La coyuntura parecería no favorecer un debate sobre la idea de una Renta Básica para Artistas en México, cuando el mundo enfrenta el Año Nuevo con nuevas reglas (cero reglas) en materia de derecho internacional. Pero habrá que insistir en que es precisamente frente a crisis como esta cuando los artistas y creadores ofrecen el mejor escudo para sortear tiempos de incertidumbre y zozobra, al ser, como lo hemos planteado en diversos foros y espacios, quienes brindan luz al final del túnel, acompañamiento emocional, sostén en la construcción y posicionamiento de nuevas narrativas centradas en la colaboración, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos. Luchar en el terreno de la batalla cultural por que los administradores entiendan la importancia de sostener a sus comunidades creadoras es y debe seguir siendo una tarea inquebrantable para quienes elaboran políticas públicas con evidencias y estudios de caso, sobre todo si, como lo muestran las evidencias técnicas, esa inversión reditúa y tiene un “retorno de inversión” comprobada.
En México ese retorno de inversión está plasmado en el análisis de la Cuenta Satélite de Cultura 2024, de Paulina Castaño (publicado originalmente en Animal Político y retomado en Paso Libre del GRECU (¿Qué nos dice la Cuenta Satélite de Cultura 2024?), con datos reveladores. La posibilidad de medir y cuantificar los beneficios de invertir en Cultura tiene otros referentes, como el caso irlandés, con su programa de Ingreso Básico para las Artes, un proyecto visionario al que habría que prestarle especial atención.
Evidencias y resultados
Su nombre es Partrick O’Donovan, químico analítico de formación y con un posgrado en Educación. No ha cumplido los 50 años y ya ha sido ministro de Transporte, de Turismo, de Gasto para Obras Públicas, de Educación Superior, de Investigación, de Innovación y de Ciencia, de Artes y de Medios, y desde 2022 lo es de Cultura, Comunicaciones y Deportes, cargo que repite en el nuevo gobierno de izquierda de Irlanda encabezado por Catherine Connolly, que entró en funciones en noviembre pasado.
O’Donovan es el cerebro detrás del programa piloto conocido como “Basic Income for the Arts” (BIA), o Ingreso Básico para las Artes (una modalidad de Renta Básica), que el gobierno irlandés aplicó durante tres años de 2022 a 2024, con un estricto protocolo de seguimiento y un grupo de control, y cuyos resultados quedaron registrados en un estudio de caso elaborado por Satu Teppo y Paraic Mc Quaid (Basic Income for the Arts pilot scheme – an Irish case study), y han sido tan positivos que el programa será permanente a partir de este 2026, beneficiando —para empezar— a dos mil 200 artistas creadores y trabajadores de la Cultura, a los que se sumarán otros 200, de acuerdo a información difundida por la radio pública. O’Donovan adelantó que llevará al nuevo gobierno “un esquema sucesor con la intención de consolidar un ingreso básico permanente para el sector cultural”, en un programa que representa —como él mismo lo dice— “la envidia del mundo y un logro tremendo para Irlanda”.
El programa entregará permanentemente 325 euros a la semana (unos 27,300 pesos al mes) a dos mil 200 artistas y trabajadores de la Cultura.
Pero no todo son estimaciones o valoraciones subjetivas en cuanto a los resultados. El estudio que sustenta el programa irlandés arroja pruebas cuantificables, como señalamos al inicio de esta nota. En tres años el gobierno irlandés invirtió 72 millones de euros y el retorno de inversión fue de 100 millones. Por cada euro destinado al BIA, hubo una “ganancia” de 39%, como lo demuestra un segundo reporte (Análisis costo-beneficio de la Renta Básica para las Artes), elaborado para el Departamento de Cultura, Comunicaciones y Deporte en septiembre 2025, lo que revela que —en palabras del propio O’Donovan— “el retorno económico de esta inversión en los artistas y trabajadores de las artes creativas de Irlanda está teniendo un impacto positivo inmediato en el sector y la economía en general”.
A esto habría que añadir que este no es el único programa que ha impulsado Irlanda en este terreno, pues —como puede leerse en el estudio—, desde los años 70 ha venido explorando y estableciendo diversas iniciativas para asegurar ingresos básicos para artistas de diferentes disciplinas y apoyado esfuerzos en este sentido, que se ha acentuado y cristaliza en este nuevo programa, principalmente después de la pandemia de covid.
La cultura y las artes son cosas distintas
Es indispensable seguir afinando ideas y argumentos para distinguir entre lo que es una política pública que se concentre en ampliar el acceso a la cultura a través del cumplimiento de los derechos culturales y hacerlos extensivos a toda la sociedad, de lo que es una política pública que se concentre en incentivar a las Artes y a quienes se dedican a ellas profesionalmente: creadores, investigadores, productores, docentes, gestores, divulgadores, mediadores.
Identificar sus diferencias es crucial para entender, sin gritos ni sombrerazos, que sin el estímulo al ecosistema de la Creación no habría cultura viva, solo el patrimonio heredado, producido —por cierto— por un grupo de creadores del pasado, que vivieron otras condiciones económicas y otro contexto.
Con Mercado o sin Mercado, el Estado debe decidir cuál es su rol en esta actividad de primera importancia, por su potencial económico pero sobre todo simbólico, al ser el que produce los signos y los símbolos, el que le da sentido a eso que se llama México y a eso que se entiende por ser mexicano o mexicana.
Contra la precariedad
“El problema de políticas públicas sobre cuál es la mejor manera de apoyar a los artistas y al sector artístico existía antes de la pandemia de covid-19 —se lee en el informe—, pero en muchas jurisdicciones la crisis expuso problemas profundos en relación con la precariedad, los bajos salarios y las condiciones de trabajo generalmente impredecibles en el sector artístico y cultural” (Banks; O’Connor). ¿Les suena conocido?
En México solo existe un programa medianamente equivalente enfocado en estímulos para artistas, conocido como Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA), dentro del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), de la Secretaría de Cultura federal. Entrega a los artistas seleccionados un estímulo de 32 mil pesos mensuales por tres años a Creadores Artísticos (600 en total) y 42 mil pesos mensuales a Creadores Eméritos (52 en total), libres de impuestos, al tratarse de recursos etiquetados de la partida conocida como Capítulo 4000, correspondiente a Premios y Recompensas. El gobierno mexicano eroga 255 millones de pesos al año para becar a estos 652 artistas (únicamente los Eméritos reciben el estímulo en forma permanente, al ser Premios Nacionales de Artes y Literatura).
A diferencia del programa de Ingreso Básico para las Artes del gobierno de Irlanda, el Sistema Nacional de Creadores en México dura tres años, y para recibirlo otra vez hay que esperar un año para volver a postular, sin garantía alguna de ser seleccionado, si bien hay casos muy conocidos y difundidos en la prensa, de quienes han tenido este apoyo hasta por seis ocasiones, mientras otros creadores nunca lo han recibido, pese a que postulan año con año con sobradas credenciales para ello (pero eso es otra historia).
“Según el propio ministro Patrick O’Donovan —como se puede leer en la nota de Faustino Cuomo para Infobae—, la finalidad principal del programa consiste en combatir la inestabilidad económica que afecta de manera crónica a los trabajadores creativos, permitiéndoles dedicar más tiempo y energía a su producción artística.”
Otro ejemplo para contrastar, también en México, es el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), en el ámbito de las Ciencias, cuyos miembros (45 mil inscritos hasta este año), sí pueden renovar en automático cumpliendo una serie de requisitos, en cinco categorías (C, I, II, III y Eméritos), con estímulos que van de los 10 mil a los 50 mil pesos mensuales, libres de impuestos. Este año recibirán 9,170 millones de pesos, con un incremento de más de 500 millones de pesos respecto al año anterior. No existen datos claros sobre su aportación a la nación, en patentes, desarrollo tecnológico, avances científicos.
Cuentas que no cuadran
Lo irónico es que apenas hace unas semanas, la Presidenta Claudia Sheinbaum, una científica adscrita al SNII (sin goce del estímulo mientras ejerce el cargo, ciertamente) anunció una ampliación de 7 mil millones de pesos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación —responsable del Sistema de Investigadores—, con argumentos incuestionables: “Va a tener un incremento en su presupuesto para apoyo al desarrollo científico y tecnológico, y de humanidades y de becas para posgrado porque quedó muy limitado". Si el presupuesto de Ciencia quedó limitado, el de Cultura vive un proceso de asfixia aplastante.
Haciendo cuentas, la erogación anual del gobierno irlandés para sostener a sus artistas a través de este programa de Ingreso Básico (hay otros programas) equivale a 721 millones de pesos mexicanos y alcanza al .04% del total de su población, que es de 5.4 millones de personas.
En contraste, la erogación anual del gobierno mexicano para sostener a 650 artistas (la cuarta parte de los becarios en Irlanda) apenas rebasa los 250 millones de pesos y alcanza un raquítico .0005% de su población, que es de 130 millones de personas (24 veces mayor a la de Irlanda).
Tan lejos de Irlanda y tan cerca de…
En México, la situación de la comunidad artística es más que grave, alarmante, sin recursos (con recortes sistemáticos), sin partidas extraordinarias ni ampliaciones presupuestales ni funcionarixs que peleen por ellas, sin trabajos (no hay Mercado) ni perspectivas de futuro, ni para los consolidados ni —mucho menos— para los jóvenes artistas que egresan de un sistema educativo que no pensó en qué pasaría una vez que salieran a un mundo laboral inexistente. Ni qué decir de quienes aún estudian artes en el resto del país, con las asimetrías entre estudiar en la capital frente a hacerlo en otros estados.
El ejemplo está en la mesa, no es una idea, sino una realidad tangible y medible. Dos gobiernos de izquierda con distintos paradigmas, distintas visiones, distintos programas y prioridades. Allá los artistas y creadores están en el centro de la política pública. Acá ni nos ven ni nos oyen. Como decimos una y otra vez: ¿y a la Cultura cuándo?
Alejandro Ortiz González es socio fundador de Bioscénica: cuerpo digital y transdisciplina y miembro de la Asamblea de Artes de la Ciudad de México (ADA). Correo electrónico: contacto.bioscenica@gmail.com
AQ / MCB