A cien años del nacimiento de Sergio Galindo (1926-1993), la Universidad Veracruzana ha realizado varias actividades para destacar la importancia del escritor mexicano y editor universitario. Sobre el papel que jugó en esta tarea, resalta la creación de la revista La Palabra y el Hombre (1957) y la subsecuente colección Ficción (1958) que cobijó a escritores jóvenes, o no tan jóvenes, pero en desarrollo o casi consagrados en las letras mexicanas. No hubo mezquindad nacionalista, pues también abrió sus puertas a autores de otros países de América Latina y a traducciones de obras contemporáneas de otros idiomas.
Por cuestiones de espacio, referiré en estas líneas algunas particularidades relativas a obras y autores de la colección Ficción del primer periodo de Sergio Galindo: los años 1957-1964. En primer lugar, podría parecer sospechoso que el título inaugural de la colección Ficción fuese Polvos de arroz (1958) del mismo Sergio Galindo. Era su primera novela publicada, aunque estaba en prensas La justicia de enero en el Fondo de Cultura Económica, y ya tenía publicado un primer libro de cuentos. Hasta donde sé, fue el mismo rector, Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, quien pidió se abriera la colección con ella como un acto de justicia a Sergio, pues se dice que se pospuso la salida de La justicia de enero para dar paso antes a una novela de Carlos Fuentes.
El también veracruzano Emilio Carballido (1925-2008) vio publicada su novela El norte ese mismo año de 1958. Desde 1946, el autor cordobés ya había dado a las prensas unas cuatro novelas y una obra de teatro, género en el que más se le reconocería dentro de la literatura nacional. En la misma colección Ficción salió a la luz su obra de teatro Las estatuas de marfil, en 1960. La amistad entre Sergio y Emilio, iniciada en Ciudad de México, se consolidó en estos espacios universitarios. Galindo cuenta que pudo terminar su novela El hombre de los hongos (1976), gracias a la terca insistencia de Carballido. Otra amistad, nacida también en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, sita en Mascarones, fue la que llevaron Sergio y Luisa Josefina Hernández (1928-2023). De ella se publicó en Ficción: la obra de teatro Los huéspedes reales (1958) y las novelas La cólera secreta (1960) y El lugar donde crece la hierba (1959). Hablar de amistades entre Galindo y algunos de los primeros autores de la colección Ficción no quiere decir que fueran esos lazos los que primaran para la selección de las obras. Simplemente que fue por esas amistades, o conocidos, que la colección se vio nutrida de buenas obras porque lo importante era la calidad y estos autores, relativamente jóvenes, no eran unos primerizos.
Además, Galindo y la Universidad Veracruzana dignificaron la labor de los escritores dándoles el debido y justo pago por sus obras. Antes, varios de ellos, incluido Sergio, habían tenido que pagar sus primeras ediciones. Un caso de escritor casi inédito fue Vicente Leñero (1933-2014), quien ni era conocido de Galindo y, además, solo tenía un libro de cuentos editado por la editorial Jus en el año de 1959; pues a él, por su primera novela La voz adolorida, Galindo le vio una promisoria carrera de escritor. Salió a la luz en 1961. Y Sergio no se equivocó, como no se equivocó con ninguno de los escritores que hospedó en Ficción, donde se publicó narrativa, teatro, poesía e incluso guiones cinematográficos.
Caso muy citado de la colección fue el libro de cuentos de Gabriel García Márquez (1927-2014): Los funerales de la Mamá Grande, que salió en 1962. El autor colombiano ya había publicado cuentos en el periódico El Espectador y editado sus novelas La hojarasca (1955) y El coronel no tiene quien le escriba (1961); pero hay que decirlo, García Márquez comenzó a ser García Márquez a partir de Cien años de soledad (1967).
En fin, quedan muchos retazos de la tela de Ficción. Como el caso de los cuentos de Juan García Ponce (1932-2003), en Imagen primera (1963), cuyo cuento “Reunión de familia”, según el autor, lo debió a Galindo. O Dormir en tierra (1960) de José Revueltas (1914-1976), a quien Sergio y Carballido le proponían cortar los últimos párrafos del cuento que da nombre al volumen y él aceptó si ellos querían, pero al final no se atrevieron y respetaron el original. O la historia que se revela por cartas de la editorial del affaire entre Octavio Paz y Elena Garro. Y las obras que de ellos publicó la colección.
AQ / MCB