Cultura

Nueva York bajo la nieve

Crónica

Esta es la crónica de los días y las noches en que la Gran Manzana tomó la apariencia de una planicie polar.

En las últimas semanas, Nueva York ha experimentado uno de los inviernos más duros en años, especialmente a raíz de la tormenta de nieve ocurrida durante la última semana de enero, alcanzando una longitud de once hasta dieciocho pulgadas —equivalente a entre 28 y 45 centímetros—, y la más reciente, que superó los sesenta centímetros. Conforme pasaron los días bajaron las sensaciones térmicas: hasta -28℃. De acuerdo con The New York Post, se alcanzaron temperaturas más bajas que en Alaska.

Los neoyorquinos rumoran que el número seis trae consigo predicciones congelantes, pues hace una década, en enero de 2016, y hace veinte años, en enero de 2006, las caídas de nieve fueron apabullantes.

Pese a las recomendaciones del nuevo alcalde demócrata de Nueva York, Zohran Mamdani, salí, muy abrigada y con mi cámara en mano, durante la tormenta y las semanas subsecuentes para documentar la vida en las calles de Nueva York cubiertas de nieve.

Jueves 22 de enero de 2026

De acuerdo al pronóstico emitido por Weather Underground, la temperatura oscila entre los 9.5℃ y 3℃. Las autoridades han comenzado a movilizarse. Se alerta sobre la proximidad de una gran tormenta de nieve, una nevada temible. Se emiten anuncios por todos los medios de comunicación: resguardarse en casa, no salir de no ser necesario durante el fin de semana que se avecina. En las redes sociales circulan videos sobre qué hacer en caso de tener un corte de electricidad —algo que nunca pensé que fuera posible aquí, pues me doy cuenta de que es una posibilidad—, a qué líneas telefónicas llamar en caso de que esto suceda.

Viernes 23 de enero de 2026

Los días en invierno comienzan alrededor de las 7 am, cuando los primeros rayos de luz aparecen —no calientan, pero sí aparecen, cuando se corre con la suerte de no tener un día nublado, como lo es con frecuencia en invierno—. Alrededor de las 5 pm vuelve a oscurecer en cuestión de minutos. Para darnos una idea, las 5:30 pm podrían parecer las 9 pm en el centro de México, con la noche ya bien entrada.

Me encuentro en la parte baja de Manhattan, a un costado de Washington Square Park, en Greenwich Village, donde está mi oficina en un edificio de la Universidad de Nueva York. Es de día, alrededor de las 2 o 3 pm, el frío es relativamente soportable en comparación con otros días, con otros inviernos. Digamos que se puede permanecer afuera por el transcurso de unas cuantas cuadras o para fumar un cigarro.

Estamos a 3.3℃, permanezco en mi oficina durante varias horas y, al salir, me encuentro con que las alertas que venía escuchando desde el día anterior van en serio: la temperatura ha bajado a -8.7℃ en solo unas horas. No hay nieve aún. Es decir, ha caído nieve en días pasados, pero ha sido nieve que se disipa con las horas, nieve que cae una mañana y a la mañana siguiente ha desaparecido casi por completo. Con esfuerzos, puedo caminar hacia la esquina. Decido no dirigirme de Washington Square hacia Union Square, ruta que suelo seguir para dirigirme a la estación de metro y tomar la línea Q, que me lleva directo a mi departamento en Brooklyn. Esta vez opto por la ruta más corta: camino tres pequeñas cuadras rumbo a la calle Broadway para abordar ahí el primer metro que me deje en Union Square y, entonces sí, tomar la línea Q. Esas tres pequeñas cuadras me resultan insoportables porque no siento la cara debido a las bocanadas de aire helado.

Cabe mencionar que en Nueva York los vientos azotan con frecuencia; el viento es común a lo largo del año porque Nueva York es un pedazo de tierra rodeado por las aguas del Océano Atlántico y del río Hudson. En estas circunstancias térmicas, los vientos no son lo más deseable en comparación con los calurosos veranos cuando resultan una bendición.

Sábado 24 de enero de 2026

Los neoyorquinos se han vuelto un poco desquiciados, pareciera que compran víveres para el apocalipsis. Compran por decenas, se amontonan en las cajas de los supermercados. Compran principalmente comida enlatada, para ellos y para sus gatos o perros, porque en Nueva York hay más gente con perros que con hijos.

La temperatura oscila entre los -6 y los -12 ℃. Estamos en un estado térmico de congelación, aunque aún no cae la inesperada tormenta de nieve. A eso de las 6-7 pm, muchos de los negocios en Brooklyn ya han cerrado.

De regreso hacia mi casa, me quito el guante de la mano derecha para tener los dedos libres en la cámara. Me percato de que el guante derecho que tenía sujetado en la mano enguantada se ha medio congelado por carecer de una fuente de calor. Está completamente tieso. Recuerdo las recomendaciones difundidas en distintos medios para permanecer cálidos y seguros dentro de las casas: recubrir las orillas de las ventanas con toallas enrolladas; de ser necesario, colocar otra capa de tela que sirva para guardar el calor de las habitaciones.

Domingo 25 de enero de 2026

Mi departamento está en un primer piso. Desde la mañana puedo notar, a través de las cortinas, la luz blanca de la nieve reflejándose en mis ventanas. La tormenta ha comenzado. Está nublado, pero hay más luz que nunca, esa es la sensación que da la superficie blanca. Se escuchan pequeñas piedras estampándose contra las ventanas. Afuera pueden verse las ondas de viento tomando forma, una forma giratoria que puede verse en los copos que caen. Es el momento en el que me abrigo y tomo mi cámara.

Al salir a la calle me doy cuenta de que no es una nieve común, no es tan gruesa como la que he visto en otras ocasiones, pero la cantidad de copos que caen sí que es mayor que la que he experimentado en inviernos pasados en Nueva York y en otras regiones al sur de Estados Unidos.

Para empezar, nunca había visto tanta nieve como en esta ocasión: ha cubierto por completo los escalones de mi apartamento. Los coches tienen una capa gruesísima encima de sus techos, están cubiertos hasta la mitad de sus puertas. Llevo puestas unas botas largas y una chamarra que repele el agua, un gorro y una bufanda que acomodo de tal manera que solo deja asomar mis ojos.

Camino por los alrededores, las calles están casi vacías, pero, aun así, como sucede siempre en esta ciudad, hay gente caminando. Me percato del valor tan grande que cierto tipo de hombres les atribuye a sus automóviles. Veo a algunos viandantes con palas, removiendo inútilmente la nieve que, burlonamente, se vuelve a entrometer en el espacio recién liberado. Deben haber sido muy valientes aquellos hombres que salieron en medio de la tormenta. Es como tratar de secar un automóvil en medio de un aguacero.

Camino hacia Flatbush Avenue, que cruza Brooklyn de principio a fin. Sorprendentemente, hay negocios abiertos, restaurantes de comida rápida y delis.

Me encuentro con uno que otro entusiasta animado por ver la nieve, como yo; uno que otro niño jugando bajo la vigilancia de su padre, porque Mamdani ha decretado inhábil el siguiente día, lunes. Veo a un joven de apariencia árabe saliendo de su edificio con doble dificultad, la climática y la etílica. Lleva una botellita de ron en mano y camina decididamente sobre la avenida principal.

Padre e hijo juegan en la nieve.
Padre e hijo juegan en la nieve. (Foto: Évolet Aceves)

Una mujer en sus sesenta lleva una sombrilla tratando de cubrirse de la nieve. Los autobuses, pese al clima, continúan pasando, también las pequeñas vans, cubiertas de nieve y con formas curiosas, pareciera que llevan dos pequeños ojos en el parabrisas, a través de los cuales los conductores manejan o tratan de hacerlo.

La nieve continúa cayendo por el resto del día. Hoy la temperatura oscila entre los -4 y los -11℃.

De acuerdo al National Snow and Data Center, la nieve es la cristalización del hielo formada en las nubes cuando la temperatura atmosférica cae a bajo cero, con la presencia de humedad suficiente como para que el vapor de agua se cristalice. A mayor vapor de agua condensado y congelado en cristal, más formación de copos de nieve cae.

A diferencia del granizo, los copos de nieve se forman en atmósferas en que la temperatura es mucho más baja. El granizo es lluvia congelada o bolas de hielo que caen en bloques gruesos, pesados y a una velocidad rápida. Se forma en nubes más próximas a la superficie terrestre y en climas cálidos, mientras que los copos de nieve son cristales de hielo que se forman desde una mayor altitud.

Si lo ponemos en tiempo de vida desde su formación hasta su llegada al suelo, los copos de nieve viajan desde las nubes hasta el suelo por alrededor de una hora. El granizo vive unos cuantos segundos, minutos cuando mucho, por formarse desde una altura más baja y tener un peso mucho mayor que los copos.

Cada copo de nieve es distinto, de acuerdo con el Smithsonian Science Education Center. Pese a que todos son formados bajo circunstancias similares y aunque son iguales en apariencia y a un nivel atómico —hidrógeno y oxígeno—, sus sofisticados diseños son distintos si se observan mediante un microscopio.

Miércoles 28 de enero de 2026

Los autos pasan a una velocidad moderada, aunque las llantas derrapan.

Conforme pasan las horas, la antes nieve completamente blanca que irradiaba en la superficie de la ciudad se ha ido ensuciando con los pasos de los neoyorquinos que necesitan dirigirse hacia algún sitio. Es momento de ir a Prospect Park, el parque más grande de Brooklyn, construido por el arquitecto que diseñó Central Park, Frederick Law Olmsted —quien también fue periodista—, mejor conocido como el padre de la arquitectura paisajista americana, y por el también arquitecto y diseñador paisajista Calvert Vaux, con quien mantuvo una relación sentimental y quien también trabajó en la creación de ambos parques.

Este día me dirijo a la zona de las colinas, repleta de niños y jóvenes que se deslizan por las colinas en sofisticados o improvisados trineos. Los niños más adinerados se montan en trineos relucientemente nuevos, empujados por sus adinerados padres. Otros niños buscan trineos abandonados. Hay también trineos rotos a la mitad, pero servibles, y otros que horas antes fueron una caja de cartón.

Para tomar el autobús hacia mi casa me dirijo hacia Grand Army Plaza, un extremo de Prospect Park, en donde la nieve invade por completo las banquetas. Las calles han sido aplanadas por el peso de los automóviles, pero los transeúntes que vamos a tomar el autobús estamos prácticamente a mitad de la calle. La temperatura oscila entre -2.2 y -7.7℃.

Sábado 31 de enero de 2026

En Prospect Park, los atletas de piel blanca presumen que pueden correr, aunque la temperatura sea de -5℃. Los bebés también están equipados para estas temperaturas. Veo la chamarra de una madre que tiene un breve compartimento en el frente —me recuerda a los canguros—, el cual es ocupado por su bebé de unos cuantos meses. Hay bebés dentro de sus carriolas envueltos en telas térmicas, una joven leyendo frente al lago, perros con botitas para la nieve y perros también en carriolas. Muñecos de nieve por todos lados. En las calles, las bancas que un día fueron para los paseantes ahora son para la nieve.

Martes 3 de febrero de 2026

Desde días anteriores a la nevada se han distribuido camiones que con enormes palas metálicas remueven la nieve de las calles. Hay otro modelo, pero a menor escala, para remover la nieve de las banquetas.

La gente sale cada vez más con sus perros. Las bancas están congeladas; parecieran largas estalactitas de hielo colgante. Inevitable no pensar en Narnia con Tilda Swinton como La Bruja Blanca.

Banca congelada en Nueva York
Banca congelada en Nueva York. (Foto: Évolet Aceves)

En Manhattan, afuera de los edificios de la Universidad de Nueva York, los estudiantes protestan e invitan a reuniones en contra de Trump. Los hay de apariencia latina y afroamericana, principalmente, pero también blancos, repartiendo folletines. “Students Say Fight Trump!”, dice uno de ellos. Estamos a entre -4.4℃ y -9-4℃, pero los estudiantes encuentran la manera de organizarse con reemplazos.

Los techos de los edificios están cubiertos de nieve, como también aquellas zonas de la vía pública por la que la gente no pasa. Muchos sitios en la vía pública permanecen acordonados.

Martes 10 de febrero de 2026

Las temperaturas continúan siendo bajas, estamos a -11℃ y con sensaciones térmicas por debajo de los -20℃. La nieve que los primeros días era suave se ha convertido en bloques de hielo, piedras congeladas que parecen no derretirse.

Las calles están casi por completo despejadas de nieve, pero solo para los automóviles. Creo que este escenario también es un boceto de las prioridades: los automóviles importan más que los peatones. Las banquetas tienen caminos marcados por los pasos de los viandantes, angostos caminos de unos pocos centímetros de ancho, amurallados por gruesas capas de nieve. Se tiene que caminar con un pie literalmente enfrente del otro, no hay espacio para más de uno. Hay riñas constantes, o porque alguien camina muy lento, o porque se empujan.

En Brooklyn y Manhattan el suelo se ha vuelto una especie de arena lodosa. Las orillas de las banquetas yacen sepultadas por pequeños icebergs citadinos.

Las mujeres, sin decirlo, compiten para ver quién lleva puesto el mejor abrigo de piel, el más ostentoso. No importa el frío, importa más parecer una estrella de cine o de la industria musical.

Domingo 15 de febrero de 2026

Central Park. Entre -1 y 5.5℃. La temperatura ha mejorado notablemente en los últimos días. Las mujeres han comenzado a salir con zapatos de tacón, continúa el desfile diario de abrigos y gorros de piel, la mejor época del año para verlos en Nueva York.

Las temperaturas han dejado un saldo de 26 muertes a lo largo del estado, según la NBC, un número que pudiera aumentar pues el frío parece no irse por el resto del mes.

Las actividades se reanudaron el martes 27 de enero, el ritmo laboral de la ciudad ha vuelto, aparentemente, a la normalidad, aunque las calles continúan estando invadidas por la nieve congelada en bloques de hielo.

Lunes 23 de febrero de 2026

Otra tormenta de nieve azota a Nueva York. Caen alrededor de setenta centímetros de nieve. Mamdani ha convocado a los estadunidenses (presentando dos identificaciones) para remover la nieve de las aceras, pagando hasta 35 dólares por hora. Por fortuna, los siguientes días la temperatura no es tan baja como en las semanas anteriores, así que muy pronto el hielo se derrite.

AQ / MCB

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Évolet Aceves
  • Évolet Aceves
  • Escritora, cronista, psicóloga, periodista cultural y fotógrafa. Estudió en México y Polonia. Autora de Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022). Columnista en Pie de Página.
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