Reapareció el retrato de Elena Garro y Octavio Paz realizado por el pintor y escritor español exiliado en México, José Moreno Villa (1887-1955), del cual se desconocía su paradero. Se encuentra en el archivo Octavio Paz-Marie José Tramini, el cual está bajo el resguardo del DIF de la Ciudad de México, responsable como albacea del archivo. Este retrato fue pintado al óleo por Moreno Villa en México, en el año de 1939. La pieza, que llevaba por título original “El poeta Octavio Paz y señora”, fue exhibida por primera vez en la exposición individual del artista malagueño en la Galería de Arte Mexicano (GAM) en 1940, en la cual expuso trabajos realizados entre 1939 y 1940. El cuadro, nos recuerda el investigador Juan Pérez de Ayala en el catálogo José Moreno Villa 1887-1955, se mostró al lado de otros retratos, como los de Carolina Amor, Enrique Díez-Canedo, Carmen Barreda, León Felipe y Daniel Cosío Villegas.
En un artículo titulado “Memorias revueltas. Amistades literarias mexicanas y extranjeras”, publicado en el suplemento México en la cultura, del periódico Novedades, el 25 de febrero de 1951, José Moreno Villa hace una descripción del ambiente intelectual en el que vivía cuando retrató a esta pareja de escritores, y a propósito de que Paz se encontraba fuera de México a comienzos de la década de 1950, dice Moreno Villa: “Lamentamos no verle [a Paz] ni personalmente oírle hablar con aquella pasión de cerebro joven entonces, con aquella seguridad de joven voraz que lo distinguía por los años en que yo frecuentaba su casa y le retraté al óleo, juntamente con Elena, su esposa. La simpatía mutua brotó desde su llegada de España. Siempre le tuve por uno del grupo hispano, el más afín de todos los poetas que iba conociendo en el nuevo continente”.
Por el mismo Octavio Paz sabemos que el cuadro no fue pintado en la casa del matrimonio Paz-Garro, sino en el estudio del pintor Jesús Guerrero Galván, integrante de la Escuela Mexicana de Pintura y esposo de Devaki Garro, hermana de Elena; así lo dice el escritor mexicano en el texto “Vivacidad de José Moreno Villa”, publicado en el libro Las peras del olmo (1957), cuando recuerda los diversos “rostros” que le conoció al pintor exiliado en nuestro país. Dice Paz: “puedo recordar [el rostro de Moreno Villa], pintando mi retrato y el de Helena [sic], en casa de Guerrero Galván”.
Ángel Gilberto Adame, en su texto “El retrato de Elena y Octavio”, publicado en la página Zona Paz, apunta con certeza que Paz eliminó estas líneas cuando recopiló dicho texto para sus Obras Completas, y afirma que este hecho condenó todavía más al olvido a dicho retrato. El mismo Ángel Gilberto rescata un párrafo de Memorias de Helena Paz Garro, en el que la hija del matrimonio recuerda el retrato de sus padres, pero confunde el apellido de Moreno Villa con el de un pintor español de apellido “Villaseñor”; así lo dice Helena Paz: “Villaseñor, el pintor español también le hizo un bello lienzo. Ante esto, mi padre se quejaba con los amigos: —¿Por qué no me pintan a mí? —Porque eres mofletudo, y no tienes ángulos— le contestaba la mayoría de los pintores. Sin embargo, tanto le suplicó a Villaseñor, que este lo incluyó en un retrato que le había hecho a mi madre. Años después, cuando regresamos a México, una de las tantas veces que se separaron, mi padre, arbitrariamente, se llevó el cuadro de Villaseñor a casa de su madre y ahí se quedó”.
Además, en las mismas Memorias, Helena Paz Garro también ofrece un dato para la identificación y ubicación del cuadro pues asegura que: “Años después, cuando regresamos a México, una de las tantas veces que se separaran, mi padre, arbitrariamente, se llevó el cuadro de Villaseñor a casa de su madre y ahí se quedó. Supongo que se habrá quemado cuando el incendio devastó su departamento, un poco antes de su muerte”.
En un texto de Guillermo Sheridan titulado “Inventario: las cartas de Octavio Paz a su hija Helena Paz”, también publicado en Zona Paz, recoge una serie de párrafos de la correspondencia entre Octavio paz y su hija Helena, y en la carta del 4 de junio de 1963, el Nobel de Literatura escribe que el cuadro lo tomó y se lo llevó, efectivamente, a casa de su madre: “He escrito a mi madre dándole instrucciones para que, si ustedes lo desean, les entregue todos los objetos, muebles, vajillas y cuadros que aún están en su poder. Recordarás que una gran parte fue entregada a la familia de tu mamá… Sin embargo, por razones de orden personal, deseo conservar el sillón de mi abuelo y la antigua mesa de juego. Asimismo, entre los cuadros, el de Moreno Villa y dos más pequeños de Soriano (no el retrato de tu mamá sino una tela de su periodo abstracto) y de Carrillo Gil”.
Por otra parte, Ángel Gilberto Adame dice en su artículo que el cuadro se exhibió por última vez en la exposición conmemorativa por el centenario de Moreno Villa, en Madrid, en 1987; sin embargo, al revisar en el catálogo el registro de piezas exhibidas en dicha exposición, no aparece el del retrato, a pesar de que Juan Pérez de Ayala, coordinador del catálogo, sí incluyó la imagen en blanco y negro para ilustrar la cronología del autor y pintor español. Por lo que la primera y última vez que se exhibió el retrato fue en 1940.
En otro artículo de Rafael Cabrera titulado “Un retrato de la escritora Elena Garro, pintado por Ramón Gaya, reaparece tras casi 50 años”, del 28 septiembre de 2024, publicado en El País, se señala que el paradero del retrato pintado por José Moreno Villa es un misterio. Cabrera cita también la referencia de las Memorias de Helena Paz Garro sobre el hecho de que su padre, Octavio, se quedó con el cuadro y señala dos hipótesis: una, que era muy poco probable que Paz conservara el retrato donde aparece con su exesposa; y la segunda, que el fuego pudo haberlo devorado tras el incendio del departamento de Octavio Paz en Paseo de la Reforma ocurrido en diciembre de 1996.
Pero hoy, gracias al trabajo que el DIF y el INBAL realizan para catalogar y digitalizar el archivo Octavio Paz-Marie José Tramini, sabemos que, efectivamente, el cuadro lo conservó y preservó Octavio Paz. El óleo se encuentra en el archivo entre las 663 obras artísticas enmarcadas y 999 no enmarcadas que el DIF Ciudad de México, el INBAL y el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) comenzarán a catalogar y digitalizar para su preservación.
El cuadro se puede ver a todo color en las imágenes que comparte el boletín del INBAL titulado “El INBAL, en coordinación con el DIF Ciudad de México, traslada el archivo de Octavio Paz al Cencropam para continuar su proceso de inventario, catalogación y digitalización”, del pasado 27 de febrero de 2026. Y es que antes de esta imagen solo se tenía el registro fotográfico de él en blanco y negro, el cual Juan Pérez de Ayala rescató, muy probablemente de la portada del catálogo de la exposición individual de Moreno Villa, organizada por la entonces Casa de España, en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor, en 1940, y que publicó en 1987 en el ya mencionado catálogo José Moreno Villa (1987-1955), editado por el Ministerio de Cultura español.
Es interesante que ahora gracias a la imagen a color se distingue la paleta usada por Moreno Villa, la cual es muy característica en él, de aquellos primeros años en México —llegó al país en mayo de 1937—, cuando buscaba asimilarse dentro de la pintura mexicana usando colores ocres, marrones, azules, verdes y amarillos de tonos apagados y terrosos que identificaba con esta nación.
Se distinguen de manera más definida las expresiones del matrimonio, que rayan en la meditación profunda en Octavio, y en la sorpresa e inquietud en Elena; pero sobre todo, resaltan elementos que nacen de la imaginación y de la creación poética de este artista español, cuando pinta la mano izquierda de Paz, de una manera abstracta, pues es una extremidad que aprieta fuertemente su antebrazo derecho, con una fuerza tal que contrasta con la pasividad del rostro y de los ojos meditabundos del escritor mexicano. ¿Una fuerza contenida que quizá Moreno Villa infiere como un análisis de la personalidad de Paz?
Es aún más sorprendente el trazo que hace de Elena Garro, como un torso sin brazos con los cuales apoyarse. La retrata de una sola estructura, como si fuera la Venus de Milo, estática en apariencia, pero con movimiento en el resto de sus elementos. Por ejemplo, sus ojos y cejas manifiestan sorpresa ante la escena que se convierte en una llamada de alerta que es acorde con los trazos del holán de su vestido y su collar, que parecen ser partes zoomorfas de criaturas acuáticas a punto de la fuga. Además, el movimiento en las cabelleras de ambos personajes son trazos que no alcanzaban a distinguirse del todo en la fotografía a blanco y negro. Estos elementos también recuerdan a los bodegones cubistas que el artista español pintaba hacia la década de 1920. Además, es difícil no imaginar que la composición de Moreno Villa recuerda al cuadro American Gothic (1930) de Grant Wood, guardando sus debidas proporciones y contextos, y que a su vez posee parentesco compositivo y de intención con los retratos flamencos del siglo XV.
Sin duda, es de gran valor que este retrato de José Moreno Villa no se haya perdido ni destruido en el incendio y que ahora sepamos en dónde se resguarda, pues es una pieza importante para la historia pictórica mexicana, para la historia del México de los 30 y 40 del siglo XX, y forma parte de la historia de la vida intelectual y artística de nuestro país tras el exilio republicano español.
AQ / MCB