Cultura
  • Salman Rushdie: “La muerte lleva tiempo acompañándome”

  • Entrevista

El escritor Salman Rushdie, autor de ‘Los versos satánicos’. (EFE)

En entrevista, Salman Rushdie habla sobre su regreso a la ficción con ‘La penúltima hora’, libro de relatos que reflexiona sobre el final de la vida.

Si hay algo que mucha gente se pregunta a menudo es cómo Salman Rushdie (Mumbai, 1947) logra tener siempre una sonrisa. Cuando en 1988 publicó Los versos satánicos, el entonces líder de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini, emitió una fatua pidiendo su muerte. Durante nueve años permaneció escondido aunque, con el tiempo, entendió que no quería pasarse el resto de su vida sin tener contacto con los lectores. Excepto en ese periodo, nunca ha dejado de tenerlo. Ni siquiera después de que en el verano de 2022, durante una conferencia, lo apuñalaran de forma repetida. Tampoco ahora, cuando una de las mayores tormentas de nieve en décadas azota Estados Unidos. “He estado estos días en el festival de Sundance y me libré, pero llevo cuatro días intentando regresar a mi casa, en Nueva York, y me han cancelado muchos vuelos. Al fin, he llegado y puedo contestar todas las preguntas”, celebra por videollamada segundos antes de que La Vanguardia se disponga a entrevistarlo con motivo de la publicación del libro de relatos La penúltima hora (Random House). Por supuesto, no ha perdido su sonrisa en ningún momento.

¿Cómo siente volver a la ficción?

Aliviado. Mi vida se había vuelto últimamente demasiado no ficticia para mi gusto. Está bien volver al mundo de la imaginación porque yo siempre he sido un escritor de ficción.

Sus relatos tienen como trasfondo la muerte y el título de su libro juega con la idea de estar cerca del final. ¿Se siente así?

Sí, pero no por nuevas amenazas, sino, simplemente, porque ya soy un hombre mayor. Este año cumpliré 79, y la edad te hace pensar. De todos modos, pese a que el tema sea oscuro, trato de llevar al lector a un lugar lúdico. Me gusta que las historias tengan ese elemento de juego.

Nunca pierde el humor.

El humor es una de las cualidades más características de mi escritura y de mi forma de pensar. Viene a mí de manera natural. No fuerzo frases, me surgen solas. Oscurecer más mi vida no tendría ningún tipo de sentido.

¿Estos relatos sobre la muerte han surgido después del ataque?

Hay cinco relatos. Las tres historias largas se han escrito en este último año, así que sí. Pero las dos más cortas son más antiguas. La muerte lleva mucho tiempo acompañándome, pero la aprendes a sobrellevar.

En el relato que titula “Finado”, el protagonista principal, Arthur, ve cómo el resto vive su muerte.

Es curioso porque nunca antes me había atrevido con un relato de fantasmas. Y sí, yo también he pensado cómo los míos vivirán mi muerte. Bueno, no ha hecho falta que me lo imagine, lo he vivido. Y lo que vi, cuando creían que me iba, es amor, mucho amor. Esa es una manera muy bonita de salir del escenario.

Arthur es un escritor que, ahora que está muerto, teme ser malinterpretado. ¿Comparte ese miedo?

No puedes controlar lo que sucede cuando te vas. Sí, en cambio, hacer lo mejor que puedes mientras estás aquí, y trato de hacerlo.

En Los versos satánicos, uno de sus personajes decía: “Conocer a un escritor es, por lo general, sentirse decepcionado”.

Hay un refrán que dice que mejor no conozcas a las personas que admiras. No sé si la gente se decepciona o no cuando me conoce. Espero que no pero, igual que Arthur e imagino que muchos otros escritores, es un temor compartido.

El legado está muy presente en este último libro.

Si eres escritor, esperas dejar una estantería llena de libros interesantes. Creo tener la suerte de estar en esa posición. También me lo he trabajado. Este es mi libro número 23 y mi estantería es buena y robusta.

En “Oklahoma”, el cuarto relato, escribe: “Estados Unidos se ha perdido en su propia historia”.

Ahora mismo, hay un proyecto de borrar parte de la historia de Estados Unidos, la que habla de los ciudadanos originarios del país y los esclavos. Es preocupante este ataque a la memoria colectiva del país. Si te saltas estas partes, es imposible entender Estados Unidos. Pero a Trump ya le va bien que no nos entiendan. La ceguera se impone.

¿Y tiene miedo?

¿Quién no?

Regresando a “Oklahoma”. Se inspiró para este texto en el manuscrito de América (El desaparecido), una novela inacabada de Kafka, quien, por cierto, nunca visitó Estados Unidos. Se supone que allí su personaje encontraría la felicidad. ¿Tiene usted algún lugar idealizado?

Oklahoma es el lugar al que nunca llegas pero esperas llegar. Y eso nos pasa a todos los humanos y hace que estemos inacabados. Y está bien así. Más que un lugar idealizado, yo lo veo como un sueño por cumplir. Siempre tiene que haber uno. ¿El mío? Ser mejor escritor de lo que soy. Espero lograrlo.

¿Seguirá entonces escribiendo?

¡Claro! ¿Cómo dejarlo? De hecho, ya he empezado a escribir algo, pero quiero ir despacio. He escrito tres libros en tres años y es demasiado para mí. A partir de ahora no quiero ponerme fechas ni límites. Ahora yo pongo las normas.

Muchos lectores y escritores más jóvenes agradecerán que siga con su obra. ¿Hubo algún momento en su carrera en el que fue consciente de que se había convertido en un referente?

Sí, aunque no recuerdo el momento exacto. Es raro que hablen de ti en la universidad y en las escuelas. Por supuesto, satisfactorio, pero raro. Siempre que mi trabajo les resulte útil, yo no puedo más que celebrarlo.

A menudo escribe sobre países que le han marcado. Esta vez, no ha sido diferente. La India, Reino Unido, Estados Unidos...

Es bonito, ¿no? Surge así, no fue un plan. Es como una presentación de los mundos sobre los que me he pasado la vida escribiendo. Si hay alguien que no haya leído ninguno de mis libros, este es un buen comienzo porque te da una idea de todo.

Dos de sus protagonistas son muy particulares. Senior ha tenido una vida plena y ahora ansía la muerte. Su compañero, Junior, ha tenido una vida mediocre, pero aún la valora intensamente. ¿Es usted más cercano a alguna postura?

Los escritores muchas veces nos vemos reflejados en lo que escribimos. Podría ser una mezcla, pero siento que tengo muchas diferencias con ambos. Ellos representan dos mitades de una misma persona. Hacía tiempo que quería escribir sobre ellos. Hace años me inspiré en dos señores que conocí en Chennai, en la India. Tenían un humor horroroso, pero eso los convertía en seres bastante graciosos. Eran muy cascarrabias aunque, también, súper entretenidos. Por fin he encontrado un relato para ellos.

En este primer relato, habla de calamidades nacionales, que prefiere dejar en un segundo plano.

La historia grande se suele comer las muertes pequeñas, pero yo trato de hacer al revés, que estas sean protagonistas. Al fin y al cabo, son las que más nos afectan como individuos.

El don como maldición

La muerte no es lo único que ronda en el trasfondo de los relatos del nuevo libro de Salman Rushdie, La penúltima hora. El don como maldición también está muy presente para muchos de sus protagonistas. “El arte, a veces, más que salvar, devasta”, opina uno de ellos. El autor reconoce que la escritura le ha dado algún que otro problema en su vida, teniendo en cuenta las múltiples amenazas de muerte que ha recibido a lo largo de los años. “Aun así, considero que soy muy afortunado de tener esta habilidad, pues desde muy joven quise ser escritor y he podido cumplir mi sueño”. No es el único que tuvo, pues hubo una vez en la que también se imaginó siendo un actor. “Pero dejé atrás esta idea porque no soy idiota y sé que no hubiera salido bien. Me conformo con algunos cameos que he hecho y estoy abierto a propuestas”.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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