, con su valentía de contar su historia, de mostrar su cara, de decir: “yo pasé por esto””, explicó Scarlet sobre su personaje, es algo que “me parece una valentía increíble”. 
Para la actriz, El Mochaorejas es un ejercicio de memoria, “no podemos olvidarnos de estos hechos, porque son cosas que se pueden repetir y que, lamentablemente, se siguen repitiendo”.

Alcázar coincidió en que el trabajo actoral exige un compromiso ético y una comprensión profunda del entorno.

“El análisis profundo del proyecto fue clave. La historia es compleja, intenta ser objetiva y son contenidos sociales que invitan a la reflexión”, por ello insistió en que el personaje no busca generar empatía, “este personaje no nos puede caer bien, porque no tiene con qué. Evidentemente es un sociópata: es violento, no tiene empatía”.
La historia revela una problemática social que no se termina
La historia revela una problemática social que no se termina / Especial

El trabajo en set, marcado por el respeto y la confianza, fue fundamental para construir una narrativa responsable, “que fortuna la mía poder compartir escena con Damián, que es un actor, es un maestro”, dijo Gruber, “su compromiso, su disciplina y su generosidad son lo que hacen que las escenas que compartimos cobren magia”. 

Alcázar lo explicó desde la ética del oficio: “ellas tienen que saber que están en buenas manos, que yo soy un profesional”.

El Mochaorejas no busca explicar ni justificar la violencia de ese episodio en la historia de México, sino confrontarla desde la ficción para entender el país que la produjo. En esa decisión artística y profesional, Damián Alcázar reafirma una carrera coherente con historias que interpelan al espectador y lo obligan a preguntarse por las heridas que México aún no ha logrado cerrar. Y ejemplos hay más de cien en su filmografía.
AJR
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Ivett Salgado Méndez
  • Ivett Salgado Méndez
  • ivett.salgado.mendez@gmail.com
  • Periodista y conductora de entretenimiento, con más de 15 años de experiencia. Durante la última década mi especialidad ha sido el cine, en combinación con la producción de televisión.
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