El doctor en Filosofía y docente de la Universidad Iberoamericana Pablo Lazo Briones considera Así habló Zaratustra el libro más importante de Friedrich Nietzsche en términos de la concentración de alegorías, símbolos, imágenes y metáforas, y por ello decidió armar un diccionario sobre esos tropos. “En todos los libros de Nietzsche aparecen estas figuras, pero Así habló Zaratustra es sorprendente por la ebullición de estas figuras para hacer filosofía con un estilo literario sin el cual no se puede entender ese pensamiento”, sostiene el autor de Así habló Zaratustra. Diccionario. Símbolos, metáforas, imágenes (Gedisa, 2026).
Aclara a Laberinto que, aunque Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para ninguno, es el centro de su investigación, que después de cinco años arrojó un diccionario con 341 entradas, sus voces pasan por el conjunto de la obra de Nietzsche (1844-1900), desde El nacimiento de la tragedia hasta los textos publicados póstumamente. Y agrega que su diccionario es un instrumento de “autocrítica cultural”.
Para armar el libro, que se inicia con la palabra “Abismo” y termina con “Zaratustra”, el autor también de J. M. Coetzee. Los imaginarios de la resistencia (Akal, 2017) revisó toda la obra del filósofo alemán y entretejió las formas en que Nietzsche habla de sus símbolos principales a lo largo de sus libros.
Lazo Briones tendrá una primera presentación de Así habló Zaratustra. Diccionario en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, el jueves 20 de agosto, cinco días antes del 126 aniversario luctuoso de Nietzsche, y otra más el domingo 29 de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
¿Cómo se extiende este diccionario a otras obras de Nietzsche?
Voy entretejiendo las formas en que Nietzsche habla de sus símbolos principales en diversas obras. Tomo como centro de referencia el término tal como aparece en Así habló Zaratustra. Por ejemplo, la figura de “rebelión de los esclavos”, que aparece en un fragmento de Así habló Zaratustra, pero se repite y extiende en La genealogía de la moral, uno de los últimos libros. Voy entretejiendo los usos de esta figura literaria para criticar formas actuales de abuso de poder, de las formas de resentimiento en nuestras políticas y de los populismos radicales que sufrimos, sean de izquierda o de derecha. Retomo la figura “rebelión de los esclavos” para darle actualidad.
Hace unos meses vino la especialista en Nietzsche Vanessa Lemm a presentar su libro Homo natura. Nietzsche, antropología y biopolítica (Herder) y me hablaba de cómo enfoca a Nietzsche con respecto a la naturaleza. Además de “rebelión de los esclavos”, ¿qué otros conceptos considera vigentes en el momento que vivimos?
Es una de las fibras centrales de mi libro. Tuve la fortuna de invitar a México a Vanessa Lemm y de hacer muchas actividades con ella; soy su lector. Podemos decir que uno de los sentidos de vigencia de Nietzsche es el problema ecológico y de cómo renaturalizar al hombre, su gran propuesta en Más allá del bien y del mal, y que Vanessa Lemm retoma. Nietzsche dice, en contra de los inventores de transmundos y metafísicos y pensadores abstractos de la tradición: recuperemos el sentido de la Tierra. Esto implica recuperar la proximidad con la Tierra, un cuidado de los ecosistemas, la no explotación de la Tierra.
Pero hay otros sentidos de vigencia de su pensamiento que rescata mi Diccionario. Por ejemplo, el problema de la domesticación y de la alienación, incluso en términos marxistas, que ahora toma nuevas expresiones en el neoliberalismo, cuando los explotados se autoexplotan, cuando los domesticados y los enajenados se autodomestican. Es el problema que encierra la figura del camello, que aparece al inicio de Así habló Zaratustra, en un pasaje titulado “Las tres transformaciones del espíritu”: el camello tiene que ser asesinado por el león y el león tiene que ser rebasado por el niño, tres figuras simbólicas muy importantes. El pasaje alude a matar el nihilismo, a matar la domesticación, a matar esa forma de ser sin libertad, sin voluntad, que se deja autodomesticar.
Su Diccionario incluye una entrada sobre la mujer, en la que señala que la filosofía de Nietzsche es femenina.
Un problema más, muy vigente, es el feminismo, y aquí nos metemos en problemas porque, aparentemente, Nietzsche tiene un lenguaje misógino en algunas de sus obras, como en Más allá del bien y del mal y Así habló Zaratustra. Muchos lectores han dicho que no vale la pena leerlo porque habla de la mujer en términos degradantes, tradicionalistas, porque le asigna solo un lugar en la casa y dice que su único propósito es el embarazo. Muchos comentaristas y estudiosos de Nietzsche, yo entre ellos, dicen que este es un tratamiento de crítica a la mujer perteneciente a una cultura decadente, nihilista. Cuando Nietzsche lanza frases tan escandalosas, como la de una mujer que dice que cuando vayas con mujeres no olvides el látigo, a los oídos feministas de hoy suena a un escándalo. Hay que ver, sin embargo, qué es lo que Nietzsche hacía figuradamente: criticar cómo una mujer habla de otras mujeres, lo que quiere decir que critica la función machista de una mujer.
También asigna un buen espacio al concepto de guerra. ¿Por qué?
Esa es otra gran vigencia: el problema de la guerra, que hoy es tan escandaloso y preocupante en muchas partes del mundo. Nietzsche, por boca de Zaratustra, dice que la guerra tiene que prevalecer por encima de la paz. Uno no deja de escandalizarse por estas palabras, pero hay que leerlas estratégicamente. Nietzsche habla en términos filosóficos. En el flujo de la vida, las cosas se dan unas contra otras, y todo es voluntad de poder. Pero voluntad de poder no quiere decir dominio de un pueblo sobre otro, la mala interpretación que hizo el nazismo. Nietzsche habla de la guerra como el funcionamiento vital de todo lo que existe, que actúa por oposición.
En esas malas interpretaciones me parece que tuvo mucho que ver la hermana de Nietzsche, una supremacista que tergiversó sus textos.
Sí, exactamente, Elizabeth Nietzsche fue muy famosa entre los protonazis. Ya al final del siglo XIX, las posturas de racismo y superioridad de la raza eran muy famosas. Ella se casó con un supremacista con quien incluso puso en marcha el experimento de una colonia protonazi en Paraguay, que falló por completo. A la muerte de su esposo, Elizabeth regresó a Alemania y encontró a su hermano muy enfermo. Tomó sus manuscritos, que había dejado en cientos de notas, y los tergiversó, igual que los libros que habían aparecido, entre ellos Así habló Zaratustra. Hay una versión falsa de este libro, que se distribuyó para dar coraje a los soldados alemanes, destacando los pasajes sobre el ser poderoso y fuerte, una ideología de muerte y guerra.
Se coló así la versión de un Nietzsche criticado por un supuesto antisemitismo.
De esto la hermana tiene gran parte de culpa pues hizo falsas ediciones que su hermano nunca hubiera aprobado. Podemos decir con mucha justicia que Nietzsche era un anti antisemita. Odiaba a los antisemitas, y en muchos de sus textos, que también recojo en el Diccionario, defiende una cierta postura de los judíos. Nietzsche critica una cierta presencia de lo judío en el mundo. Lo hace en La genealogía de la moral, donde se refiere a lo que él llama una presencia psicológica de lo judío. Es decir: no los judíos de carne y hueso, sino una herencia cultural de resentimiento.
¿Cuál fue la metodología que usó para armar su Diccionario?
Empecé el Diccionario creyendo ingenuamente que en un año sacaría algunos términos y cerraría el trabajo. El problema es que en el caso de Nietzsche podemos hablar de una selva de símbolos: uno remite a otro, y este otro remite a otro. Uno se encuentra con una red de relaciones. Una de mis metodologías fue hermenéutica: aclarar, cercar el sentido de los símbolos, de las imágenes y metáforas. Pero, más que eso, fui entretejiendo las voces para aclarar que no hay una verdad absoluta en Nietzsche, sino múltiples voces y significados. Analizando y relacionando los términos, encontré una especie de constelación en donde las remisiones eran constantes. Lo que también hallé es que no podemos hablar de que cualquier interpretación es posible en esta selva de símbolos, porque en Nietzsche hay un juego de interpretaciones que a veces se cierra a ciertas márgenes.
¿Cómo ejemplificaría esto?
Por ejemplo, la resonancia de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento, que es constante en sus textos, pero para invertir su sentido y su valoración y lograr lo que muy famosamente se ha nombrado como la invención de valores o la transvaloración de los valores. La referencia es el contexto del cristianismo, pero también posturas de la poesía o la filosofía. Emerson, Voltaire, Montaigne, Shakespeare, Goethe son resonancias de sus símbolos, y a veces Nietzsche las utiliza para reforzar lo que quiere decir, y otras para negar lo que estos clásicos han dicho. La metodología del Diccionario terminó siendo un juego de interpretación, de constantes remisiones. Quise reflejar una filosofía que se hace mediante un estilo literario, que figuras como la metonimia, la metáfora, la sinécdoque, la hipérbole, la ironía, no son meras figuras retóricas o de embellecimiento, sino, para repetir un poco a Gilles Deleuze, personajes conceptuales, en los que se encarna el pensamiento y sin las cuales no podría existir.
¿Cómo cruzó el trabajo con los exégetas, estudiosos e incluso detractores de Nietzsche para construir cada una de las voces del Diccionario?
El Diccionario no es solo una aclaración de los símbolos, metáforas, imágenes en Nietzsche, cerrado a su propia interpretación, sino que se cruza con sus seguidores o epígonos. Alguna vez me dijeron que este Diccionario es muy francés. Diría que está entre una interpretación de filósofos franceses, como Michel Foucault, Gilles Deleuze o Michel Onfray, y filósofos alemanes, porque recoge a Peter Sloterdijk, Jürgen Habermas, Martin Heidegger.
¿Cuál es el juego de muchas de las entradas en el Diccionario? Que recoge los debates contemporáneos. Por ejemplo, acerca del poder en Foucault, de cómo el poder se expresa en la vida en Deleuze, y cómo a este debate sobre el poder respondería Heidegger diciendo que no hay nada de juego social o político en el término de voluntad de poder de Nietzsche, sino otra faceta de la metafísica, la última, dice Heidegger. Habermas dijo que Nietzsche es la plataforma giratoria de lo postmoderno y no hay nada relevante en él, no vale la pena ni siquiera leerlo en términos de lo que es vigente y relevante en cuanto al poder y la política. Estos son solo algunos ejemplos de cómo se va armando la estrategia de argumentos en el Diccionario.
Usted es también novelista, crítico literario incluso. ¿Cómo integró la visión filosófica de Así habló Zaratustra y del conjunto de la obra de Nietzsche más allá de la filosofía?
Muchos de los términos del Diccionario tienen resonancias hacia la cultura en general, hacia la producción artística. Y quiere encontrar cómo, en las obras de arte, representamos la tragedia, el término quizá más central en Nietzsche. En entradas como “Comediante”, o “Máscara”, retomo el asunto de las artes y veo que el arte, cuando es genuino en términos nietzscheanos, debe reflejar la tragedia de la vida, el desgarramiento, ir discurriendo en la temporalidad del mundo con todos sus flujos, sus variaciones y su azar. Esta dimensión estética está reflejada en el Diccionario porque quiere discutir para qué seguir haciendo arte. Como diría Theodor W. Adorno, para qué seguir haciendo poesía cuando tenemos guerras, hambruna, pobreza.
Su Diccionario tiene entrada para “Poetas”, pero no para “Política” ¿Por qué?
Es muy claro que Nietzsche critica un tipo de poesía. Dice que los poetas mienten demasiado. Es una frase que se repite en Así habló Zaratustra y habla de los poetas que siguen el discurso de la vieja metafísica que solo quiere glorificar la presencia absoluta, el ser, Dios, la eternidad. Nietzsche, por voz de Zaratustra, dice: los poetas mienten demasiado y habría que superarlos.
La voz “Política” está entretejida con muchas otras voces, como “Guerra”, “Tablas viejas y nuevas”, “Regalos”... ¿Por qué implican la política? Nietzsche habla de una transformación de la política a través de cómo se repiensan estas voces contra un dominio de lo que él llama esclavos. En cuanto al término “Regalos”, lo que hay que regalar es una forma de poder libre, que transforme el medio político. György Lukács tiene un texto muy famoso sobre Nietzsche en el que dice que no le dio ninguna relevancia a la política de su tiempo; de hecho, su pensamiento no tiene ninguna relevancia en la transformación social. Yo quiero recoger en el Diccionario que el tratamiento de la política se da a través de la crítica de los basamentos de la cultura.
¿Qué papel puede tener un diccionario de una obra cuando se dejó de leer como antes?
Siguiendo una idea muy de Nietzsche, cuando le dijo a su editor que Así habló Zaratustra era la más seria pero también la más jovial de sus creaciones. Y luego le pone como subtítulo: “Un libro para todos y para nadie”. Rescatemos los dos sentidos de estas frases para decir que Nietzsche sufre hoy un doble tratamiento: por un lado, es ignorado como se ignoran a muchos otros filósofos y poetas y novelistas; por otro lado, hay un fenómeno muy llamativo que es el de su popularidad. Si uno se mete a Facebook o Instagram, veremos memes y citas incompletas o falsas con el nombre de Nietzsche. Su firma sigue siendo muy relevante, muy popular.
Este Diccionario quiere renovar la fuerza de los símbolos de Nietzsche sin ignorar la popularidad falsa o la abierta ignorancia, sino jugando con ellas. Juega con las nuevas prácticas de lectura hueca o de lectura falsa de un gran autor y muestra cómo tuvo una fuerza vital. En el Diccionario digo que hay una nueva praxis, que los símbolos de Nietzsche son importantes porque no nos dejan impávidos, sino que nos obligan a transformar algunas cosas de nuestra vida. No aspiro a la lectura de nietzschólogos o muy academicista. El Diccionario es un instrumento de autocrítica cultural.
AQ / MCB