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  • Frida Kahlo: el símbolo, el ícono, en la Tate Modern

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Frida Kahlo, ‘Autorretrato con collar de espinas y colibrí’ (detalle). (Nickolas Muray Collection of Mexican Art)

Una muestra de la icónica pintora se exhibe en la Tate Modern. El curador Tobías Ostrander habla de los múltiples significados de esta revaloración.

Más que un rostro del arte mexicano, Frida Kahlo se ha convertido en un país: un territorio simbólico donde convergen el arte, la identidad, el dolor, la moda y la cultura popular. Como Carlos Monsiváis escribió en 2007, Kahlo es “icono, leyenda, mito y poderosa realidad artística”. Bajo la idea de explorar la creación de la leyenda, la exposición más grande de este verano en Londres —y la primera muestra dedicada a la artista mexicana en más de veinte años—, Frida: The Making of an Icon (Frida: la construcción de un ícono), se inauguró en la Tate Modern este 25 de junio.​

La retrospectiva buscó responder a la pregunta ¿cómo pasó Frida Kahlo de ser una artista relativamente conocida en México a convertirse en uno de los iconos culturales más reconocibles del mundo?” Reúne más de treinta obras originales de Frida Kahlo, más de ciento veinte obras de artistas de cinco generaciones influidos por ella, fotografías, cartas, joyería, vestidos y textiles, objetos personales y material de archivo. Se incluyen piezas sobre Frida de más de sesenta artistas como Lola Álvarez Bravo, Graciela Iturbide, Ana Mendieta, Nahúm B. Zenil, entre otros. La muestra ha batido ya un récord de ventas anticipadas, con 41 mil entradas vendidas, lo que la coloca al mismo nivel que otras exposiciones de grandes figuras del arte como Picasso, Van Gogh y Warhol.

Kahlo no solo se vive en la Tate Modern Gallery. También tomó las calles del céntrico barrio de Soho, en donde se exhibe ¡Frida icónica!, un mural al aire libre que se acompaña por el tradicional papel picado mexicano. A su vez, en las pantallas de Piccadilly Circus, el rostro de nuestra artista compite con las actrices y cantantes británicas del momento.

“Pienso que hay gente que no solo quiere ver una imagen de Frida, sino que quiere ser Frida. ¿Qué significa este deseo? De alguna manera, Frida es un símbolo de resistencia y fortaleza, pero también es un símbolo de identidad”, dice a Laberinto el curador de la exhibición, Tobías Ostrander.

Uno de los argumentos curatoriales es que Frida no solo se convirtió en un icono después de morir: ella misma comenzó a construir conscientemente ese icono durante su vida, usando vestimenta, fotografía, peinado, joyería y autorretratos como parte de una estrategia artística integral.

La muestra de la Tate, que finalizará el 3 de enero de 2027, quiere también demostrar que Frida fue quizás una de las primeras artistas modernas que entendió cómo construir una identidad pública poderosa, convirtiéndose en una referencia para los debates actuales.

La exposición comienza explorando la manera en que la artista construyó y proyectó su identidad tanto en su pintura como en su estilo personal. Mediante una rica presentación en múltiples formatos, los visitantes descubren cómo articuló visualmente sus múltiples “yos”: desde el ámbito personal hasta el político, y desde lo físico hasta lo espiritual.

La exposición culmina explorando la transformación de Frida Kahlo en una marca global que trasciende ampliamente su producción artística e incorpora su imagen, su estilo y su personalidad. A través de más de doscientos objetos producidos por la industria del consumo masivo, la sala titulada “Fridamanía” examina el crecimiento de su legado comercial.

El curador independiente Tobías Ostrander habla en esta charla sobre su labor con el legado de la artista mexicana. Ha sido curador en jefe y subdirector de asuntos curatoriales en el Pérez Art Museum Miami, director del Museo Experimental El Eco, y curador de arte contemporáneo en el Museo Tamayo. Fue asistente curatorial de la XXIV Bienal de São Paulo 1997–98 y miembro fundador del proyecto interinstitucional Museum as Hub, iniciado por el New Museum en Nueva York.

¿Qué significó para ti ser el curador de esta exposición?

Soy el curador de esta muestra junto con Mari Carmen Ramírez-García del Museo de Fine Arts de Houston. Esta exposición es muy distinta. Ha habido exposiciones sobre la obra y vida de Frida, y esta es la primera que trata de presentar, o investigar, desde una perspectiva histórica el fenómeno Frida que estamos viviendo. Tate Modern exhibió en 2005 los cuadros de Frida bajo la idea de una exhibición clásica. La que hoy vemos es sobre cómo llegamos desde la muerte de Frida hasta la Fridamanía, al fenómeno social.

La exhibición comienza mostrando a Frida en su propio contexto, la historia de su vida, su relación con otros artistas de la época —como los surrealistas—, hasta la década de 1960, cuando los chicanos retomaron su imagen y comenzaron a promoverla como un poderoso símbolo del orgullo cultural y la resistencia política, un símbolo de la mexicanidad, de la lucha por los derechos de los trabajadores en Los Ángeles, y de las feministas; un símbolo del orgullo cultural y la resistencia política.

En México, es muy común hablar del mestizaje, pero no siempre fue así. En los tiempos de Frida, hablar de las identidades cruzadas era muy radical. Hoy en día estamos más acostumbrados a hablar bajo esos términos, es decir, de una identidad mezclada entre muchas facetas: sexuales, físicas y emocionales.

¿Cómo te has relacionado con la obra de Frida Kahlo?

Soy de Estados Unidos, pero llevo más de dos décadas viviendo en México. He vivido la moda y la no moda de México, así como su contexto local. He estado interesado en la obra de Frida como figura con una identidad híbrida. Creo que cambió la historia del autorretrato en el arte. Es interesante ver que hoy existe más interés que antes por Frida, y que se celebra con una mirada más compleja. Por un lado, está la comercialización, pero también hay un gran interés por su complejidad. Es decir, la gente no solo se interesa en la historia de Frida, sino en la iconografía que utilizaba y en entender que formaba parte de una comunidad creativa que incluía a muchas mujeres.

¿Por qué es importante presentar esta interpretación de Frida en este momento?

Existe una identificación con su manera de representar su herencia. Frida es un símbolo de resistencia, un símbolo de fortaleza, pero también un símbolo del poder de la identidad. En México es muy común la idea de lo mestizo, pero en los tiempos de Frida esa idea de las identidades cruzadas era radical.

¿Qué aspecto consideras que es el menos entendido de todas sus facetas?

Estamos conscientes del valor de su papel en términos económicos y culturales. Muchos de los autorretratos fueron encargos; alguien pagaba por ellos. Eso es interesante porque era comunista, pero estaba consciente del valor económico, social y político de su imagen. No “político” directamente, pero sí del exchange value, del valor de sus cuadros y de su propia vida, del valor de su imagen. Frida reconoció esto en vida. Lo que vemos ahora es ese reconocimiento multiplicado por mil, pero solo para decir que no era inocente respecto al valor de su imagen o la creación de un icono.

¿Consideras que Frida tenía la visión sobre cómo podría verse como artista años después de su muerte?

Luchaba contra la idea de ser vista como la esposa de Diego Rivera. De una manera consciente o no, como su uso de la tehuana, los símbolos que utilizó fueron un acto político, pero también para darse visibilidad como un personaje muy fuerte en el extranjero. Está en su arte. Frida estaba muy consciente del valor y del poder de su propia imagen como persona o personaje en su obra.

Todo esto ocurrió en un periodo de transformación política y social muy profunda. ¿Cómo crees que su visión trasciende en la situación contemporánea?

Ella nació en 1907, pero decía que había nacido en 1910, por su identificación con la Revolución mexicana. Formaba parte de la generación revolucionaria, que se sentía orgullosa de la identidad mexicana. Creo que en este momento hay una recuperación del nacionalismo en muchas partes del mundo. Ella era nacionalista en términos culturales, políticamente comunista y con una visión internacional. Trató de poner a México dentro de una discusión social y política global. Hoy vemos muchos regresos al nacionalismo, pero ella fue nacionalista e internacional al mismo tiempo.

Es interesante que una de las fotos tomadas apenas ocho días antes de su muerte fue en una protesta contra la invasión de Estados Unidos a Guatemala. Podemos ver muchos paralelos con problemáticas actuales. Seguramente, Frida estaría luchando por muchas de las causas de hoy. Al final de su vida, luchó contra la amenaza nuclear. Ahora vivimos un nuevo rearme, así que quizás es un buen momento para reflexionar sobre la necesidad de buscar la paz.

El Autorretrato con collar de espinas es la imagen principal de la exposición. ¿Por qué?

Usamos esta obra para promover la exposición porque tiene una estructura de icono, casi como un Cristo o como Eva. Muchos de los autorretratos de Frida te miran de lado, pero este te mira de frente, como un icono religioso. Fue pintado en un momento complejo: estaba divorciándose y regresando con Diego. Tiene una corona de espinas con sangre. Hay un mono que parece estar haciéndole daño. Ese mono fue un regalo de Diego Rivera, por lo que podría interpretarse como un símbolo de Diego y del sufrimiento asociado a esa relación. También aparece un colibrí, que en el folclore funciona como un talismán para recuperar a un amante perdido. En términos compositivos, las alas del colibrí dialogan visualmente con otros elementos del cuadro.

Hay mucha simbología cristiana, popular y surrealista, flores, insectos, mariposas, múltiples capas de significado. Fue realizado en una época en que estaba separada de Diego Rivera y decía: nunca voy a tomar dinero de un hombre más en mi vida. Intentaba vivir de su obra. Originalmente, la pintura fue destinada a una persona cercana, pero tuvo que venderla para sobrevivir. Le escribió explicando que había sido necesario vender la obra para pagar los gastos de su divorcio. Por eso reúne capas de sufrimiento, supervivencia, independencia y fuerza.

Hay una identificación especial con los artistas del surrealismo, en especial con las mujeres.

Hay muchas mujeres similares que intentan hablar desde sus propias experiencias. Rosa Rolanda nació en Estados Unidos y fue esposa de Miguel Covarrubias. Ambos eran muy amigos de Diego y Frida. Rosa fue coreógrafa, y en las obras de Frida aparecen referencias a la danza, a esqueletos, banderas y otros elementos donde se mezclan México, lo contemporáneo y el pasado. Formó parte del círculo surrealista. Hay una fotografía muy bonita de Rosa Rolanda arreglándole el cabello a Frida, que habla de la relación entre mujeres artistas de la época, una zona de la historia poco conocida. También está el caso de Jacqueline Lamba, esposa de André Breton, quien llegó a México y promovió a Frida como surrealista. Frida nunca estuvo cómoda con esa etiqueta, pero Jacqueline trabajó junto a ella. Fueron amigas y existía mucho diálogo entre ellas.

Hoy se está recuperando la figura de las surrealistas, pero muchas veces sin reconocer qué tan cerca estuvieron de Frida. Tratamos de recuperar esas conexiones. Jacqueline Lamba, casada con Wolfgang Paalen, es una de las figuras que hoy son estudiadas. Finalmente, hay un cuadro muy interesante de Frida en silla de ruedas. La idea de Frida como un icono de la discapacidad es relativamente reciente. Hoy se la reconoce como una persona que vivió con enormes dificultades físicas, pero que enfrentó la vida con fortaleza y una búsqueda constante de la felicidad. Ese es uno de los legados más poderosos y celebrados de Frida en la actualidad.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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