Cultura

Leonardo Padura: "El periodo revolucionario es mi tiempo vital y es el que novelo"

El autor, amante del beisbol, detalla los matices entre los géneros negro y policiaco, dice que los libros son una plaga invasora de casas y revela que dejó de leer al mexicano Fernando del Paso por su “estilo atractivo, pero pegajoso”.

La saturación de actos no es suficiente para que Leonardo Padura (La Habana, 1955) evada una charla sobre literatura. Usa playera y pantalón negro, sandalias y se fuma un cigarrillo en la calle antes de la entrevista. De las quejas por la agenda abultada pasa en un segundo al entusiasmo con sus temas predilectos: su patria, novela histórica, autores cubanos, proceso creativo y su personaje Mario Conde.

Cuenta que puede leer en unas cuatro lenguas, pero cuando se trata de literatura se limita al español, con traducciones, y alerta sobre “la perversidad del mercado” editorial, que se puede constatar, asegura sin dar nombres, con una mirada a las mesas de novedades. Por eso reivindica la extenuante, pero necesaria labor de promover sus libros, como lo hizo durante la FIL Guadalajara 2025.

La vez anterior que platicamos me iba a contar si había diferencia entre novela policiaca y novela negra, pero acabamos hablando de la novela histórica. ¿Hay diferencia?

Yo creo que es lo mismo. Depende mucho de los críticos y a veces incluso del mercado. El término novela negra surge en Francia, porque la editorial que publicaba una colección de novelas policiacas, Gallimard, publicó los libros con unas portadas negras y le pusieron noir. De ahí sale, no de la realidad que reflejaba, sino de color que era el que prefirió una editorial. Lo que ha ocurrido es que hay novelas de carácter policiaco que privilegian el juego enigmático y otras la mirada social. Tal vez ahí es donde haya una distinción, cuando vamos a toda una evolución de la policiaca hasta el momento en que llegan autores como Raymond Chandler y Dashiell Hammet en Estados Unidos.
“Esto que se conoce como novela negra era un juego inteligente, imposible que existiera en la realidad o muy difícil. Recuerda que Chandler, en su ensayo de 1944, El sencillo arte de matar, dice que la virtud de Hammet fue sacar el jarrón veneciano de una habitación y lanzarlo en plena calle. La calle entró en la literatura policiaca. Es un proceso que se ha acentuado desde los años 70 con autores norteamericanos, franceses, italianos e ingleses, pero también de lo que era la periferia. Hay uno importante en ese proceso, Rubem Fonseca, el cuentista y novelista brasileño, y también Leonardo Sciascia, siciliano, que escribe sobre la mafia y sobre los procesos judiciales en Italia.
“Y después aparece autores en lengua española que potencian esa mirada social, como Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín y Juan Madrid. Aquí en México, los primeros fueron, sobre todo, ya con conciencia de que escribían novela policiaca, Paco Ignacio Taibo II y Rafael Ramírez Heredia. En mi caso yo no le llamaría ni novela policiaca ni negra, siempre le llamo novelas de carácter policiaco, porque yo utilizo determinados recursos de la policiaca para hacer lo que fundamentalmente es una literatura de carácter social.”

En francés sería como polar…

Creo que las calificaciones son muy complicadas. Por ejemplo, mis novelas históricas son falsas novelas históricas. Soy muy heterodoxo en cuanto a los recursos que manejo, porque, en definitiva, yo voy a la historia para entender el presente, para iluminarlo. Esa heterodoxia me permite hacer un ejercicio de libertad creativa. Y eso para un escritor es fundamental.

En ese terreno de que va a la historia hemos visto que retoma la parte de Cuba cuando usted es niño hasta la actual. ¿Qué Cuba es la que más le gusta?

Mira, creo que toda Cuba me gusta. De hecho, desde que los cubanos somos cubanos, que eso ocurre a principios del siglo XIX, y lo materializa un personaje específico que fue José María Heredia, el poeta romántico cubano, que vivió y murió en México. Aquí fue incluso secretario de Santa Anna en 1830. Está la Cuba ahí de principios del siglo XIX, la fundación de la nacionalidad, y en mi novela anterior, Personas decentes (Tusquets, 2022), hablo de la Cuba republicana de principios del siglo XX. También recorro la Cuba de los 50 en la novela La neblina del ayer (2003), todo ese mundo turbio en el que llega la mafia a mi país. Está Meyer Lansky por ahí, por La Habana, y todo el periodo revolucionario, es mi tiempo vital y he tratado de recorrerlo en estas novelas.
Mi primer libro de carácter policiaco se llama Pasado perfecto (1991), con el personaje Mario Conde en 1989, contando una historia que ocurre en ese momento, pero reflexionando sobre ese pasado perfecto, que es el de mi generación. Te darás cuenta, leyendo Morir en la arena (2025), que es el mismo pasado de estos personajes, pero ahora tienen un pasado más largo, porque si en aquel momento tenían 35 años, ahora ya 70, han duplicado la edad y se les duplica el pasado.
“Entonces el panorama es mucho más amplio de ese periodo de vida de una generación, porque creo que esto es lo más importante, me interesa hablar del destino de mi generación. Una parte en el exilio, de eso hablo en Como polvo en el viento (2020), y otra parte ahora empobrecida. Hay un gran escritor cubano, genio, premio Cervantes, Guillermo Cabrera Infante, que se pierde esto, porque él se va después de que triunfa la revolución.”
Leonardo Padura
Leonardo Padura. (Casa de América - Creative Commons)

Entiendo que él dirigía la parte de cine del castrismo.

Él estuvo vinculado a una revista cultural que se llama Lunes de revolución. Escribía críticas de cine, el que era cineasta era su hermano Sabá Cabrera Infante, que hace un pequeño documental que provoca un cisma cultural en Cuba. Guillermo se va muy pronto, porque va a trabajar como agregado cultural a Bélgica y después deserta y se queda por allá. Entonces, su Cuba es una Cuba que se queda congelada, que está en Tres tristes tigres y en La Habana para un infante difunto.

¿Y su proceso creativo?

Vivimos rodeados de historias narrativas, se les llama ahora. Lees el periódico y hay cuentos. Hablo contigo y me hace un cuento. Alguien se me acerca y me dice que me va a contar una historia que es para una novela. Y tú la oyes y no te motiva, porque es muy misterioso. Ahí están las historias, pero ¿alguna saltará o no? No lo sé. Y trato de no saberlo cuando todavía no estoy en condiciones de empezar a escribir. He estado en una gira de promoción desde septiembre de 2025.
“Esta parte de trabajo es muy importante porque la promoción de los libros cada vez es más indispensable, hay una cantidad de atractivo que aleja a la gente de la lectura literaria. El mercado siempre es perverso y en el mundo de la literatura tiene unas perversiones un poco especiales. Si quieres comprobarlo entra en cualquier librería y mira la mesa de novedades y vas a ver hasta qué punto es perverso y no tengo que decirte nombres.”

Se cuenta de José Lezama Lima que le decía a Reinaldo Arenas que no tenía en su biblioteca más de 60 libros, clásicos, y le iba prestando. ¿De cuántos libros es la suya?

La biblioteca va disminuyendo en cantidad de ejemplares, porque son invasivos, son una plaga que te va cobrando espacios en la casa y tengo un estudio de trabajo que está cubierto de libros y en lo que debía ser el vestidor pequeño está lleno de libros. En mi garaje, en el de mi mamá y en casa de mi suegra. Voy sacando y siguen invadiendo. No sé cuántos. Me voy deshaciendo de los que sé que leí y nunca voy a volver a leer, o que nunca he leído y nunca voy a leer. Ahora pongo una caja en la acera y el que quiere se va sirviendo.

Cuando empieza a escribir, ¿qué autores leía de niño, porque al final acaba usted atrapado por este oficio que es, en una novela lo define usted, “para masoquistas infelices”.

De muchacho y de adolescente yo fui un lector muy normalito, porque lo que más hice en mi vida fue jugar beisbol. Leí a Emilio Salgari, a Julio Verne, a Alexandre Dumas. Cuando leí El Conde de Montecristo fue una conmoción. Ya después como estudianteleí mucho, La Odisea, La Ilíada, La Eneida de Virgilio, en fin. Y fui ese lector disciplinado, pero no especialmente voraz. Cuando llego a la universidad, yo quería estudiar periodismo, pero no pude, porque estaba cerrada la carrera ese año. Igual historia del arte. Y terminé estudiando literatura.
Oye esto que te voy a decir: los escritores que estaban de moda eran Mario Vargas Llosa, Cabrera Infante, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Lezama Lima, Arenas y Fernando del Paso después, que es un escritor que cuando yo empiezo mi primera novela, tuve que parar, porque me estaba leyendo Palinuro de México y escribía como Del Paso, porque tiene un estilo tan pegajoso, tan atractivo, que tengo que parar. Eran los escritores de moda.

¿Qué lujo, no?

¡Qué lujo!

Esas eran las mesas de novedades de la época...

¿Viste cómo han cambiado las cosas? Estamos cerrando el círculo finalmente.

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Alfredo Campos Villeda
  • Alfredo Campos Villeda
  • Director de @Milenio Diario. Autor de #Fusilerías y de los libros #SeptiembreLetal y #VariantesdelCrepúsculo. Lector en cuatro lenguas. / Escribe todos los viernes su columna Fusilerías
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