Cultura

Elizabeth Barrett Browning: la intimidad del diálogo

Poesía en segundos

‘Sonetos de la portuguesa’ es el resultado artístico de la relación entre Elizabeth Barrett y Robert Browning, donde la experiencia íntima se transforma en un diálogo entre el amante, la muerte y Dios.

Los Sonetos de la portuguesa pertenecen a esa clase de libros que surgen de manera natural como inopinada pieza única. Los 44 poemas fueron escritos entre 1844 y 1845, durante el desarrollo de la pasión amorosa entre Elizabeth Barrett y Robert Browning. No surgieron como cartas, mensajes o alguna clase de intercambio entre poetas. Los textos solo eran lo que ella se decía a sí misma. Fueron la reacción natural a una experiencia intensa que desembocó en acciones contundentes. La ya no joven Elizabeth, de 38 años, con un talento creativo sofisticado, que había pasado una buena parte de su existencia recluida en un cuarto como inválida, usando láudano para mitigar sus dolencias, decidió aceptar la intempestiva propuesta de matrimonio, fuga y expatriación del apasionado Robert Browning. Los sonetos representan la crónica íntima, narrada en un lenguaje de sencillez prodigiosa, en expresiones inmediatas y coloquiales; y, al mismo tiempo, son el descubrimiento de una elevada fantasía metafísica en la que no dejan de estar presentes, de manera ocasional, los arquetipos, los ángeles y Dios. G. K. Chesterton describió de este modo su poesía: “Se caracterizaba por una audacia y una suntuosidad isabelinas, y su gusto por las violentas metáforas”. La singularidad del amor de esta pareja que, sin duda alguna, transformó de modo profundo la literatura, fue perpetuada en la novela corta Flush, de Virginia Woolf. La vanguardista escritora del círculo de Bloomsbury retrata, con humor y perspicacia, la insólita historia de la pareja, que sorprendió a sus contemporáneos y aún nos sorprende a nosotros. Woolf, usando como punto de apoyo o máscara narrativa a la mascota de Barret, Flush, se introduce en la personalidad de los poetas y nos muestra, por lo menos parcialmente, el encuentro sorprendente de dos personalidades poderosas y el imaginario literario en que vivían.

​En muchos de los poemas de Barret Browning, pero sobre todo en los sorpresivos Sonetos de la portuguesa, podemos observar la unidad romántica entre lo ideal y lo real, entre lo subjetivo y lo objetivo, donde las cosas son espíritu visible y las percepciones naturaleza invisible. De aquí que todo aparezca, hasta lo diminuto, en forma tan extraordinaria. Sin embargo, también podemos adivinar un desplazamiento en la voz interior. Quien habla en el poema no es uno sino muchos. En los sonetos, la voz de Elizabeth todo el tiempo se está matizando en un diálogo con el amante, la muerte o Dios. El mundo real exterior no ha desaparecido, pero sí ha cobrado nuevos pliegues (sutiles o bruscos, con palabras o silencios) creando una conversación profunda. El otro es una voz, pero es también quien está junto a nosotros en nuestro yo recóndito. Es la creación del universo de la intimidad: “Yo soy tuya./ Mas, ¿me amas tanto? ¿Puedo darte vino/ sin miedo? Mi alma, entonces, no tendrá/ sueños de muerte, sino vida en lucha./ ¡Así, amor, ámame, mírame, tócame!”. Ahora que la intimidad es una prenda exterior, lista para vender en cualquier bazar, quizá vale la pena releer a la cada vez más notable Elizabeth Barrett Browning, ícono femenino, pero sobre todo astro de la poesía.

AQ / MCB

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Víctor Manuel Mendiola
  • Víctor Manuel Mendiola
  • Víctor Manuel Mendiola, poeta, ensayista y editor, dirige desde hace cuarenta años Ediciones El Tucán de Virginia. Ha publicado Tan oro y ogro (poesía) y El surrealismo de Piedra de sol (ensayo).
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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