Cultura

‘La sirena y el jubilado’, de Élmer Mendoza: un héroe cansado

A fuego lento

En su nueva novela, ‘La sirena y el jubilado’, Élmer Mendoza pierde fuerza narrativa; apela a lugares comunes y deja que los personajes se diluyan en clichés dentro de una trama predecible.

Aquella vivacidad estilística, la bruñida rebeldía del lenguaje, esa unión perfecta entre la oralidad y el impulso de contar; aquel arrojo para reinventar el thriller político a la mexicana; aquella universalidad hecha de acentos e historias locales; aquel don para diseñar un museo vivo de los antihéroes —asesinos, magnicidas, pistoleros, narcotraficantes, policías corruptos— que han sobrepoblado el imaginario mexicano… todo eso ha dejado de pertenecer —¿volverá?— a Élmer Mendoza. Si El asesino solitario significó un despegue vertiginoso, su más reciente novela, La sirena y el jubilado (Alfaguara), es un aterrizaje forzoso debido a inaceptables fallas mecánicas.

La sirena y el jubilado sigue la fórmula de un puñado de buenas gentes enfrentadas al poder político patrocinado por traficantes de fentanilo. Hay una aspirante a diputada —la sirena, porque tiene una voz de embrujo—y un diputado en funciones y un viejo guardia de seguridad en un museo con entrenamiento militar. Hay una conjura para asesinar a esa aspirante y hay la desinteresada intervención del viejo guardia que se juega la vida para protegerla. Lo demás son balaceras, fugas, algo de sexo, llamadas telefónicas y más llamadas telefónicas. He aquí el argumento, nada que no fuera concebido por Élmer Mendoza, y, sin embargo, algo resulta desconcertante: los personajes que convoca, quienes figuran de principio a fin y quienes sirven de comparsas, sin excepción, santos y pecadores, han perdido la batalla contra el cliché. La aspirante a diputada se ha postulado a la voz de “No podemos tolerar más la violencia de género, debemos arrancarla de raíz castigando a los agresores”;el jubilado semeja a un Charles Bronson remasterizado y el diputado en funciones parece inspirado en un galán bronceado de teleserie. Los empistolados llevan el rostro manchado por una cicatriz, las seguidoras de la candidata no han leído a Camille Paglia pero “defienden su derecho a una vida digna”. En fin, que todo ocurre en blanco y negro a través de una escritura que apenas tiene aliento físico: es incapaz de subir una pequeña pendiente, apenas y puede ir al trote, resuella a cada paso.

Los lectores no deben esperar acciones trepidantes, ni siquiera migajas de suspenso, porque La sirena y el jubilado es tristemente un desfile convencional de eslóganes políticos y reivindicaciones de género. Así que ¿y dónde quedó todo aquello? Los héroes tienen derecho a estar cansados.

La sirena y el jubilado

Élmer Mendoza | Alfaguara | México, 2026

AQ / MCB

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Roberto Pliego
  • Roberto Pliego
  • (1961) Cursó Letras Hispánicas en la UNAM. Fue subdirector de la revista Nexos. Autor de La estrella de Jorge Campos y 101 preguntas para ser culto, es editor de Laberinto.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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