Estoy en Tbilisi, Georgia, en un festival literario. En todos los eventos hay una silla vacía con un letrero: “Reservada para Zviad Ratiani”. Se trata de un poeta que lleva ya un año en prisión y al que le queda uno más por delante. El cargo es haber abofeteado a un policía. El verdadero delito es ser un poeta que habla de la libertad. Antes de este arresto, ya en otras ocasiones lo habían apresado, golpeado y torturado.
En incontables esquinas y balcones y muros de Tbilisi pueden verse banderas de Georgia, porque los georgianos aman su patria; de la Unión Europea, porque sus raíces y cultura son europeas y desean formar parte de esa maravillosa alianza; de Ucrania, porque apoyan la causa ucraniana y saben muy bien lo que son las armas y la ocupación de los rusos; y también se ven montones de pintas que dicen: “Fuck Russia”.
Hay pocos pueblos que nacen sumisos. Uno es el ruso, y durante siglos ha querido exportar esa sumisión. Czesław Miłosz escribe en La mente cautiva, que Rusia quiere someter a otros países pese a ser “una nación que nunca supo gobernarse ni siquiera en casa, y que nunca ha conocido el éxito ni la libertad”.
En cada evento del festival se habla de libertad e independencia. Se recuerda que hay un gobierno autoritario que se estableció mediante el fraude, y se tiene conciencia de que las tropas rusas están ocupando una quinta parte del territorio. Conversé con una joven asistente al festival. Me comentó que estaba celebrando porque seguía en libertad luego de su cita de esa mañana en el juzgado por haber participado en una protesta. “El juez me multó, pero no me encarceló”.
A muchos les ocurre que les imponen una multa, pero no les notifican nada. Luego de un tiempo, les incautan las cuentas por no haber pagado la multa.
Los georgianos hacen un arte del buen comer y beber. Es arte, delicia y abundancia. Y nunca fueran escritores por sus anfitriones tan bien servidos como lo fuéramos nosotros cuando de nuestra tierra vinimos.
Pasadas las diez de la noche, al final de una cena, algunas colegas georgianas dijeron “vamos a la protesta”. Las acompañé. Desde hace años se realiza una protesta continua frente al parlamento. Había escritores, músicos, cineastas, editores, todo tipo de profesionales y “público en general”. En una manifestación como esa se llevaron a Zviad Ratiani. Dentro de un año, cuando lo suelten, volverá.
En esas protestas por la libertad y la democracia, lo mismo se recuerda a la periodista Mzia Amaglobeli, ganadora del premio Sájarov, también presa dos años quesque por una bofetada.
Georgia es candidato a ingresar en la Unión Europea, pero con estas y otras acciones al estilo de las dictaduras, el gobierno aleja el sueño de los georgianos y le hace el caldo gordo a Rusia. Presos un poeta y una periodista: los dos símbolos de la libertad.
AQ / MCB