La otra puerta del madrileño Museo del Prado se abre desde su computadora personal (o tableta o celular). Gracias a la web usted puede entrar a la pinacoteca para observar (sin prisa, sin ruido y con detenimiento) uno de los acervos de arte más importantes del mundo. El recorrido por la colección permanente, con la misma disposición física de cada sala y de cada piso, se realiza con una panorámica de 360 grados. Pero aquí la forma de mirar es más detallada. Con ayuda del zoom, en los cuadros podemos apreciar con exactitud pinceladas, transparencias, arrepentimientos y minucias que suelen pasar de largo cuando estamos en el museo rodeados de una ansiosa marabunta de turistas.
Acabo de pasar la tarde entera fijándome en los detalles de obras como Las meninas, de Diego Velázquez, La coronación de las espinas, de Van Dyck, El jardín de las delicias, de El Bosco, y Saturno devorando a su hijo, de Goya. No soy un experto, sólo un simple mirón, pero gracias a este ejercicio virtual he aprendido más de los procesos creativos de cada uno de esos cuadros que cuando he ido al museo (será porque, simplemente, ahí uno no se puede acercar tanto y la iluminación deja mucho que desear).
El procedimiento es sencillo: después de ingresar a la página web, un minimapa permite teletransportarse por las diferentes salas y unas flechas nos guían por las miniaturas de las panorámicas para elegir el siguiente salto. Y, claro, hoy uno puede estar en cada espacio o en cada obra cinco minutos y mañana dos horas o todas las que uno quiera. Pero si usted prefiere que alguien lo lleve de la mano (sin empujarlo), hay diez recorridos disponibles para disfrutar la colección: selecciones temáticas (con títulos como Obras maestras”, “Un paseo por el Olimpo” o “La mirada del artista”) que empiezan con una introducción grabada (es español o inglés) y luego invitan a entrar a cada obra.
Dicen que uno de los recorridos que ha tenido más éxito entre los internautas es el denominado “Música en el Prado”, en el que por medio de siete obras se explica el papel relevante de las piezas sonoras a lo largo de la historia, ya sea por la presencia de instrumentos musicales, o bien porque los protagonistas de esas pinturas están interpretando alguna melodía, a veces acompañada por el canto. Yo he dejado esto para otra ocasión porque pienso echarme un clavado a una sección que contiene todas las plantas que fueron plasmadas en El jardín de las delicias. También espero que más adelante pueda ver los videos de las conferencias de expertos divulgadores, auspiciadas por la Fundación Amigos del Museo del Prado, que se ocupan de la colección por temas como gastronomía, mitología, los Austrias, el Renacimiento…
La visita virtual y sus distintas experiencias están compuestas por casi cuatro millones de archivos, que incluyen más de 26 mil 600 fotografías en alta resolución, tomadas para conseguir las imágenes finales de pinturas, retablos, murales y esculturas, en sus diferentes tamaños. La obra más pequeña captada es La extracción de la piedra de la locura, del Bosco (48.5 por 34.5 centímetros) y la más grande, de 392.5 por 602.5 centímetros, es los Fusilamiento de Torrijos en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert.
Desde su creación, en 1819, el Museo del Prado ha sido fundamental en la historia del arte, sobre todo por su determinación en recuperar las obras de los primitivos españoles y de figuras emblemáticas como El Greco, o por el encumbramiento de Velázquez en la cúspide del Parnaso pictórico español. Además, sus salas han servido de inspiración a algunos de los pintores más vanguardistas de los últimos 150 años. Pero la digitalización del material expuesto se realizó entre noviembre de 2022 y marzo de 2023. Desde entonces el museo ha estado moviendo obras por montajes, préstamos o restauraciones, así que la visita virtual no siempre coincide al cien por ciento con la visita física.
El Prado real tiene una mayor escala, silencio y esa tensión leve de estar ante algo irrepetible. En la experiencia digital se pierde la corporeidad, pero se gana en repetición: se puede volver a una obra tres o más veces, comparar detalles, leer con calma, escuchar un audio sin sentir que uno estorba. Todo es gratis y no depende de horarios ni de boletos de avión para llegar.
Pero… las cosas como son: esta experiencia virtual no sustituye al museo físico, aunque sí cambia la forma de mirar.
AQ / MCB