Cultura

La grandeza silenciosa de Alphonse Mucha

Café Madrid

La exposición ‘Alphonse Mucha. La magia de la línea’, en el Museo Kaluz, reúne obras que muestran la evolución del artista checo.

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Cuando fui consciente de que “la vida iba en serio” (Gil de Biedma dixit), es decir, cuando ya no iba a estudiar más y, por lo tanto, ya no iba a vivir de las becas y tenía que ingeniármelas para salir adelante ejerciendo mi precaria profesión, lo primero que hice fue buscar un sitio al que pudiera llamar “hogar”. España estaba en plena recesión económica y los precios de los alquileres se habían contraído, así que tuve la “suerte” de encontrar un pequeño apartamento cerca del madrileño Parque del Retiro.

El anuncio tenía buenas fotos, pero siempre ha sido mejor ir a visitar el lugar. La señora que sería mi casera abrió la puerta, me invitó a pasar y lo primero que vi fueron dos enormes cuadros que parecían anuncios salidos de una revista de los “maravillosos años veinte” del siglo pasado. Como formaban parte de la casa, los dejé ahí sin darles ninguna importancia (no me parecían artísticamente maravillosos, pero tampoco una birria) hasta que un día ocioso los vi con detenimiento, les tomé una foto y, con ayuda de Google Lens, di con más estampas similares y, por supuesto, con su autor.

Su nombre era Alphonse Mucha, un pintor de estilo art nouveau famoso por realizar varias ilustraciones de mujeres jóvenes, hermosas y saludables, flotando en atuendos neoclásicos, casi siempre rodeadas de flores exuberantes. Comenzó a desarrollar su carrera en Francia y no tardó en ser conocido por las litografías que creó para darle una particular identidad gráfica a la obra de teatro francesa Gismonda. Sus carteles fueron distribuidos por buena parte de los muros de París y la sensación entre los viandantes fue inmediata (muchos los arrancaban con cuidado para luego enmarcarlos). Era el último tramo del siglo XIX, la capital francesa era el faro cultural del mundo entero y, debido al éxito de sus ilustraciones, a Mucha también le pidieron diseñar escenografías y vestuarios para varias obras de teatro.

Después de la Primera Guerra Mundial, su natal Checoslovaquia se independizó del Imperio austrohúngaro y él fue el encargado de diseñar los sellos postales, billetes y otros documentos de la nueva nación. Igual que en México, el nacionalismo checo recurrió a sus grandes pintores para plasmar su historia en cuadros y murales. Durante varios años, Alphonse Mucha trabajó en una serie de pinturas que describen la historia de los pueblos eslavos que Praga enseñó completa al mundo a partir de 1928.

Su lenguaje visual resurgió tres décadas después, con la sicodelia de la década de 1960, y años más tarde su influencia se dejó notar en los cómics estadunidenses y en el dinamismo expresivo del manga japonés. Su aporte y distinción a las artes plásticas se encuentra, por ejemplo, en sus trazos atrevidos y sinuosos que crean cabello suelto, bordes ornamentados o halos radiantes. Todo esto se puede observar ahora, por primera vez en México, dentro del capitalino Museo Kaluz, en la exposición Alphonse Mucha. La magia de la línea.

Se trata de un recorrido por las influencias que dieron forma a su lenguaje visual, el surgimiento del llamado “estilo Mucha” y la manera en que su obra trascendió su época para dejar una huella que continúa presente en la cultura visual contemporánea. El recorrido se complementa con La magia del Art Nouveau en donde, a lo largo de treinta minutos, tres videos y once proyecciones monumentales transforman los muros y el suelo del museo para repasar la vida y obra de Mucha, acompañados por una banda sonora original.

Me entretuve mucho en prácticamente cada una de las piezas exhibidas: carteles, ilustraciones, dibujos y objetos que en su momento fusionaron lo moderno con lo mítico. Me topé, cómo no, con las dos primeras imágenes que hicieron de mi casa un lugar más colorido. En realidad, ahora me he dado cuenta, los colores pastel que utilizaba combinaban con la quietud de las figuras de tamaño casi natural que introducían dignidad y sobriedad en lo que hasta principios del siglo XX solo era “arte callejero decorativo” y luego “ilustraciones publicitarias populares”, cuya reproducción colgaba de una de las paredes de mi apartamento madrileño y que tardé mucho en saber apreciar.

AQ / MCB

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Víctor Núñez Jaime
  • Víctor Núñez Jaime
  • Es reportero y escritor. Sus trabajos, en todos los géneros periodísticos, se publican en los principales medios del mundo hispano. Es autor de libros como Los que llegan. Crónicas sobre la migración global (Debate) y ha sido galardonado, entre otros premios, con el Internacional de Periodismo “Mario Vargas Llosa”, el Premio a la “Excelencia Periodística” de la Sociedad Interamericana de Prensa o el “Rey de España” que otorga la Agencia EFE. Escribe en Laberinto desde hace dos décadas.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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